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domingo, 4 de abril de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (3): MÉTODO ANALÍTICO Y MÉTODO DIALÉCTICO

En la Einleitung [Introducción] a los Grundrisse (1) Karl Marx (1818-1883) aborda la distinción entre el Análisis (método analítico) y el uso dialéctico de la Abstracción en el método dialéctico. En esta nota es la continuación de las cuestiones tratadas en el primer artículo de esta serie dedicada a El Capital.

Marx ubica dicha distinción en el marco de la diferencia entre la economía política y el materialismo histórico (si bien Marx no utiliza esta denominación para nombrar a su teoría). Por tanto, no se trata, según su concepción, de esclarecer un problema meramente teórico, sino que está abordando un tema que involucra el desarrollo histórico de las distintas formas de la teoría social. En otras palabras, Marx examina aquí una de las diferencias fundamentales entre el marxismo y las ciencias sociales (en este caso, la economía clásica) que fueron forjadas por la burguesía.

La economía política se construyó como ciencia moderna recurriendo al método analítico. Desde el siglo XVII, los primeros economistas partieron del estudio de lo concreto (la población, las diferentes ramas de la actividad industrial, los precios) y, mediante el empleo del análisis, fueron "separando" de ese concreto conceptos cada vez más simples (división del trabajo, dinero, valor). El método analítico es entendido aquí como el procedimiento por el que se divide un todo en sus elementos más simples, con el propósito de comprender mejor su funcionamiento. Ahora bien, dado que en economía política no se puede proceder a efectuar la mencionada división por medios materiales (separación mecánica, uso de reactivos químicos, etc.) (2), el análisis tiene que llevarse a cabo por medio de conceptos. De este modo, el método analítico aplicado al estudio de los procesos económicos desembocó en la elaboración de conceptos cada vez más simples, por medio de los cuales se pretendía dar cuenta (explicar) los fenómenos económicos. El punto de llegada de este proceso histórico fue el concepto de valor, que constituyó el verdadero eje de la reflexión de Adam Smith (1723-1790).

El método analítico es, por tanto, un momento histórico necesario en el desarrollo de la ciencia económica. Todo aquel que empieza a estudiar la economía de un país se encuentra, en principio, con un gran número de fenómenos, todos aparentemente relevantes, que no parecen tener ninguna ligazón entre sí. Marx denomina a esta instancia del proceso de conocimiento como "lo concreto representado" (G: 21 - El resaltado es mío -.). En este sentido, puede decirse que los primeros conceptos que utiliza el economista (por ejemplo, el de población) son "una representación caótica del conjunto" (G: 21). Este carácter caótico se deriva de la imposibilidad de distinguir lo principal de lo secundario, de la carencia de un hilo conductor que ponga en relación y dé sentido a todas esas representaciones. En este punto interviene el análisis, y por medio de su uso los economistas obtienen "abstracciones cada vez más sutiles hasta alcanzar determinaciones más simples" (G: 21). Sin embargo, el producto del método analítico son abstracciones, no la totalidad; en palabras de Marx, "la representación plena es volatilizada en una determinación abstracta" (G: 22). Es por eso que Marx, en su crítica de la economía política, tiene que recurrir a otro método, capaz de resignificar a los resultados del análisis. No hay que olvidar que que el objetivo primordial de Marx es la reconstrucción conceptual (teórica) de la totalidad, es decir, del modo de producción capitalista. (3)

En la historia de la economía política, luego de la etapa inicial en la que se recurrió al método analítico, los economistas comenzaron a utilizar el método consistente en elevarse desde los conceptos más simples (ej., el valor) hasta lo más concreto (ej., el Estado, el mercado mundial). En términos de Marx, este es "el método científico correcto" (G: 21). ¿Por qué? Porque la totalidad inicial ("lo concreto representado") constituye una totalidad falsa, aparente, que no permite entender cómo funcionan las cosas. Es el nivel del sentido común y no el de la ciencia. La teoría social no puede basarse en "lo concreto representado" para estudiar la sociedad. Pero tampoco puede ser mero análisis, mera actividad productora de conceptos. Para Marx, la teoría social (4) debe tender al conocimiento de la totalidad social. Su frase "lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso" (G: 21). En este sentido, la tarea que propone es la de construir una totalidad más rica, completamente diferente, tanto al caos de "lo concreto representado" como a los conceptos vacíos de contenido de los economistas.

