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viernes, 3 de julio de 2026

EL SUICIDIO Y EL NACIMIENTO DE LA SOCIOLOGÍA COMO CIENCIA: APUNTES SOBRE UN PRÓLOGO

 


El suicidio, edición Miño y Dávila


“Desde hace algún tiempo
la sociología está de moda.”
Durkheim



En el comienzo, una obviedad: la sociología tiene una deuda enorme con Émile Durkheim (1858-1917). En dos de sus obras, Reglas del método sociológico (1895) y El suicidio (1897), construyó las bases de la sociología como ciencia moderna. En la primera de ellas dotó a la disciplina de un objeto de estudio y de un método; en la segunda, puso en práctica ese método aplicándolo a un problema que, en apariencia, era irreductible a un tratamiento sociológico. [1]

En este blog publicamos varias entradas referidas a RMS. En cambio, concedimos muy poca atención a ES; por eso, en estos apuntes intentaremos subsanar en parte esa carencia. Si tomamos los dos primeros libros de Durkheim, La división del trabajo social (1893) y RMS, y dejamos de lado los artículos publicados por el sociólogo francés en la primera mitad de la década de 1890 (que merecen un tratamiento por separado), el proyecto durkheimiano presentaba un vacío notable: no existía una investigación sistemática que pusiera en práctica los postulados metodológicos de RMS y las hipótesis sobre la sociedad capitalista enunciadas en DTS. La ausencia era devastadora para la sociología durkheimiana: se trataba de una “ciencia” que amontonaba reglas de método e hipótesis acerca de la sociedad, sin ninguna aplicación empírica. En otras palabras, la sociología de Durkheim se terminaba asemejando a lo que ella criticaba: una sociología “ideológica”, consistente en un conjunto de afirmaciones sin sustento empírico. 

ES vino a remediar la ausencia de trabajos empíricos de largo alcance, y lo hizo de manera magistral. ES es una obra compleja, en la que se entrelazan tres grandes preocupaciones/objetivos: a) mostrar la existencia de la sociedad como un sustrato independiente de los individuos que la componen; b) mostrar cómo la sociedad moldea el hacer, el pensar y el sentir de los individuos; c) mostrar como la acción de la sociedad sobre los individuos puede ser captada por medio de herramientas estadísticas. En este sentido, ES es el acta de nacimiento de la sociología como ciencia y una refutación implacable de las tesis del individualismo metodológico.

Lo dicho hasta aquí aparece condensado en el prólogo de la obra (pp. 7-10). 

Abreviaturas:

DTS= La división del trabajo social (1893) // ES= El suicidio (1897) // RMS= Reglas del método sociológico (1895).

Referencia bibliográfica:

Durkheim, É. (2012). El suicidio: Un estudio de sociología. Madrid, España: Akal. 349 p.  (Akal Universitaria. Serie Sociología y antropología).


Con ustedes… el Prólogo:

El dominio intelectual del positivismo a finales del siglo XIX hizo que muchas personas vieran con buenos ojos el proyecto de un tratamiento científico de la sociedad. Por eso Durkheim pudo señalar que “la sociología está de moda”.

La elevación de la sociología al estrellato científico trajo como consecuencia que se desarrollaran grandes expectativas respecto a la nueva ciencia; lamentablemente, no estaba preparada para esas expectativas. Los sociólogos debieron enfrentar un problema fundamental: “los resultados obtenidos están por debajo de lo que cabría esperar atendiendo al número de trabajos publicados y el interés puesto en su evolución.” (p. 7)

El panorama era complejo y requería una solución urgente. Durkheim se planteó entonces ¿cuál es la causa del escaso rendimiento de la sociología? Su respuesta fue lapidaria: la sociología no plantea “problemas concretos”. Ello se debe a que:

