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viernes, 7 de agosto de 2020

INTRODUCCIÓN A LA SOCIOLOGÍA CURSO 2020 – CLASE N° 8

 “Cada persona (…) se recomienda primera y principalmente a su

propio cuidado; y cada persona es, ciertamente, en cualquier aspecto,

más adecuada y más capaz para cuidar de sí mismo que de cualquier otra persona.”

Adam Smith (1723-1790), filósofo economista escocés.

 

Bienvenidas y bienvenidos a la octava clase del curso.

Retomamos las actividades, luego de las vacaciones de invierno. Seguimos la cursada en condiciones atípicas y me vuelvo obligado a volver a pedirles que se comuniquen conmigo por consultas, sugerencias y demases. El aporte de ustedes es invalorable en estas circunstancias.

Recién caigo en cuenta que no les envié el programa de la materia. Utilizaré el correo electrónico para hacerlo. También, y luego de un par de clases más (no tengo apuro), les mandaré las consignas de un trabajo práctico sobre las lecturas que vimos hasta ahora. A no preocuparse, se trata de poder organizar lo trabajado hasta ahora.

Pasemos pues a la clase propiamente dicha.


En nuestra última clase trabajamos algunos aspectos de la obra de John Locke (1632-1704), a quien se suele considerar como el fundador del liberalismo político. En el encuentro de hoy nos ocuparemos de Adam Smith (1723-1790), filósofo y economista inglés, considerado el fundador del liberalismo económico.

El surgimiento de las ciencias sociales modernas fue un proceso trabajoso, desarrollado entre los siglos XVI y XIX. A grandes rasgos, podemos decir que la expansión de la economía mercantil y, posteriormente, de la economía capitalista, originaron la necesidad de elaborar nuevas teorías y nuevos métodos para estudiar la sociedad. La filosofía política, que desde la Antigüedad clásica se había ocupado de ese estudio, se fue transformando a la par de las nuevas necesidades. No fue un proceso lineal, sino todo lo contrario. No corresponde seguir aquí sus pormenores. Basta con señalar que para el siglo XVIII se había plasmado una nueva manera de comprender los fenómenos sociales. Locke y Smith expresan cabalmente ese desarrollo.

En este curso no podemos describir, siquiera someramente, la teoría económica de Smith. Pero, dado que la economía política se convirtió en la ciencia social más influyente bajo el capitalismo, corresponde dedicar algo de tiempo a la comprensión de los fundamentos de esta teoría. Smith era filósofo y expresó como pocos la nueva forma de pensar la sociedad y las relaciones entre las personas. Esa forma de pensar no era otra cosa que la ideología del capitalismo en pleno proceso de expansión.

Smith da cuenta en los primeros dos capítulos del Libro I de La riqueza de las naciones (1776) de los fundamentos filosóficos de su teoría económica. Como la crítica de cualquier teoría social implica necesariamente el examen de sus supuestos filosóficos, la discusión de los mencionados capítulos es de vital importancia al momento de llevar a cabo la crítica de la economía dominante en la sociedad capitalista. Hagamos, pues, un breve resumen de la concepción filosófica de Smith.

Smith comienza la obra con una constatación: la riqueza de una nación es generada por el trabajo

“El trabajo anual de cada nación es el fondo que en principio la provee de todas las cosas necesarias y convenientes para la vida, y que anualmente consume el país. Dicho fondo se integra siempre, o con el producto inmediato del trabajo, o con lo que mediante dicho producto se compra de otras naciones.” (p. 3).

Al hacer esta afirmación, Smith realiza un corte radical respecto a la tradición clásica en filosofía, que tendía a ignorar al trabajo. Para la filosofía clásica, el trabajo carecía de relevancia intelectual porque era una actividad realizada por las clases subordinadas, por aquellos que jamás iban a hacer filosofía. Un ejemplo es la actitud de desdén, hacia el empirismo en general y hacia el experimento en particular, demostrado por la filosofía anterior a la Modernidad. Es verdad que Smith no fue el primero en prestar atención al trabajo como un elemento fundamental para la filosofía política (véase el papel que le otorga Locke en el surgimiento de la propiedad privada en su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil). [2] Pero Smith fue el primero en desarrollar toda una reflexión acerca de la sociedad apoyándose en la noción de trabajo. No es casual que dicha reflexión se haya aplicado al terreno de la economía, pues en él resulta imposible soslayar al proceso de producción.

