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jueves, 29 de enero de 2026

¿QUÉ HACEMOS CON RUSIA?: EL PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 1882 DEL MANIFIESTO COMUNISTA

 

El Kremlin de Nóvgorod


Ariel Mayo (ISP. Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

La lectura de los prólogos redactados por Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) para las sucesivas ediciones del Manifiesto del Partido Comunista sirve, entre otras cosas, para comprobar la preocupación de ambos autores por desarrollar su teoría de la sociedad, enfrentando los desafíos teóricos y prácticos que iban surgiendo a medida que se desarrollaba el modo de producción capitalista; de este modo, se diluye la imagen de una teoría marxista monolítica y aparecen las búsquedas y los tanteos para dar respuesta a dichos desafíos. Algo queda claro, ni Marx ni Engels ocultaban los problemas y límites de su teoría: todo lo contrario, procuraban enfrentarlos mediante una profundización del estudio de la sociedad, incorporando problemáticas que no habían sido contempladas inicialmente. Este es el caso del prólogo de 1882.

La edición rusa del MC, publicada en 1882, tiene dos peculiaridades. Por un lado, muestra la extensión del área de influencia del movimiento socialista. En 1848, las organizaciones socialistas tenían cierta influencia en Francia, Bélgica, Gran Bretaña y, en menor medida, en Alemania. En 1882 había partidos y organizaciones socialistas distribuidas en todo el continente europeo y en Estados Unidos; inclusive, el socialismo había logrado hacer pie en Rusia. Por otro lado, precisamente la inserción del socialismo en Rusia representó un desafío para la teoría social de Marx y Engels. Dicho mal y pronto, la difusión del socialismo en el imperio zarista era un hecho inexplicable, por lo menos en los términos planteados por los marxistas en las décadas de 1850 y 1860.

La teoría marxista, tal como había sido expuesta en el MC, daba por sentado que la expansión del socialismo era una consecuencia del crecimiento numérico del movimiento obrero y sus luchas, consecuencia, a su vez, del desarrollo de las relaciones sociales capitalistas. Pero en Rusia y en 1882 el capitalismo estaba en pañales; la mayoría de la población estaba compuesta por campesinos. De ahí la preocupación creciente de Marx por comprender los sucesos de Rusia, tanto el desarrollo del capitalismo como el crecimiento de las organizaciones revolucionarias. Rusia representaba un enigma para el marxismo y el prólogo de 1882 es una muestra de ello.

El prólogo está fechado en Londres, el 21 de enero de 1882, y lleva la firma de Marx y Engels. Su estructura es sencilla y abarca tres aspectos principales: a) el MC en ruso; b) la omisión de EE. UU. y Rusia en el MC;  c) las posibilidades revolucionarias de Rusia.

Abreviaturas:

LC= Liga de los Comunistas / MC= Manifiesto del partido comunista

Data para bibliófilos y obsesivos:

Marx, K. y Engels, F. (2000). Prólogo a la edición rusa de 1882 del Manifiesto del Partido Comunista. En Manifiesto del Partido Comunista (pp. 100-102). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.


Marx y Engels abren el prólogo con el señalamiento de que el capítulo IV del MC muestra el alcance limitado de la acción del MO en 1848 [1]; en él se advierte la ausencia de EE. UU. y de Rusia, pues en esa época ambos países eran “columnas del orden establecido europeo” (p. 100).

En 1882 el panorama expuesto en el párrafo anterior había cambiado radicalmente. Rusia es ahora “la avanzada de la acción revolucionaria en Europa” (p. 101). Ahora bien, ¿cuál es el fundamento de esa afirmación? Ante todo, la existencia de la comuna rural, que determinaba que más de la mitad de la propiedad de la tierra estuviese en manos de los campesinos. La existencia de esta institución campesina cuestionaba la teoría de la transición desde las sociedades precapitalistas al capitalismo. Dicha teoría, expuesta en el capítulo XXIV del Libro Primero de El capital, sostenía que el punto de partida del capitalismo era la llamada acumulación originaria, en la que los campesinos eran expulsados de las tierras que laboraban por terratenientes que adoptaban comportamientos mercantiles. Más en general, el debate en torno al devenir de la comuna rural rusa ponía en discusión la idea, formulada de manera más o menos explícita por los autores del Manifiesto, del progreso lineal en la historia. [2]