“Aún no ha superado la era de las estructuras y las síntesis filosóficas. En vez de arrojar luz sobre una pequeña parcela del campo social, prefiere esas generalidades brillantes en las que se pasa revista a todas las cuestiones sin estudiar ninguna a fondo. Este método, que permite distraer un poco la curiosidad del público aclarándole toda clase de cuestiones, no conduce a nada objetivo. Las leyes de una realidad tan compleja no se descubren con exámenes sumarios a base de intuiciones rápidas. Además este tipo de generalizaciones, vastas y atrevidas a la vez, no son susceptibles de prueba alguna. Lo más que cabe hacer es citar algunos ejemplos para ilustrar la hipótesis propuesta, pero una ilustración no es una demostración. Por otra parte, cuando se tratan cuestiones tan diversas, no se puede ser un especialista en ninguna y hay que remitirse a referencias de segunda mano que uno no está en situación de juzgar críticamente.” (p. 7; la cursiva es mía - AM-)

Por ende, los libros de sociología pura no servía para abordar el estudio de los problemas concretos. La paradoja de esta afirmación consistía en que podía aplicarse a la situación de la sociología durkheimiana hacia 1897, a pesar de los indudables logros realizados por ella hasta ese momento.

(Durkheim hablando con sí mismo): Los sociólogos interesados en hacer de su disciplina una ciencia deben poner fin a esta situación.

“La sociología no debe renunciar a ninguna de sus ambiciones pero, para merecer la esperanza depositada en ella, debe aspirar a ser algo más que una forma, más o menos original, de la literatura filosófica. En vez de complacerse en meditaciones metafísicas sobre los asuntos sociales, debe convertir en objeto de sus investigaciones a conjuntos de datos netamente circunscritos, que aparezcan con claridad y sepamos dónde comienzan y dónde acaban, en los que podamos basarnos con firmeza. La sociología debe contar con las disciplinas auxiliares: historia, etnografía, estadística, sin cuya ayuda no puede prosperar.” (p. 8; la cursiva es mía - AM-)

(Durkheim, ganando confianza, afirma): ES fue concebido como una obra dirigida a mostrar las posibilidades de la sociología. Considera que el suicidio es un tema significativo por su indeterminación; por eso es preciso una investigación para precisar sus límites.

Como se trata de un prólogo, Durkheim indica algunos resultados: la investigación realizada en ES permitió establecer varias proposiciones referidas al matrimonio, la viudez, la familia, la sociedad religiosa; también permitió constatar ciertas indicaciones sobre “el malestar general que sufren las sociedades europeas y sobre los remedios que pueden atenuarlo” (p. 9). En este sentido, “el suicidio, tal como aparece hoy, es una de las formas en que se traduce la afección colectiva que todos padecemos, nos puede ayudar a comprenderla.” (p. 9) 

Como si lo anterior fuera poco, en ES se pusieron en práctica algunas de las reglas metodológicas enunciadas en RMS. El método sociológico [en su versión durkheimiana] se basa en el siguiente postulado: “los hechos sociales deben estudiarse como objetos, es decir, como realidades externas al individuo.” (p. 9). [2] Este punto no es una mera cuestión metodológica, sino que en él está en juego la existencia misma de la sociología:

“La sociología, para existir, ha de tener un objeto propio, una realidad propia que no derive de otras ciencias. Si no hay nada real fuera de las conciencias particulares se desvanece por falta de materia propia. Lo único observable serían entonces los estados mentales del individuo que pertenecen al campo de la psicología.” (p. 9; la cursiva es mía - AM-)

Si se acepta que solo existen los estados mentales del individuo y que solo la psicología puede estudiarlos, entonces la sociología desaparece. Las instituciones y sus formas históricas carecen de importancia; lo único relevante son “las propiedades generales de la naturaleza individual de la que sólo son un aspecto que no requiere de investigación.” (p. 9) En otras palabras, se vuelve a la filosofía y la trillada discusión sobre la naturaleza humana. Durkheim advierte sobre el riesgo de ese retroceso hacia la psicología [individual] y la filosofía: “No puede haber sociología sin sociedades, y donde sólo hay individuos no existen sociedades.” (p. 10).