Marx propone un método consistente en ascender desde los conceptos más simples hasta la totalidad más compleja (más concreta). Aquí, "las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por el camino del pensamiento" (G: 22). Este es el método dialéctico, y Marx procura en el mismo texto poner distancia respecto a la formulación hegeliana del mismo. Mientras que para Hegel (1770-1831) la reproducción de lo concreto por medio del método dialéctico es, en verdad, la producción de lo real, el motor del desarrollo de todo lo real, para Marx el "método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es para el pensamiento sólo la manera de apropiarse de lo concreto, de reproducirlo como un concreto espiritual. Pero esto no es de ningún modo el proceso de formación del concreto mismo." (G: 22). El método dialéctico no es, pues, ni más ni menos que la reproducción teórica del movimiento de lo real. Mientras que el análisis fija los conceptos y tiende a presentar una realidad inmovilizada y fragmentada, el método dialéctico está dirigido a captar una totalidad compleja, contradictoria y en movimiento perpetuo.

En la nota siguiente continuaremos con la cuestión del método dialéctico, tal como este es presentado en la Einleitung.

Buenos Aires, 4 de abril de 2010

NOTAS:
(1) Los Grundrisse, conocidos en español como Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, constituyen un extenso manuscrito escrito por Marx entre 1857 y 1858. Representan la primera redacción in extenso de los temas tratados luego en El Capital. Fueron publicados por primera vez recién en 1939-41 (Moscú: Instituto Marx-Engels-Lenin). Poseo un ejemplar de la 17º edición española (México D. F.: Siglo XXI). Esta edición estuvo a cargo de José Aricó, Miguel Murmis y Pedro Scaron, y la traducción fue obra de este último.
Respecto a la forma de citar. La edición Siglo XXI incluye la indicación al margen y encerrados entre corchetes de los números de pagina de la edición Dietz 1953, que reprodujo en forma facsimilar y en un solo volumen la edición rusa de 1939-41. Es por eso que cito utilizando la letra G (Grundrisse) y luego el número de página correspondiente a la edición Dietz. Por ejemplo, G: 22 quiere decir página 22 de la edición Dietz de los Grundrisse.
(2) Ver la nota 1 de esta serie, publicada el 21 de marzo de 2010.
(3) Ver al respecto la nota 2 de esta serie, publicada el 28 de marzo de 2010.
(4) Utilizo la expresión teoría social para distinguir el proyecto de investigación marxista de las distintos proyectos que encarnas las ciencias sociales de la burguesía. Esto no va en desmedro de que Marx considere a su teoría como ciencia.

domingo, 28 de marzo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (2): LA TOTALIDAD






En el prólogo a la 1º edición de El Capital, Karl Marx (1818-1883) indica cuál es el tema que va a tratar en la obra:


"Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes." (I, 1: 6).


La teoría social de Marx se caracteriza, como todas las grandes teorías sociales, por su preocupación por aprehender teóricamente (es decir, por medio de conceptos) la totalidad social. Es importante recordar esto, puesto que en la época que nos ha tocado vivir y padecer las llamadas "ciencias sociales" se concentran en la producción de todo tipo de estudios "micro", dejando de lado la investigación sobre el funcionamiento de la sociedad en su conjunto. Si de algo podemos estar seguros en el campo de los estudios sociales, es que TODA teoría social relevante (en el sentido de haber ejercido una influencia significativa en el proceso de comprensión de cómo es la sociedad) se construyó en torno a la idea de que es necesario comprender la totalidad social y no sólo una parte de esta. En otras palabras, si estamos en condiciones de hablar de logros y progresos en el campo de la teoría social, éstos se han obtenido precisamente por medio de la adopción de un punto de partida centrado en la totalidad. Por el contrario, la decadencia y miseria de las "ciencias sociales" se expresa a través de la inflación en la producción de papers dedicados al estudio de cuestiones menores, sin plantear en ningún momento la conexión que existe entre los distintos aspectos de la realidad social. Si bien aquí carecemos de espacio para estudiar las causas de dicha decadencia, cabe indicar que ésta no obedece a causas "internas" a la teoría social (si bien el desarrollo académico de las "ciencias sociales" colabora en esa dirección), sino que responde a la situación actual de la relación entre las distintas fuerzas sociales en el contexto mundial. En un marco caracterizado por la derrota de las fuerzas sociales que cuestionaron en las décadas de 1960 y 1970 la existencia misma del capitalismo, es lógico que este sistema social aparezca a los ojos de los "científicos sociales" con la forma natural de organizar la producción y la sociedad. En otras palabras, la actitud de los "cientistas sociales" no es otra cosa que la versión "culta" de la concepción popular que sostiene que "nada se puede cambiar" y que lo único posible es "aguantar" o "ir tirando". Claro que, por supuesto, para el "científico social" el "aguantar" tiene un contenido bien diferente al de la persona de a pie que viaja en colectivo y sufre en carne propia las contradicciones del sistema social. Para el "científico social" el "aguantar" significa dejar de lado cualquier veleidad transformadora y dedicar su existencia a luchar por obtener financiamiento para realizar investigaciones que no le importan a nadie y con las que puede viajar por el mundo y disfrutar de una existencia que se asemeja a las de los sectores altos de la mediana burguesía.