En otras palabras, la existencia y la vitalidad de la comuna rural rusa constituían una anomalía para la teoría social de Marx y Engels. Sin embargo, no procedieron de manera dogmática frente a esa anomalía; por el contrario, se dedicaron a estudiar la sociedad rusa para comprenderla. En el prólogo se aborda directamente la problemática planteada por la existencia de dicha comuna:

“¿Puede la comunidad rural rusa, que es una forma, fuertemente socavada, sin duda, de la antiquísima propiedad común del suelo pasar a convertirse directamente en la forma superior de la propiedad común comunista? ¿O deberá, por el contrario, recorrer primero el mismo proceso de disolución que constituye la evolución histórica de Occidente?” (pp. 101-102)

Este pasaje da cuenta de la importancia que concedían Marx y Engels al estudio de las relaciones sociales en el campo ruso. Y no solo eso: en el pasaje citado esbozan la idea de que no existe un único modelo de desarrollo desde las sociedades precapitalistas hacia el capitalismo (y el socialismo), pues enuncian la posibilidad de que la comuna rural rusa pueda pasar directamente a la propiedad común comunista.

La publicación de una edición rusa del MC, la preocupación por caracterizar a la comunidad rural rusa y evaluar sus perspectivas de desarrollo, no son rayos en cielo sereno. Todo lo contrario. Durante la década de 1870 Marx se dedicó al estudio de la evolución económica de Rusia, en especial de las transformaciones de la agricultura rusa. Por su parte, los intelectuales y revolucionarios rusos se acercaron al marxismo para comprender el rumbo que estaba adoptando la sociedad rusa. En este sentido, es significativo el intercambio epistolar entre la revolucionaria rusa Vera Zasúlich (1849-1919) y el propio Marx. [3]

Para finalizar esta ficha de lectura, es conveniente recordar la respuesta de Marx a la consulta de Zasúlich sobre la posibilidad de que la comuna rural sirviera de plataforma para un rápido pasaje de Rusia hacia el socialismo.

“El análisis presentado en El capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social de Rusia, mas para que pueda funcionar como tal será preciso eliminar las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación  asegurarles las condiciones normales para un desarrollo espontáneo.” [4]

En sociología, salvo cuestiones muy generales, no hay verdades absolutas: hay verdades históricas. Una teoría que queda cristalizada en un momento determinado de la experiencia histórica tarde o temprano se convierte en un fósil. Los prólogos del MC dan cuenta del esfuerzo de Marx y Engels por evitar ese desenlace para su teoría de la sociedad.

Balvanera, jueves 3 de julio de 2025


Notas:

[1] El capítulo IV lleva por título: “Posición de los comunistas frente a los diversos partidos opositores” (pp. 91-93). En él se menciona a partidos de Inglaterra, Francia, Suiza, Polonia, Alemania. Corresponde hacer una observación a lo escrito por Marx y Engels en el prólogo: en el MC sí hay una referencia a los Estados Unidos, precisamente en el propio capítulo IV, donde se menciona a “los reformistas agrarios” norteamericanos.

[2] En el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), de Karl Marx, se encuentra el siguiente pasaje, que parece avalar la concepción de la linealidad del desarrollo histórico: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresistas de la formación económica de la sociedad.” Ver Marx, K. (2000). Contribución a la crítica de la economía política. 6° edición. México: Siglo XXI, p. 5.

[3] Marx, K. y Engels, F. (1980). Escritos sobre Rusia: II. El porvenir de la comuna rusa. México D. F.: Ediciones Pasado y Presente. 103 p. (Cuadernos de Pasado y Presente; 90). Traducción de Oscar Terán, Mariano Martín y Conrado Ceretti.

[4] Marx, K. y Engels, F. (1980), p. 61. La carta de Marx a Zasúlich está fechada en Londres, el 8 de marzo de 1881.


martes, 27 de enero de 2026

RECALCULANDO: EL PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 1872 DEL MANIFIESTO COMUNISTA

 

Comuneras, París 1871


Ariel Mayo (ISP Dr. J. V. González / UNSAM)

La afirmación de que el Manifiesto del Partido Comunista (1848), constituye una de las obras fundamentales del pensamiento socialista resulta incontestable.  Redactado por dos jóvenes militantes socialistas, Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), su influencia se extiende más allá del socialismo, a punto tal que también es válido afirmar que pocas obras como el MC han contribuido tanto al desarrollo de la sociología. Como quiera que sea, se trata de una contribución fundamental a la teoría de la sociedad.