¿Cómo encadena Durkheim la crítica del individualismo con los resultados obtenidos en ES?

En ES se demuestra [así lo piensa Durkheim]  “que el individuo se ve dominado por una realidad moral que lo supera: la realidad colectiva.” (p. 10). Algunos ítems de esa demostración: a) cada pueblo tiene una tasa de suicidios propia; b) la tasa de suicidios es más constante que la mortalidad general; c) la tasa de suicidios cambia siguiendo un coeficiente de aceleración peculiar de cada sociedad. Ello permite comprender que existen fuerzas reales y vivas que no dependen del individuo. Todo esto apunta a que “la sociología pueda y deba ser objetiva, pues investiga realidades tan definidas y consistentes como las que son objeto de estudio por parte del psicólogo y el biólogo.” (p. 10)

Al terminar ES la sociología, ¡por fin!, cobra confianza y se convierte en una potente herramienta para el estudio de la sociedad capitalista. ¿Qué Marx había hecho algo semejante en El capital? La respuesta es afirmativa, pero los caminos de la ciencia de la sociedad son muy diversos y, por qué no, a veces paradójicos. En 1897 Durkheim hizo pie en uno de esos caminos, para satisfacción de los sociólogos presentes y futuros.


Mataderos, viernes 3 de julio de 2026


Notas:

[1] En rigor, Durkheim no fue el único en construir las bases de la sociología como ciencia moderna. Pero la afirmación enunciada aquí es suficiente para los fines de estas notas, cuyo objetivo primordial es presentar el papel de ES en la sociología durkheimiana.

[2] Para una explicación pormenorizada del significado de dicho postulado, ver RMS, cap. 2

domingo, 29 de septiembre de 2019

DURKHEIM, EL SUICIDIO Y LA CIENTIFICIDAD DE LA SOCIOLOGÍA



El suicidio, es uno de los principales trabajos del sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917) y se encuentra entre las obras más influyentes de la literatura sociológica. En ES confluyen varias problemáticas, a las que corresponde situar en el contexto de institucionalización de la sociología como ciencia. En esta ficha, dedicada a la Introducción de la obra, me concentraré en la importancia de ES para la fundamentación de la cientificidad de la sociología.
Nota bibliográfica:
Para la redacción de esta ficha trabajé con siguiente traducción española: Durkheim, E. (2006). El suicidio. Estudio de sociología y otros textos complementarios. Buenos Aires: Miño y Dávila. La Introducción se encuentra en pp. 99-115.