Marx expresa, en la frase citada al principio de este texto, una concepción totalmente diferente de las tareas de la teoría social. Desde el comienzo mismo de la obra avisa que su objeto de estudio va a ser el modo de producción capitalista, y no algún aspecto aislado de este. Así, Marx continúa la tradición clásica de la filosofía política, para la cual era imprescindible el conocimiento del conjunto de las características de la sociedad. Esta toma de posición también implica una oposición al punto de vista del INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO, corriente que postulaba que todos los estudios sociales tenían que comenzar, necesariamente, por el individuo y sus características. No es casualidad que el individualismo metodológico constituya la base epistemológica de la economía política, disciplina que se encuentra en el centro de la crítica de Marx en El Capital. Además, y esto será motivo de tratamiento en entradas posteriores en este blog, el individualismo metodológico es el sustrato más general del sentido común en la sociedad capitalista, según el cual sólo existen las personas y sus aspiraciones, y todo aquello que está más allá del individuo carece de sentido.


Marx, entonces, afirma que va a estudiar el MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA. Esto significa que su investigación se va a centrar en la totalidad social, pero, además, que esta totalidad es estudiada desde el punto de vista del proceso de producción.


¿Qué significa esto?

Para Marx, toda sociedad tiene que resolver una serie de cuestiones vitales para su existencia misma. Una de estas es la de asegurar la provisión de alimentos y demás artículos que permiten la sobrevivencia misma de los inviduos que la integran, así como también su reproducción y la permanencia de la sociedad en las futuras generaciones. Ahora bien, la obtención de los bienes que satisfacen estas necesidades se logra, precisamente, mediante el desarrollo del proceso de trabajo, que puede ser concebido como la forma en que se verifica el intercambio entre los seres humanos y la naturaleza. De ahí que el proceso de trabajo ocupe un lugar primordial en toda sociedad, pues nos da la clave para entender la existencia misma de la sociedad. Además, para la realización del proceso de trabajo es necesaria la puesta en práctica de distintos tipos de relaciones entre los seres humanos (las RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN), que implican, como veremos en otros textos, la generación de relaciones de poder entre las distintas personas y la conformación de las CLASES SOCIALES.
El Capital tiene, pues, por objeto de estudio la sociedad capitalista, pero abordada desde el nivel de las relaciones sociales de producción. En nuestra época, en la que se han institucionalizado campos de investigación tales como la historia social y la historia económica, esto no parece demasiado novedoso. Pero si nos ubicamos en 1867, año en que se publicó la 1º edición de El Capital, esto constituyó un enfoque totalmente revolucionario que marcó un hito en la historia de la teoría social. Esto constituye uno de los mayores méritos de la obra, y tiene que ser destacado porque a partir de él se elaboró mucho de lo más valioso de la teoría social moderna (marxista y no marxista). En textos posteriores volveremos sobre esta cuestión, tan olvidada en los tiempos que corren.
Por último, hay que resaltar que Marx considera que el modo de producción está constituido por relaciones de producción e intercambio. Este punto es de suma importancia, porque sirve para entender que el núcleo de la concepción marxista de la sociedad se encuentra construido en torno a tres pilares: a) la sociedad como una totalidad; b) la centralidad del proceso de producción para entender la naturaleza de toda sociedad; c) la relación social como eje constitutivo de lo social. Un par de aclaraciones sobre el último punto. A diferencia de las concepciones tradicionales, que solían definir la relación a partir de los polos que la constituyen (por ejemplo, en la manera clásica de considerar la teoría del conocimiento, lo central era determinar si el factor activo era el polo del objeto o el polo del sujeto), Marx pensaba que era la relación la que constituía los polos o los extremos que se podían aislar mediante el análisis. Esto se percibe claramente en la concepción marxista del capital. Así, mientras que para los economistas el capital es una cosa (tierra, edificios, máquinas, dinero, etc.), para Marx el capital es una relación social, la cual hace que las cosas funcionen como capital. Por ejemplo, una máquina es capital en la medida en que haya trabajadores que la pongan en marcha; si estos últimos se declaran en huelga, la máquina deja de ser capital y pasa a ser una cosa que genera pérdidas a la empresa (pues hay que hacerle mantenimiento aunque no se la utilice).
Buenos Aires, domingo 28 de marzo de 2010

domingo, 21 de marzo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (1): EL MÉTODO