El MC constituye una combinación magistral (no queda más remedio que recurrir a la adjetivación) de teoría de la sociedad y de propuesta política, todo ello presentado de manera sucinta y sencilla (una sencillez engañosa, por cierto, pues los autores no renuncian a presentar la complejidad de la sociedad capitalista). Esa combinación proporcionó tanto una explicación del funcionamiento del capitalismo y de las causas del conflicto entre la burguesía y el proletariado, como una vía de solución a dicho conflicto (la organización política de la clase trabajadora y su posterior toma del poder, para comenzar la construcción de otra forma de sociedad, el socialismo). Esto representó un desafío para la sociología, que en ese momento se encontraba emergiendo del campo de la filosofía política, y que trataba, precisamente, de explicar la transición desde el feudalismo al capitalismo y las características de la nueva sociedad. Por ello el estudio del MC constituye una parada obligada para toda persona interesada en conocer el período fundacional de las modernas ciencias sociales.

Pero dejemos por ahora al MC propiamente dicho. El presente texto (una ficha de lectura con algunos comentarios) tiene un alcance mucho menor, pues se limita al análisis de uno de los prólogos del MC, concretamente el prólogo a la edición alemana de 1872, fechado en Londres el 24 de junio de ese año y firmado por Marx y Engels. En él se abordan tres cuestiones: a) la historia del MC; b) la historia de las ediciones del MC; c) la puntualización de los puntos anticuados del MC.

El prólogo de 1872 nos permite conocer de primera mano la opinión de Marx y Engels sobre las limitaciones del MC luego de sus primeros 25 años de existencia.

Abreviaturas:

LC= Liga de los Comunistas / MC= Manifiesto del partido comunista.

Noticia para bibliófilos y otras personas obsesivas:

Marx, K. y Engels, F. (2000). Prólogo a la edición alemana de 1872 del Manifiesto del Partido Comunista. En Manifiesto del Partido Comunista (pp. 97-99). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz. El prólogo está fechado en Londres, el 24 de junio de 1872.


Vamos al análisis del texto.

El MC fue escrito por encargo de la Liga de los Comunistas, organización conformada por trabajadores alemanes, la mayoría de ellos residentes en diversos países europeos. [1] La LC especificó que quería “un programa detallado teórico y práctico del Partido destinado a la opinión pública” (p. 97). Marx y Engels dieron bastante vueltas al asunto, al punto de que la propia LC amenazó con expulsarlos si no entregaban el programa prometido. Finalmente, el texto vio la luz en Londres el 21 de febrero de 1848, el día anterior al comienzo de la Revolución de Febrero en Francia, que derrocó la monarquía e instauró la república.

Ahora bien, Marx y Engels se preguntan: ¿Cómo sobrevivió el MC a la prueba del tiempo? La pregunta es pertinente porque los autores señalan los grandes cambios ocurridos en el período 1848-1872:  el “inmenso desarrollo de la gran industria”, la organización de la clase obrera en partido, las experiencias prácticas del proletariado (la revolución de febrero de 1848, la Comuna de París, etc.). Durante este período, la clase obrera creció numéricamente al compás del desarrollo de la industria moderna. En paralelo acumuló experiencia, fue desplegando su potencialidad como actor político.

Además, la pregunta es pertinente porque:

“Como el propio Manifiesto declara, la aplicación práctica de estos principios dependerá siempre y por doquier de las circunstancias históricas imperantes, razón por la cual no se pone énfasis especial alguno en las medidas revolucionarias propuestas al final del apartado II.” (p. 98)

En otras palabras, el MC no ofrece una receta válida para todo tiempo y lugar. En consonancia con esta proposición, Marx y Engels hacen el balance de los primeros 24 años del MC. Ante todo, afirman que “los principios generales desarrollados en este Manifiesto aún conservan actualmente (...) toda su corrección” (p. 98). Sin embargo, reconocen que el programa “está anticuado en alguno de sus puntos”. Es muy significativo que el tema considerado explícitamente como anticuado sea la respuesta a la pregunta: ¿qué hacer con el Estado una vez conquistado el poder? La obsolescencia del MC quedó expuesta por la experiencia de la Comuna de París (1871), a punto tal que Marx y Engels citan un pasaje de La guerra civil en Francia: “«la clase obrera no puede tomar simplemente posesión de la máquina estatal funcionante y ponerla en movimiento al servicio de sus fines»” (p. 99). [2]