El primer apartado de la Introducción (pp. 99-105) se encuentra dedicado a la definición del suicidio. La cuestión es importante desde el punto de vista metodológico. Es imposible estudiar científicamente un problema si no se tiene en claro cuáles son los límites del mismo, aunque sea de un modo aproximado y preliminar.
Durkheim procede descartando la definición del “lenguaje usual”, pues posee carácter ambiguo. Su crítica de dicho lenguaje se encuentra concentrada en el siguiente pasaje:
“No sólo su significado está poco delimitado, sino que como la clasificación que las produce no procede de un análisis metódico y no hace más que traducir las impresiones confusas de la mayoría de las personas, ocurre con frecuencia que categorías de hechos diferentes se agrupan indistintamente bajo una misma rúbrica, o que realidades de igual naturaleza son designadas con nombres diferentes.” (p. 99).
Para resolver la dificultad, el investigador está obligado a “constituir los grupos que quiere analizar, a los efectos de darles la homogeneidad y la especificidad necesarias para su tratamiento científico.” (p. 100). En otras palabras, las categorías de hechos que debe analizar y comparar la sociología no se encuentran constituidas como tales en la realidad empírica, sino que tienen que ser construidas por los científicos. Se trata, en otras palabras, de constituir el objeto de estudio.
Durkheim procede de modo sistemático.
“Nuestra primer tarea debe (…) ser determinar el orden de hechos que nos proponemos estudiar bajo el nombre de suicidio. (…) Lo que nos importa (…) es constituir una categoría de objetos que, pudiendo ser etiquetados sin inconveniente bajo esta rúbrica, se encuentra fundada objetivamente, es decir, corresponde a una naturaleza determinada de cosas.” (p. 100).
Durkheim examina las distintas especies de muerte y encuentra que algunas tienen algo en común, que se expresa en tres particularidades: 1) la muerte resulta “de un acto cuyo paciente es el autor”, es obra de la misma víctima; 2) no importa la “naturaleza intrínseca de los actos que producen ese resultado”. Da lo mismo que la persona se mate rehusando comer o que se dispare a sí misma con un arma de fuego; 3) tampoco importa “que el acto producido por el paciente haya sido el antecedente inmediato de la muerte para que ésta pueda ser considerada como efecto suyo; la relación de causalidad puede ser indirecta, sin que el fenómeno cambie de naturaleza.” (Por ejemplo, el religioso que busca el martirio y comete, por tanto, un acto que sabe que va a ser castigado con la muerte).
A partir de lo anterior elabora su primera definición:
Se llama suicidio a toda muerte que resulta, mediata o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma.” (p. 101).
Acto seguido, Durkheim comienza a indicar los puntos flojos de dicha definición. Por ejemplo, contempla como actos de la misma clase “la muerte de un alucinado que se precipita desde una ventana elevada, porque la cree en el mismo plano que el suelo” y el salto al vacío de una persona que quiere matarse.
Con el objetivo de precisar la definición, aborda la cuestión de los motivos que llevan a una persona a cometer suicidio. Más en concreto, al problema de establecer sin lugar a dudas que ésa fue la intención del individuo.
“¿Cómo saber cuál móvil ha determinado al agente y si al tomar su resolución era la muerte lo que deseaba o si se proponía algún otro fin? La intención es una cosa demasiado íntima para que pueda ser apreciada desde fuera más que por aproximaciones groseras. Incluso se sustrae hasta a la misma observación interior. ¿Cuántas veces nos equivocamos sobre las verdaderas razones que nos mueven a obrar? Sin cesar nos explicamos como pasiones generales o sentimientos elevados, movimientos que nos inspiraron pequeños impulsos o una ciega rutina.” (p. 101-102). [1]
Todas las formas posibles de renuncia a la vida tienen en común “que el acto que la consagra es realizado con conocimiento de causa; que sea cual fuese la razón que llevara a conducirse así, la víctima en el momento de obrar sabe cuál va a ser el resultado de su conducta.” (p. 102-103).
A partir de lo anterior, es posible formular la siguiente definición:
se denomina suicidio a todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la propia víctima, a sabiendas que debía producir ese resultado.” (p. 103).
Durkheim afirma que la principal ventaja de esta definición radica en que permite forjarnos mejor “una idea del lugar que los suicidios ocupan en el conjunto de la vida moral”.  Lejos de tratarse de fenómenos completamente alejado de esa vida, conductas cuyas motivaciones son puramente individuales,
“los suicidios no son más que la forma exagerada de prácticas usuales (…) el suicidio aparece bajo otro aspecto cuando se reconoce que se relaciona, sin solución de continuidad, por un lado, con los actos de valor y de abnegación; y, por otro, con los actos de imprudencia y de simple negligencia.” (p. 104-105).
Aquí se encuentra la clave de la importancia de la obra para la sociología. ES muestra que un fenómeno que se presenta como exclusivamente individual, se encuentra, no obstante, dentro del campo de incumbencia de la sociología, pues forma parte de los hechos morales (empleo aquí la terminología de Durkheim).