Smith empieza su investigación constatando la diferencia entre “las naciones salvajes de cazadores y pescadores” y las “naciones civilizadas y emprendedoras”. Así, mientras que en las primeras reina la miseria, en las segundas, 

“aunque un gran número de personas no trabaje absolutamente nada, y muchas de ellas consuman diez o, frecuentemente cien veces más el producto del trabajo que quienes laboran, el producto del trabajo entero de la sociedad es tan grande que todos se hallan abundantemente provistos, y un trabajador por pobre y modesto que sea, si es frugal y laborioso, puede disfrutar una parte mayor de las cosas necesarias y convenientes para la vida que aquellas de que puede disponer un salvaje.” (p. 4).

Dejemos de lado que Smith no dice nada de la tremenda desigualdad de riqueza que existe al interior de las naciones “civilizadas”, expresada a través de la diferencia de consumo. En este momento, interesa más la  solución que propone Smith al problema de cómo explicar la diferencia de riqueza entre las naciones “civilizadas” y las naciones “salvajes”. En el fondo, toda su investigación gira en torno a la explicación de la mencionada diferencia. Veamos cómo Smith elabora su respuesta al problema.

Ante todo, la diferencia entre naciones ricas y naciones pobres se explica a partir del “progreso en las facultades productivas del trabajo” (p. 4). Al proponer este criterio, Smith establece un parámetro objetivo para medir el progreso de la humanidad: la productividad del trabajo. Que se entienda bien. No se trata de un criterio absoluto. A mayor desarrollo de las “facultades productivas del trabajo”, mayor control sobre la naturaleza.

Smith va más allá del reconocimiento del trabajo como fuente de la riqueza. El núcleo principal de los dos primeros capítulos de RN es el descubrimiento del papel de la división del trabajo.

“El progreso más importante en las facultades productivas del trabajo, y gran parte de la aptitud, destreza y sensatez con que éste se aplica o dirige, por doquier, parecen ser consecuencia de la división del trabajo.” (p. 7).

En una sociedad en la que prima la producción de mercancías, es lógico que la división del trabajo se acentúe y profundice. Smith toma nota de este proceso y lo ilustra por medio de lo que sucedía en las manufacturas. En el capítulo 1 da el ejemplo clásico de la fabricación de alfileres (págs. 8-9). Mientras que un obrero, ejecutando todas las operaciones que requiere la producción de un alfiler, no puede hacer más de unos 20 alfileres diarios, varios operarios, realizando cada uno de ellos una operación, pueden fabricar decenas de alfileres diarios. La DT multiplica la producción, pero también engendra nuevos oficios y nueva maquinaria.

Smith expresa del siguiente modo las consecuencias de la DT: 

“Este aumento considerable en la cantidad de personas que un mismo número de personas puede confeccionar, como consecuencia de la división del trabajo, procede de tres circunstancias distintas: primero, de la mayor destreza de cada obrero en particular; segunda, del ahorro de tiempo que comúnmente se pierde al pasar de una ocupación a otra, y por último, de la invención de un gran número de máquinas, que facilitan y abrevian el trabajo, capacitando a un hombre para hacer la labor de muchos.” (p. 11).

El aumento de productividad derivado de la extensión de la DT hace que un campesino europeo, que vive en el marco de una sociedad donde la DT se ha incrementado poderosamente, disfrute de mayores comodidades que las de los reyes de los países africanos (p. 15).

La profundización de la DT permite distribuir mejor la riqueza en la sociedad:

“La gran multiplicación de producciones en todas las artes, originadas en la división del trabajo, da lugar, en una sociedad bien gobernada, a esa opulencia universal que se derrama hasta las clases inferiores del pueblo. Todo obrero dispone de una cantidad mayor de su propia obra, en exceso de sus necesidades, y como cualesquiera otro artesano, se halla en la misma situación, se encuentra en condiciones de cambiar una gran cantidad de sus propios bienes por una gran cantidad de los creados por los otros; o lo que es lo mismo, por el precio de una gran cantidad de los suyos. El uno provee al otro de lo que necesita, y recíprocamente, con lo cual se difunde una general abundancia en todos los rangos de la sociedad.” (p. 14).