La cosa no termina allí. Los autores reconocen la existencia de otros puntos anticuados, a saber: a) la crítica de la literatura socialista, que está incompleta pues llega, como no podía ser de otra manera, hasta 1847; b) la posición de los comunistas respecto a los otros partidos de oposición, contenida en el apartado IV, dado que “la situación política se ha transformado totalmente y la evolución histórica ha hecho desaparecer de la faz del mundo la mayor parte de los partidos que ahí se enumeran.” (p. 99)

Dado lo anterior, surge el interrogante: ¿Por qué no se incluyeron modificaciones en  la edición de 1872? Marx y Engels contestan que el MC es un “documento histórico”, “respecto del que no podemos ya arrogarnos el derecho de modificarlo a nuestra voluntad” (p. 99). Cabe formular dos comentario: por un lado, ya en 1872 Marx y Engels tenían noción de la importancia que había adquirido el MC (importancia que seguiría creciendo a medida que se expandía el movimiento socialista); por otro lado, los textos también dicen con sus silencios, con aquello que no es formulado explícitamente. Así, puede afirmarse que Marx y Engels pensaban que no era necesario introducir modificaciones en el apartado I, donde se hallaban esbozadas las líneas generales de su teoría de la sociedad y no se menciona la palabra plusvalía, ausencia que da cuenta de que dicha teoría todavía se encontraba en pleno desarrollo.

En síntesis, el prólogo de 1872 da cuenta de un momento de inflexión en el desarrollo del movimiento socialista, que había enfrentado por primera vez el reto de la conquista del poder. Ello se plasmó en la preocupación de Marx y Engels por actualizar la teoría Estado esbozada en el MC. Lejos de aferrarse al pasado, los autores señalaron la insuficiencia del MC en este punto y se abocaron a elaborar la experiencia de la Comuna. Si esa elaboración llevó a resultados exitosos desde el punto de vista del socialismo es una cuestión que no podemos desarrollar en el presente texto.

Balvanera, martes 27 de enero de 2026


Notas:

[1] Para la historia de la Liga consultar: Engels, F. (1980). Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas. En K. Marx y F. Engels, Obras escogidas (pp. 99-109). Moscú, URSS: Progreso.

[2] Ver: Marx, K. (2003). La guerra civil en Francia. Madrid, España: Fundación Federico Engels. 100 p. En el MC se lee lo siguiente sobre el Estado: “El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: constitución del proletariado como clase, derrocamiento del dominio de la burguesía, conquista del poder político por parte del proletariado.” (pp. 63-64). Y más adelante: “el primer paso en la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia. El proletariado utilizará su dominio político para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para incrementar con la mayor rapidez posible la masa de las fuerzas productivas.” (Marx y Engels, MC, p. 72).


domingo, 25 de enero de 2026

LA SEGUNDA GENERACIÓN DE ESTUDIOS SOBRE EL FEDERALISMO: FICHA DE LECTURA

 

Albert Durero, El caballero, la muerte y el diablo


Ariel Mayo (ISP J. V. González / UNSAM)

Pablo Beramendi es un politólogo español, que se desempeña como profesor en la Universidad de Duke. Ramón Máiz (n. 1953, Santa Cruz de Tenerife) también español y politólogo, es profesor en la Universidad de Santiago de Compostela. Ambos son autores de la introducción a una compilación de cuatro artículos sobre la segunda generación de estudios sobre el federalismo, publicada por la revista Zona Abierta en 2003.