El segundo apartado (pp. 105-115) está dedicado a fundamentar porqué el suicidio es un tema de incumbencia de los sociólogos.
Durkheim presenta la cuestión con su habitual claridad:
“Puesto que el suicidio es un acto del individuo, que sólo afecta al individuo, parece que debe únicamente depender de factores individuales, y que concierne, por consiguiente, únicamente a la psicología.” (p. 105).
Durkheim no rechaza la posibilidad de estudiar los suicidios desde la psicología. Pero afirma que ellos constituyen un tema de estudio legítimo para la sociología:
“Si en lugar de ver en ellos más que acontecimientos particulares, aislados unos de otros, y que deben ser examinados cada uno por separado, se considera el conjunto de los suicidios cometidos en una sociedad dada durante una unidad de tiempo determinada, se constata que el total así obtenido no es una simple adición de unidades independientes, o una colección, sino que constituye por sí mismo un hecho nuevo y sui generis, que tiene su unidad y su individualidad, y como consecuencia, su naturaleza propia, y que, además, esta naturaleza es eminentemente social.” (p. 105).
Al pasar del tratamiento individual de cada suicidio a un tratamiento colectivo, realizado por medio del auxilio de la estadística, se construye un nuevo objeto de estudio, que cumple todos los requisitos para su tratamiento sociológico. Durkheim está reafirmando así el carácter científico de la sociología.
En base al examen de los datos estadísticos, Durkheim afirma:
“Cada sociedad tiene, pues, en cada momento de su historia, una aptitud definida para el suicidio. Se mide la intensidad relativa de esta aptitud tomando la relación entre la cifra global de muertes voluntarias y la población de todas las edades y sexo. Llamaremos a este dato numérico tasa de la mortalidad-suicidio propia de la sociedad considerada. Se calcula, generalmente, en relación con un millón o con cien mil habitantes.” (p. 107-108).
Una vez comprobada la existencia de una regularidad estadística, es preciso explicarla. Si bien corresponde decir que Durkheim dedica toda la obra a formular dicha explicación, avanza un poco en esa dirección.
La tasa de suicidios demuestra, a la vez, permanencia y variabilidad. Durkheim afirma lo siguiente:
“Pues esta permanencia sería inexplicable si no estuviese relacionada con un conjunto de caracteres distintivos, solidarios recíprocamente que, a pesar de la diversidad de las circunstancias de ambiente, se afirman de modo simultáneo. Esa variabilidad testimonia la naturaleza individual y concreta de estos mismos caracteres, puesto que se modifican como la peculiaridad social misma. En suma, lo que expresan estos datos estadísticos es la misma tendencia al suicidio que afecta a cada sociedad colectivamente. No vamos a explicar ahora en qué consiste esta tendencia, si es un estado sui generis del alma colectiva, con su propia realidad, o si sólo representa una suma de estados individuales. Aunque las consideraciones que presentamos sean difícilmente conciliables con esta última hipótesis, reservamos la solución del problema, que será tratado en el curso de esta obra.” (112).

En síntesis,
“Cada sociedad está predispuesta a producir un contingente determinado de muertes voluntarias. Esta predisposición puede ser objeto de un estudio especial que incumbe a la sociología.” (p. 112).

El estudio del suicidio sirve para poner en claro los alcances y límites de la sociología. El sociólogo busca
“las causas por medio de las cuales es posible actuar, no sobre los individuos aisladamente, sino sobre el grupo. En consecuencia, entre los factores del suicidio los únicos que le conciernen son aquellos que hacen sentir su acción sobre el conjunto de la sociedad. La tasa de suicidios es el producto de estos factores.” (p. 113).
Si el suicidio puede ser estudiado por la sociología, entonces no cabe ninguna duda de que la sociología tiene un objeto de estudio que le es propio. Durkheim reafirma así la cientificidad de la nueva disciplina social.

Parque Avellaneda, domingo 29 de septiembre de 2019

NOTAS:
[1] Durkheim se adelante a las críticas a la sociología comprensiva de Max Weber (1858-1917). Sin entrar en el debate específico, las objeciones del francés a la posibilidad de conocer las intenciones de los individuos son pertinentes. Durkheim agrega: “Por otra parte, y de una manera general, un acto no puede ser definido ateniéndose al fin que persigue el gente, dado que un mismo sistema de movimientos, sin cambiar de naturaleza, puede dirigirse a muchos fines diferentes.” (p. 102).