En el prólogo de la 1º edición alemana de El Capital (fechado en Londres el 25 de julio de 1867), Karl Marx (1818-1883) hace el siguiente comentario metodológico:
"Cuando analizamos las formas económicas, no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos. La facultad de abstraer debe hacer las veces del uno y de los otros." (I, 1: 6). (1) (2)

Antes de pasar a discutir el contenido de este fragmento, es conveniente hacer una breve referencia al contexto en que se inserta dicho pasaje. Marx señala que, a pesar de su sencillez, la forma mercancía del valor sólo pudo ser descubierta en el siglo XIX. Ahora bien, no cabe duda de que hubo economía mercantil (mejor dicho, distintas variantes de ésta) en todas las sociedades que pasaron del nomadismo al sedentarismo. La gran antigüedad de la forma mercantil lleva a formular el problema del porqué se demoró tanto en el descubrimiento de la forma mercancía. En otras palabras, la expresión más simple del valor sólo pudo ser descubierta cuando la mercancía había recorrido un largo camino histórico y se había convertido en una relación social omnipresente en todos los rincones de la sociedad.


Marx proporciona en la afirmación arriba citada el esbozo de una explicación para el problema mencionado arriba. Esta explicación, cabe decirlo, está expresada en el nivel metodológico antes que en el nivel ideológico. ¿Qué significa esto? De modo esquemático, puede afirmarse que toda teoría social expresa la visión del mundo de una determinada clase (o grupo) social, visión que refleja en líneas generales la peculiar experiencia vital de esa clase; dicho de otro modo, las condiciones específicas de vida de esa clase generan una manera especial de concebir la sociedad y el mundo. Esa visión del mundo es ideológica en la medida en que expresa una experiencia particular, y es tanto más ideológica cuanto más particular es. Un análisis de la teoría social en general (y de cualquier teoría social en particular) llevado a cabo desde el nivel ideológico, implica indagar, en primer lugar, los condicionantes sociales de dicha teoría o, lo que es lo mismo, en la conexión entre dicha teoría y la experiencia particular de una clase social. Así, por ejemplo, cabe decir que la economía política clásica constituye una expresión de la experiencia de la burguesía en ascenso de finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, en tanto que la teoría de Marx es una de las expresiones de la experiencia del proletariado en el siglo XIX.
Analizar la teoría social sólo en el nivel ideológico supone una simplificación tal que termina por oscurecer la comprensión de lo que se está estudiando. Hay que tener presente en todo momento que existen otros niveles de análisis, y que focalizarse exclusivamente en uno de ellos termina por una visión parcial, unilateral, de la teoría. Uno de estos niveles es el metodológico, y consiste en poner la atención sobre el punto de partida del análisis (los supuestos últimos de toda teoría, en el sentido de principios más generales sobre la sociedad), y sobre los instrumentos teóricos y de recolección de datos empleados por dicha teoría. Por tanto, este nivel de análisis se encuentra ligado indisolublemente a los supuestos epistemológicos de la teoría. Así, por ejemplo, la economía clásica es examinada desde el nivel metodológico centrando el estudio en los supuestos más generales de la teoría económica (por ejemplo, el supuesto de que los seres humanos son egoístas por naturaleza y que actúan con el objetivo de satisfacer sus propias necesidades, sin importarles un comino los padecimientos y necesidades de sus congéneres).

Ahora estamos en condiciones de examinar la explicación "metodológica" que esboza Marx para el problema del conocimiento tardío de la forma mercancía. La forma mercancía es la forma más simple del valor, y en teoría social todo lo simple viene oscurecido por el sello de la naturalización de los procesos sociales (es decir, atribuir a las relaciones sociales el carácter de relaciones naturales, eternas en tanto dimanan de una naturaleza humana inmutable y ahistórica). Aunque resulte una afirmación paradójica, lo complejo es sencillo a causa de su misma complejidad, pues permite recurrir al expediente de remitir a algo más simple para explicarlo.

¿En qué consiste, en el campo de la teoría social, la complejidad de lo más simple?

En primer lugar, en el hecho de que el objeto de estudio sean las relaciones sociales y no las cosas. En el pasaje citado Marx expresa esto de manera indirecta al decir que "no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos". Esto significa que no tratamos con cosas materiales, que pueden ser abordadas por procedimientos mecánicos. Todo aquél que se interesa por la teoría social tiene que vérselas con relaciones sociales, y ello hace que ni los procedimientos metodológicos privilegiados por las ciencias naturales ni las herramientas conceptuales forjadas por éstas puedan ser empleados sin tener en cuenta toda una serie de mediaciones, so pena de caer en la cosificación de las relaciones sociales. En pocas palabras, en la teoría social el concepto fundamental es del de relación, y la incomprensión de este punto es la que acarrea los problemas metodológicos más graves (entre ellos, queda abierta la puerta para la ideología de las clases interesadas en mantener el estado de cosas existente).