Los artículos compilados por Zona Abierta constituyen una muestra del federalismo de la segunda generación del neoinstitucionalismo de elección racional y son los siguientes: a) Barry Weingast, El papel económico de las instituciones políticas: El federalismo de mercado y el desarrollo económico, publicado en The Journal of Law, Economics, and Organization (vol. II, núm. 1, abril de 1995); b) Jonathan Rodden y Susan Rose-Ackermann, ¿Protege el federalismo a los mercados?, aparecido en Virginia Law Review, vol. 83, 1997; c) Jenna Bednar, William Eskridge y John Ferejohn, Teoría política del federalismo, incluido en J. Ferejohn, J. Rakove y J. Riley (eds.), Constitutional Culture and Democratic Rule, Cambridge University Press, 2001; d) Pablo Beramendi y Ramón Máiz, Federalismo y multinacionalidad: Un análisis institucional del Estado de las Autonomías.

Beramendi y Máiez hacen una presentación general del federalismo de segunda generación. Ante todo, definen a las federaciones como “sistemas políticos basados en la negociación y renegociación de un pacto de autogobierno y gobierno compartido entre varias unidades políticas” (p. 1). En base a esa definición, afirman que el estudio de las federaciones requiere descartar la perspectiva adaptativa, orgánica y funcionalista de la emergencia de las instituciones; en cambio, es preciso “poner en primer plano la interacción estratégica entre actores” (p. 1). La mejor manera de hacer lo anterior es utilizar la teoría de la elección racional.

Referencia bibliográfica:

Beramendi, P. y Máiz, R. (2003). Introducción: La segunda generación de análisis institucionales del federalismo. Zona Abierta, (104-105), pp. 1-16.


1° generación de estudios sobre el federalismo desde una óptica racional

En primer término, se encuentran los trabajos de la década de 1960 del politólogo estadounidense William Riker (1920-1993), quien definió la federación como un sistema político que posee tres características: 1) dos niveles de gobierno regulan el mismo territorio y el mismo demos; 2) cada nivel tiene un ámbito definido de autoridad; 3) hay garantías constitucionales de la autonomía de cada nivel de gobierno.

Riker también formuló una teoría de los orígenes de la federación. Introdujo una dimensión propiamente institucional en los modelos de la elección racional: el elemento central de la reproducción de las federaciones está constituido por los incentivos constitucionales (flexibilidad de los modos de elecciones de los representantes de los estados; elección indirecta del presidente; etc.). Estos incentivos promueven la formación de partidos descentralizados, organizados a nivel central y local.

En segundo lugar se encuentran las escuelas del federalismo fiscal y la economía política constitucional, centradas en el análisis de las dimensiones óptimas de la distribución competencial entre la federación y los estados miembros. El economista y profesor estadounidense Wallace Oates (1937-2015), por ejemplo, desarrolló el argumento de que los bienes públicos son producidos de modo más eficiente por los gobiernos de los estados federados, dado que las diferentes preferencias de los ciudadanos en los distintos espacios territoriales generan problemas de información a los gobiernos centralizados. De ahí la ineficiencia de la centralización de la provisión de bienes públicos locales.

Otros autores, como el politólogo canadiense Albert Breton (1930-2016), pusieron el acento en los costos de organización de la descentralización. En los Estados unitarios aumentan los costos de decisión; en el federalismo multinivel se incrementan los costos de coordinación. Pero esta perspectiva no considera los costos de transacción entre las diferentes unidades.


2° generación de análisis económico del federalismo

Es iniciada por el neoinstitucionalismo de elección racional. Su supuesto general puede formularse así: las instituciones restringen el abanico de cursos de acción de los actores, generan preferencias e identidades.

Los principales aportes de este cambio de perspectiva son los siguientes:

A] El pasaje de una teoría del federalismo basada en las aportaciones de la economía del bienestar y los supuestos de la elección pública, a otra centrada en las estructuras de incentivos con que proveen las federaciones a los actores (estados, partidos, grupos, ciudadanos). Así, las instituciones federales pasan a ser problema-objeto de investigación: “la eficiencia en la provisión de bienes públicos dependerá de la estructura de incentivos con que provean las instituciones de gobierno a los actores” (p. 4). El federalismo es un mecanismo superior a otros porque tiene mayor capacidad de generar compromisos creíbles entre los actores implicados. Ello facilitaría el logro de una relación adecuada entre la provisión eficiente de bienes públicos y el mantenimiento de los incentivos del mercado.