De modo que la DT no sólo engendra la multiplicación de la riqueza social, sino también una mejor distribución de la misma. Smith anticipa aquí la célebre teoría del “derrame”, tan de moda durante el período neoliberal. Ahora bien, es interesante indicar cuál es el supuesto que se encuentra detrás de la tesis del enriquecimiento general de la sociedad. En el párrafo anterior se ve con claridad que Smith tiene en mente una sociedad de pequeños propietarios privados, cada uno de los cuales lleva la mercancía producto de su trabajo al mercado. No hay indicios de la concentración del capital que caracteriza a la versión capitalista de la producción mercantil. Cuando esta última se transforma en producción capitalista, los frutos de la producción de mercancías (el plusvalor) son apropiados por el capitalista y no por el trabajador. 

Smith no se queda en el mero registro de los efectos y consecuencias de la DT. Procura establece cuál es el motivo que hace que la DT se extienda. Al dar respuesta a este problema, Smith sale del terreno de la teoría económica y se adentra en la filosofía:

“Esta división del trabajo, que tantas ventajas reporta, no es en su origen efecto de la sabiduría humana, que prevé y se propone alcanzar aquella general opulencia que de él se deriva. Es la consecuencia gradual, necesaria aunque lenta, de una cierta propensión de la naturaleza humana que no aspira a una utilidad tan grande: la propensión a permutar, cambiar y negociar una cosa por otra.” (p. 16).

La DT, fuente de la opulencia de la sociedad moderna, es el resultado de la naturaleza humana. Es nuestra naturaleza la que determina que nos inclinemos hacia el comercio. Es nuestra naturaleza la que hace que nos inclinemos hacia aquello que hacemos mejor, hacia aquello para lo que estamos mejor dotados. La producción mercantil (y, más adelante, la producción capitalista) no es otra cosa que el desarrollo de nuestra propia esencia. Según Smith poseemos una esencia mercantil y egoísta (dicho esto último en sentido no peyorativo).

“…el hombre reclama en la mayor parte de las circunstancias la ayuda de sus semejantes y en vano puede esperarla sólo de su benevolencia. La conseguirá con mayor seguridad interesando en su favor el egoísmo de los otros y haciéndoles ver que es ventajoso para ellos hacer lo que les pide. Quien propone a otro un trato le está haciendo una de esas proposiciones. Dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, es el sentido de cualquier clase de oferta, y así obtenemos de los demás la mayor parte de los servicios que necesitamos. No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.” (p. 17).

La combinación de propensión al comercio y de egoísmo constituye el fundamento de la riqueza y de la civilización. En otras palabras, riqueza y civilización son producto de la naturaleza humana. Smith, que escribe en un siglo dominado por la creencia en la omnipotencia de la razón, concede a este un papel subordinado. Si “la sabiduría humana” procura promover la riqueza de un país, debe limitarse a dejar actuar a las tendencias presentes en nuestra naturaleza. Cualquier otro comportamiento resultaría antinatural y terminaría en fracaso. La razón, en todo caso, tiene que limitar su cometido a mejorar el conocimiento de nuestra naturaleza o a profundizar el conocimiento de la naturaleza. Reformar la sociedad, proponer planes para distribuir la riqueza, son albures que chocarían inevitablemente contra nuestra esencia.

Smith no se contenta con describir la importancia de la DT en el aumento de la productividad de la riqueza material. También propone aplicar el principio de la DT a la teoría social:

 

“Con el progreso de la sociedad, la Filosofía y la especulación se convierten, como cualquier otro ministerio, en el afán y la profesión de ciertos grupos de ciudadanos. Como cualquier otro empleo, también ése se subdivide en un gran número de ramos diferentes, cada uno de los cuales ofrece cierta ocupación especial a cada grupo o categoría de filósofos. Tal subdivisión de empleos en la Filosofía, al igual de lo que ocurre en otras profesiones, imparte destreza y ahorra mucho tiempo. Cada uno de los individuos se hace más experto en su ramo, se produce más en total y la cantidad de ciencia se acrecienta considerablemente.” (págs. 13-14).