En segundo lugar, las "formas económicas" (que son, a pesar del "olvido" de muchos economistas, un tipo específico de relaciones sociales) tienden a ser naturalizadas, es decir, concebidas como formas sociales que son naturales y eternas. Lo social pierde, por tanto, su carácter histórico, lo que equivale a decir que se desvanece todo elemento dinámico, y se cristaliza en torno a esencias naturales e inmutables. Ahora bien, si se ignora la historia y se considera que lo existente es lo natural, no sólo se legitima el statu quo sino que se pierde la noción misma de relación en detrimento de la noción bien distinta de estructura. La relación implica concebir una totalidad dinámica, en la que el cambio y la transformación son la regla; en otros términos, la relación supone interacción, la cual deriva en el reconocimiento de la imposibilidad de que las cosas permanezcan iguales a sí mismas (por supuesto, subyace el postulado de que toda interacción conlleva necesariamente la transformación de las "partes" o "polos" que se relacionan). Por el contrario, la noción de estructura pone en el centro de la escena a la cuestión de la permanencia, de la estabilidad. No se trata, por cierto, de que la estructura suponga necesariamente una forma de pensamiento estática, pero si cabe reconocer que lleva implícita una fuerte tendencia a percibir lo social en función de lo estático, de lo que no se modifica.

Establecido lo anterior, podemos pasar a examinar la cuestión propuesta por Marx en el pasaje citado. Las herramientas metodológicas creadas para captar "cosas" (representadas aquí por el microscopio y por los reactivos químicos) no sirven para estudiar las relaciones sociales. Su empleo conduce inevitablemente a cosificar las relaciones sociales, reforzando el carácter aparencial ostentado por la realidad social y opacando la comprensión de todo lo que es fundamental para explicar lo que está sucediendo en la sociedad.

Todo lo dicho hasta aquí forma parte de un debate más amplio, a saber, el que gira en torno a la naturaleza del método dialéctico y a sus diferencias con otras herramientas teóricas para abordar el problema más general de la teoría social: el carácter que asumen la sociedad y las relaciones sociales. Un camino útil para continuar la discusión consiste en estudiar las diferencias que encuentra Marx entre el método de la abstracción dialéctica y el método analítico. Para ello es preciso remontarse a un texto anterior al del prólogo citado aquí; hay que retroceder hasta 1857 y revisar las formulaciones contenidas en la Einleitung (Introducción) a los Grundrisse (obra publicada mucho después de la muerte de Marx y que puede considerarse como el primer intento de redacción de El Capital). A esta cuestión estará dedicado el próximo artículo.

Buenos Aires, domingo 21 de marzo de 2010

NOTAS:

(1) En todas las notas dedicadas a El Capital utilizo, salvo indicación en contrario, la edición preparada por Pedro Scaron para Siglo XXI Editores (1º edición, 1975). En mi caso dispongo de un ejemplar de la 21º edición, publicada en México D. F. por la citada editorial. La traducción, advertencia y notas corresponden al citado Scaron.
(2) Para indicar la página correspondiente de la edición Siglo XXI procedo de la siguiente manera: I corresponde al número de Libro de la obra (recordar que El Capital está constituido por cuatro libros); 1 al número de volumen de la edición Siglo XXI (esta edición publicó los tres primeros libros en 8 volúmenes); 6 hace referencia al número de página de la edición Siglo XXI. Así, la referencia que figura entre paréntesis debe leerse del siguiente modo: Libro Primero, volumen 1, página 6 de la edición Siglo XXI de El Capital.