B] Se deja de lado el optimismo inicial respecto a la eficiencia y accountability proporcionadas por los sistemas federales, derivadas de la limitación de información y poder del Estado federal frente a los estados miembros. Se renuncia a la visión binaria unitaria/federal. En cambio, se reconoce que los diferentes tipos de federación poseen diferentes causas y su articulación institucional específica posee consecuencias muy diversas. Las instituciones relevantes no surgen de la constitución, sino que se generan mediante renegociaciones posteriores. Las instituciones se conciben como factor endógeno, resultante de un equilibrio institucional, y no como un factor exógeno, que restringe meramente los cursos de acción disponibles para los actores

C] Se pone en el centro del análisis la sostenibilidad de las federaciones, que constitutivamente son inestables por diseño. Para sobrevivir “precisan instituciones con efecto de autorrefuerzo, que proporcionan incentivos a los políticos en el gobierno en los diferentes niveles (federación y estados miembros) para atenerse a las reglas de juego establecidas.” (p. 5) La inestabilidad de las federaciones depende de dos dilemas básicos: 1) cómo evitar que el gobierno central destruya el federalismo mediante la erosión del autogobierno de los estados federados; 2) cómo evitar que los estados federados socaven el federalismo mediante la no colaboración con el gobierno central.

D] Se postula un lazo más sólido entre las teorías y los análisis empíricos.

E] Pasa a concebirse al federalismo como una compleja matriz horizontal multinivel, multicéntrica, de gobernanza (no como sistema jerarquizado, piramidal). Se trata de un federalismo intergubernamental, muy imbricado de competencias compartidas y controles. Así, “las federaciones actuales presentan procesos de decisión y ejercicio competencial entre varios niveles de gobierno que requieren con frecuencia de negociación y renegociación de complejos acuerdos intergubernamentales” (p. 7)

F] La federación ya no es concebida como una distribución definitiva de poderes, sino como “un proceso abierto – estructurado institucionalmente – mediante el que las competencias y los poderes son distribuidos y redistribuidos.” (p. 7). En ese proceso abierto interactúan actores e instituciones. Los sistemas federales funcionan como un continuum con posiciones diversas según las dimensiones presentadas en cada sistema: representación formal; representación informal; procedimiento de reforma constitucional.

G] El neoinstitucionalismo dedica especial atención a los actores en presencia, esto es, los partidos políticos. Estudia la dimensión electoral, las externalidades electorales (positivas y negativas) que se producen en el marco de la competencia partidista en los distintos niveles territoriales. Es necesario considerar una nueva dimensión, poco explorada, la plurinacionalidad.

I] El federalismo requiere de una cultura política federal que refuerce la articulación entre autogobierno y gobierno compartido.

Por último, los autores hacen una breve presentación de los artículos incluidos en la compilación.

Balvanera, domingo 25 de enero de 2026










lunes, 20 de octubre de 2025

COINCIDENCIAS INESPERADAS

 




Ariel Mayo (ISP. Dr. J. V. González / UNSAM)


“De todos los derechos, el primero es el de existir. 

Por tanto, la primera ley social es aquella que garantiza a

todos los miembros de la sociedad los medios para existir; 

todas las demás leyes están subordinadas a esta ley social”

Maximilien Robespierre (1758-1794)


La libertad jamás es libre. Siempre expresa las aspiraciones concretas de los individuos y los grupos en un contexto histórico, social y cultural específico. Siempre está limitada por las condiciones materiales que requiere su realización. Sin esas condiciones,  que varían, perdonen la repetición, según el contexto histórico,  social y cultural, la libertad es una abstracción más. Por eso, un liberal clásico como John Locke (1632-1704) ponía a la libertad junto con la vida y la posesión en una triada a la que  denominaba  propiedad. [1]


La propiedad es la manera liberal de designar las condiciones materiales para la realización de la vida y la libertad. Locke sabía que sin esas condiciones la libertad era imposible. La conclusión es evidente: solo los propietarios pueden ser verdaderamente ciudadanos, pues sin la propiedad la ciudadanía se vuelve abstracta. [2]


En este punto se dan la mano liberales y socialistas, pues los segundos desarrollan de modo consecuente la idea de Locke y plantean la necesidad de que todas las personas accedan a las condiciones materiales necesarias para gozar de la vida y la libertad. Hay, por supuesto,  una diferencia evidente: los socialistas se proponen universalizar la propiedad y, para ello, la propiedad debe dejar de ser privada; para los liberales, la libertad solo es posible bajo la libertad privada. 