En el párrafo precedente, Smith está planteando las líneas generales del proyecto de ciencias sociales desarrollado por la burguesía en los siglos XIX y XX: dividir el objeto de estudio (la sociedad) en una serie de parcelas (cada una de las ciencias sociales); separar al investigador de la sociedad (de la que forma parte de manera indisoluble); adoptar una postura neutral (buscar el conocimiento “para toda la sociedad”) y evitar toda referencia a la lucha de clases. Si se siguen estos pasos, queda garantizado el aumento del conocimiento del conjunto. Sin embargo, y como ocurre en el caso de la riqueza material, Smith pasa por alto el hecho de que en una sociedad dividida en clases, el conocimiento pasa a ser apropiado y utilizado por la minoría que controla los medios de producción.

La relación del descubrimiento del papel de la DT en la economía moderna queda incompleta si se deja de lado que Smith remarca que la DT fortalece el carácter social del trabajo. El énfasis puesto en el papel del egoísmo oscurece el hecho fundamental de que Smith tiene plena conciencia de que la DT refuerza la dependencia entre los individuos.

“Si observamos las comodidades de que disfruta cualquier artesano o jornalero, en un país civilizado y laborioso, veremos cómo excede a todo cálculo el número de personas que concurren a procurarle aquellas satisfacciones, aunque cada uno de ellos sólo contribuya con una pequeña parte de su actividad. Por basta que sea, la chamarra de lana, pongamos por caso, que lleva el jornalero, es producto de la labor conjunta de muchísimos operarios. El pastor, el que clasifica la lana, el cardador, el amanuense, el tintorero, el hilandero, el tejedor, el batanero, el sastre, y otros muchos, tuvieron que conjugar sus diferentes oficios para completar una producción tan vulgar. Además de esto, ¡cuántos tratantes y arrieros no hubo que emplear para transportar los materiales de unos a otros de estos mismos artesanos, que a veces viven en regiones apartadas del país! ¡Cuánto comercio y navegación, constructores de barcos, marineros, fabricantes de velas y jarcias no hubo que utilizar para conseguir los colorantes usados por el tintorero y que, a menudo, proceden de los lugares más remotos del mundo! ¡Y qué variedad de trabajo se necesita para producir las herramientas del más modesto de estos operarios!” (p. 14).

El párrafo precedente muestra que Smith veía con claridad que la DT reforzaba los lazos entre los individuos. El egoísmo de la naturaleza humana es contrarrestado por la dependencia general en que la DT pone a los individuos en la economía mercantil. Es cierto que Smith considera que esta dependencia es producto de la acción inconsciente de los individuos (que siguen a su naturaleza) y no de medidas conscientes. Pero el énfasis en el carácter social del trabajo fue retomado posteriormente por autores como Karl Marx (1818-1883) y Emile Durkheim (1858-1917), permitiéndoles formular una concepción muy diferente de la sociedad. Claro que eso ya es otra historia.

En estas dos últimas clases hemos revisado algunas de las características de la ideología burguesa. En nuestro próximo encuentro comenzaremos la tercera unidad del programa, dedicada al examen del marxismo. El texto a trabajar será el Manifiesto comunista, de Marx y Engels (1820-1895). Enviaré una copia por correo electrónico.

Muchas gracias por su atención.

 

Villa del Parque, viernes 7 de agosto de 2020


ABREVIATURAS:

DT = División del trabajo / RN = Riqueza de las naciones.


NOTAS:

[1] Smith, Adam. (1958). Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. (Traducción española de Gabriel Franco).

[2] En la clase anterior ya hemos visto que Locke consideraba que el trabajo era la fuente de la propiedad privada. El ascenso de la burguesía aparece, pues, como una afirmación del papel del trabajo en la sociedad.

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