martes, 9 de febrero de 2010

UNAS PALABRAS EN CONTRA DE LA EDUCACIÓN

En las últimas décadas, frente a casi todos los problemas sociales (desocupación, delincuencia, pobreza, etc., etc.), se ha sostenido que la Educación es la solución mágica para remediarlos. Así, por ejemplo, en la década de 1990, cuando los niveles de desocupación se situaban alrededor del 20% de la PEA (población económicamente activa), políticos, periodistas e intelectuales afirmaban con vehemencia que había que promover la educación, pues ello permitiría capacitar a los desocupados, permitiendo de este modo su incorporación a un mercado laboral que hasta ese momento le era esquivo. En la actualidad, y frente a las periódicas menciones de los medios a las "olas de inseguridad", los políticos y opinólogos varios, que pretenden demostrar algo de "sensibilidad" frente a la realidad social, ponen a la educación como la panacea capaz de transformar a los "jóvenes delincuentes" en "ciudadanos de pro". Dicho de otro modo, en buena parte de nuestra sociedad está institucionalizada la concepción de que los problemas de nuestro país son el producto de una educación insuficiente, y que bastaría destinar los recursos suficientes a esta actividad para que en un plazo relativamente breve nos convirtiéramos en una nación fuerte y próspera.
¿Qué es la Educación?, ¿posee la educación la capacidad transformadora que se le atribuye? Como los distintos personajes que atribuyen a la educación propiedades cuasi mágicas no dicen ninguna palabra sobre las preguntas que acabamos de formular, se vuelve necesario intentar formular algunas respuestas a las mismas, con el objetivo de poner más claros los términos del problema y avanzar en la resolución del mismo.
En términos muy generales, cabe decir que la educación es el proceso de transmisión de conocimientos. Esta transmisión puede realizarse entre individuos de diferentes generaciones (asegurando de este modo la conservación del acervo cultural y tecnológico de la humanidad), o entre personas de la misma generación (permitiendo ya sea el aprendizaje de las prácticas establecidas o la transformación de las mismas). Como tal, es una actividad imprescindible para la supervivencia de los seres humanos, pues sin ella nos veríamos condenados a descubrir siempre las cosas y prácticas descubiertas por las generaciones anteriores. En otras palabras, sin ella nuestro nivel de vida permanecería estacionario y no podríamos hablar del desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Ahora bien, esta forma de definir a la educación no nos permite avanzar demasiado, pues la misma es válida para cualquier sociedad de cualquiera de los tiempos históricos. Dicho de otro modo, toda sociedad humana tiene que establecer alguna forma de transmisión de conocimientos de generación en generación si pretende sobrevivir en el tiempo. Es decir, definir a la educación de este modo equivale a no decir demasiado, o a decir algo que es aplicable tanto para las sociedades cazadoras y recolectoras como para la sociedad japonesa con su robotización de las actividades industriales y de la vida cotidiana. Si queremos avanzar en la comprensión del fenómeno educativo es necesario intentar indagar acerca de la naturaleza de la educación en una sociedad determinada en un contexto histórico también determinado.
La educación que nos ha tocado vivir es una educación que se da en el marco de una sociedad capitalista. Sin entrar en mayores detalles y sin entrar a polemizar con aquellos que niegan el carácter capitalista de nuestra sociedad, vamos a partir de la admisión del hecho de que nuestra sociedad es una sociedad organizada en torno a relaciones sociales de producción capitalistas.
¿Qué significa esto? Quiere decir que el proceso productivo, esto es, la producción de los bienes y servicios que satisfacen las necesidades de las personas, se realiza en el marco de la propiedad privada de los medios de producción. Hay un grupo de individuos (la clase burguesa, o la burguesía) que poseen la propiedad de los medios de producción y que, por tanto, tienen la potestad para establecer qué, cómo y en qué cantidad se va a producir. Al lado de esta clase se encuentra un enorme número de personas que tienen en común la carencia de propiedad de medios de producción. A consecuencia de esto se ven imposibilitados de producir por sí mismos todo lo que necesitan para la vida y están obligados, en las condiciones de la economía capitalista, a comprarlo en el mercado. Para obtener el dinero necesario para esa compra, las personas se ven obligadas a trabajar para otras a cambio de un salario. De este modo, y a partir de la propiedad de los medios de producción, quedan conformados dos grandes grupos de personas, las dos grandes clases sociales de la sociedad capitalista, burguesía y trabajadores. Por el momento vamos a proponer que se acepte este esquema de estructura social sin entrar en la discusión acerca de la validez o de la pertinencia teórica del mismo.