Sin embargo, aunque parezca paradójico, ello no quita el acuerdo fundamental entre liberales y socialistas en cuanto a que la libertad requiere de condiciones materiales para su concreción efectiva.


Balvanera, lunes 20 de octubre de 2025


NOTAS:

[1] Al examinar las razones por las que las personas deciden abandonar el estado de naturaleza, Locke escribe “no sin razón está deseoso [cada individuo que vive en dicho estado] de unirse en sociedad con otros que ya están unidos o que tienen intención de estarlo con el fin de preservar sus vidas, sus libertades y sus posesiones , es decir, todo eso a lo que doy el nombre genérico de ≪propiedad≫.” (Locke, J., Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil: Un ensayo acerca del verdadero origen, alcance y fin del Gobierno Civil, Madrid, 2000, p. 134).

[2] “Por consiguiente, el grande y principal fin que lleva a los hombres a unirse en Estados y a ponerse bajo un gobierno es la preservación de su propiedad, cosa que no podían hacer en el estado de naturaleza, por faltar en él muchas cosas” (Locke, J., op. cit., p. 135).





miércoles, 15 de octubre de 2025

AUTONOMÍA FRENTE A VENTAJAS INMEDIATAS

 


Ariel Mayo (ISP. Dr. J. V. González / UNSAM)


"El príncipe [....] si es sabio, 

debe fundamentar su poder en lo suyo y no en lo ajeno."

Maquiavelo (1469-1527), El príncipe.


Uno de los objetivos principales de Maquiavelo al escribir El príncipe fue elaborar la teoría política necesaria para hacer de Italia un Estado unificado, al mismo nivel que la España y la Francia de su época. [1] Para lograr este objetivo era preciso contar, entre otras cosas, con fuerzas militares propias. Se trataba de una preocupación basada en datos empíricos. Los distintos Estados italianos utilizaban ejércitos de mercenarios y tropas auxiliares para enfrentarse a sus enemigos. [2] Comoquiera que sea, los italianos sufrían derrota tras derrota frente a los Estados extranjeros.


Maquiavelo considera un grave error utilizar las tropas de otro para defenderse. Así, llega a escribir que “los príncipes prudentes siempre evitan valerse de tales tropas, prefiriendo las propias, y querrán mejor ser vencidas con las suyas que vencer con las de otro, no estimando verdaderas victorias las que se alcanzan con ejércitos ajenos”. [3]


La razón es simple: las tropas auxiliares obedecen a jefes externos al Estado y resultan tan gravosas en la derrota como en la victoria, pues en ambos casos se saldan con la pérdida de autonomía. Es por ello que hay que reflexionar una y mil veces antes de recurrir a ellas; en este sentido, el florentino señala que “la escasa prudencia humana ve en muchas cosas la ventaja inmediata, y no el veneno que encierra”. [4]

La diferencia entre el político y el estadista radica en que el primero solo ve las ventajas inmediatas (arrimar el bochín en una elección, por ejemplo), en tanto que el segundo ve las consecuencias mediatas y las consecuencias más lejanas de esa decisión.


Balvanera, miércoles 15 de octubre de 2025


Referencia bibliográfica:

Maquiavelo, N. (1955). El príncipe. Madrid, España: Universidad de Puerto Rico y Revista de Occidente. 621 p. (Biblioteca de Cultura Básica).

Notas:

[1] Ver cap. 26 del Príncipe, “Exhortación para librar a Italia de los bárbaros”. Allí pueden leerse frases como la que sigue: “No perdonarse esta ocasión de que Italia, al cabo de tanto tiempo, vea aparecer su redentor.” (Maquiavelo, 1955, p. 459)

[2] La cuestión de las tropas mercenarias es abordada en el capítulo 12 del Príncipe, “De las diferentes clases de milicias y de los soldados mercenarios”. El tema de las tropas auxiliares es tratado en el capítulo 13, “De las tropas auxiliares, mixtas y propias”. Maquiavelo escribe “son tropas auxiliares las que un príncipe poderoso presta a otro para ayudarle o defenderle, y resultan tan inútiles como los mercenarios.” (Maquiavelo, op. cit., p. 323)

[3] Maquiavelo, op. cit., p. 325.

[4] Maquiavelo, op. cit., p. 327.