La educación que vivimos es, por tanto, la educación de una sociedad capitalista. Esto modifica de manera importante algunas de las características del proceso educativo. Por el momento, vamos a detenernos en lo referente a los fines y objetivos del mismo. Para empezar. La educación no tiene por objetivo principal el promover la difusión del conocimiento por el conocimiento mismo. Dicho de otro modo, si ese conocimiento no sirve para aumentar la productividad del trabajo y/o para promover la comercialización y venta de las mercancías, carece de utilidad y es, por ende, descartado. Desde el punto de vista de los sectores sociales que ejercen el poder en nuestra sociedad, la educación es concebida como un proceso dirigido a mejorar las condiciones de realización del proceso productivo, con el propósito de incrementar las ganancias que se obtienen a partir del mismo. Dada la estructura de nuestra sociedad, esas ganancias son apropiadas por la burguesía, en tanto clase que tiene la hegemonía del poder social. Esta situación determina que la educación se haya mercantilizado de manera creciente, y que este mercantilización no sea patrimonio exclusivo de las clases que establecen los lineamientos del proceso educativo, sino también de los mismos estudiantes.
A partir de lo anterior podemos formular las siguientes reflexiones. Si bien esto que vamos a decir es válido para todos los niveles educativos, vamos a focalizarnos en el nivel superior, básicamente en la Universidad, pues el mismo aparece en la ideología popular como una instancia supuestamente libre de condicionamientos materiales y/o políticos. Expresado más claro, todavía predomina la creencia de que en la Universidad se estudia por gusto o para adquirir conocimientos, en tanto que la utilidad mercantil de los mismos es una cuestión secundaria. Como puede verse a partir de lo expuesto en los párrafos anteriores, esta concepción tiene poco que ver con la realidad. En la actualidad y en nuestra sociedad, un estudiante es una mercancía, esto es, un objeto destinado a ser vendido en el mercado en un precio determinado. Este mercado es el mercado laboral, y los estudiantes compiten entre sí por quedar mejor posicionados en él. En este sentido, los conocimientos constituyen las herramientas para mejorar su posición, pues un estudiante que ha cursado mayor número de cursos o a completado algún ciclo de posgrado, tiene mayores probabilidades de venderse a un mejor precio que el estudiante que no ha cumplido con estos requisitos. El conocimiento, pues, deja de ser un fin y pasa a ser un medio, un medio que está ligado indisolublemente a la compra y venta de mercancías. La Universidad y la educación en general dejan de ser lugares en los que se practica la búsqueda de un conocimiento de carácter general, con la intención de mejorar al ser humano sacándolo de la estrechez de las condiciones particulares en que vive, y pasa a ser una especie de fábrica en la que se preparan mercancías para ser vendidas en el shopping (el mercado laboral). De hecho, las mismas Universidades entran en esta lógica y comienzan a competir entre sí para atraer un mayor número de estudiantes y profesores de renombre. En la actualidad, la enseñanza (y la investigación) en las Universidades está cada vez más ligada a las necesidades del mercado, siendo ella misma un mecanismo emparentado estrechamente con la producción de mercancías para el mercado.
Como es lógico, si se acepta el argumento expuesto en el párrafo anterior, es imposible atribuir un sentido liberador o engrandecedor de la personalidad humana al proceso educativo. No se trata por cierto de una actividad que nos hace mejores, sino que es un proceso que refuerza en nosotros las características propias de nuestra sociedad (individualismo, competencia, búsqueda de la ganancia, etc.). Esta afirmación no es válida, por supuesto, para todos los casos individuales, pero si permite comprender el sentido general del proceso. Es por ello que la educación no puede ser la respuesta a todos los problemas, pues ella misma está marcada y construida en torno a las contradicciones y antagonismos de nuestra sociedad. De ningún modo es un elemento neutral, sino que ella misma es una de las instituciones que refuerza la distribución existente del poder en nuestra sociedad.
Antes de concluir es conveniente hacer algunas reflexiones acerca del papel jugado por los estudiantes en todo este proceso. En primer lugar, hay que decir que la inmensa mayoría de los estudiantes que concluyen sus estudios universitarios en Argentina no pertenecen a las clases trabajadoras. Por el contrario, y a despecho de la gratuidad de los estudios vigente en el sistema de universidades nacionales, la mayoría de los estudiantes pertenecen a las clases medias y a los sectores dominantes (éstos últimos tienden a ubicarse en las universidades privadas). En segundo lugar, la mayor parte de los estudiantes tienen por objetivo mejorar su posición laborar o ascender socialmente mediante la conclusión de una carrera universitaria. Esto puede ser un objetivo valorable, pero tiene poco y nada que ver con la concepción del conocimiento como un valor en sí mismo. Dicho de manera extrema, para un estudiante es lo mismo "la Biblia que el calefón" si consigue obtener el tan ansiado título. En este marco, poco es lo que puede exigirse de sentido crítico acerca de los contenidos de lo que se está estudiando. Si se acepta que estas condiciones son las existentes, puede entenderse hasta que medida la educación tiende a reproducir las condiciones existentes. Lejos de ser transformadora o disparadora de potenciales cambios, la educación suele ser un espacio donde la rutina y el respeto a lo establecido (aunque sea maquillado de desparpajo o de una supuesta impugnación de los valores dominantes). En síntesis, la educación actual está impregnada del espíritu de la compra y venta, y esto constituye su principal contradicción.
San Martín, 9 de febrero de 2010

sábado, 26 de diciembre de 2009

COMENTARIOS A LAS TESIS SOBRE FEUERBACH

Ludwig Feuerbach (1804-1872)



Existen varias posibilidades para exponer los temas tratados en las Tesis sobre
Feuerbach.
Entre ellas, podría: a) comentarlas una a una, haciendo la exégesis y b)
agrupar el contenido por temas y desarrollar cada uno de ellos. Dado que estas
notas estaban originalmente destinadas a un curso (el texto original fue preparado para un curso de Sociología dictado en el Instituto del Profesorado Dr. J. V. González en 2005), he preferido la segunda opción.


1] La distinción entre el viejo IDEALISMO y el viejo MATERIALISMO.

Todo autor construye su obra en contra de algo. En el caso de Marx, las Tesis expresan su ruptura con la filosofía clásica alemana, incluyendo bajo esta última denominación tanto a la tradición idealista (que alcanzó su culminación con Hegel) como el “materialismo” de Feuerbach.

Marx empezó su actividad siendo un filósofo idealista hegeliano (luego feuerbachiano) y liberal. En el período comprendido entre su salida de la Redacción de la “Rheinische Zeitung” (marzo de 1843) y la elaboración de La ideología alemana (1845-46), Marx realizó estudios [y también experiencias políticas: contacto con los socialistas y con el movimiento obrero] que lo llevaron a SUPERAR la problemática filosófica.

¿Cuál es esta problemática filosófica?
Una forma de expresión de la misma es la antítesis IDEALISMO – MATERIALISMO. Marx va a sostener que ambas posiciones son ABSTRACTAS, y que esa abstracción es una manifestación en el plano de las ideas de la escisión imperante en la sociedad entre trabajo manual y trabajo intelectual [que remite, a su vez, a escisiones más profundas, dadas por las relaciones de propiedad de los medios de producción].
¿Qué es el viejo MATERIALISMO?
Es una concepción del conocimiento y de la práctica humanos que postula la supremacía del objeto sobre el sujeto. Para comprender mejor su naturaleza es necesario plantear una visión ampliada de la cuestión, en la que el conocimiento es una parte (importante, pero parte al fin) de un proceso más general, que consiste en la apropiación y transformación del mundo por los seres humanos. Marx sostiene que esta apropiación se verifica a través del proceso de trabajo, dado que el mismo es condición imprescindible para la existencia de toda sociedad. Es por esto que el tema del materialismo tiene que ser abordado en el marco de las diferentes formas históricas que ha asumido la apropiación de la naturaleza por los seres humanos.

El VIEJO MATERIALISMO es un resultado de la sociedad dividida en clases, donde el trabajo es atributo de las clases dominadas, explotadas. Es la contra cara del IDEALISMO, con su desprecio por el mundo empírico. En este punto hay que efectuar una observación relevante para los temas tratados aquí: el modo de producción capitalista modifica radicalmente la actitud de las clases dominantes hacia el proceso de trabajo, pues dejan de ser exteriores al mismo, como ocurría en las formaciones económicas precapitalistas. La burguesía es la primer clase dominante de la historia interesada efectivamente en ejercer un control efectivo del proceso productivo.

En este sentido, podria pensarse que el capitalismo está en condiciones de generar una teoría del proceso de producción que concibiera a éste como una totalidad, superando el carácter abstracto del idealismo. Sin embargo, esto no es posible, pues el modo de producción capitalista se basa en la explotación de los productores por los capitalistas. Por ello, el proceso de trabajo y el conocimiento son representados en forma abstracta.
¿De qué manera?
La acción humana que se apropia de la naturaleza [el intercambio hombre – naturaleza] es representada como una acción individual, y no como una acción colectiva. La tesis IX es clarísima respecto a los límites de este materialismo: “lo más a que puede llegar el materialismo contemplativo (...) es a contemplar a los diversos individuos sueltos y a la sociedad civil”. De este modo, las CLASES SOCIALES [y la explotación] desaparecen del horizonte teórico del capitalismo.

La tesis X es el corolario del punto anterior. El viejo materialismo, que define al proceso de producción [y de conocimiento] en forma unilateral, reproduce este esquema al abocarse al análisis de los fenómenos sociales: de un lado están los individuos, del otro, el Estado. La mesa está servida para el desarrollo de la dicotomía individuo – sociedad, un tema clásico de las Ciencias Sociales construidas burguesía.

Los filósofos sociales tomarán uno u otro extremo de la dicotomía; de allí surgirán tanto el INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO como el HOLISMO. El viejo materialismo [en su corriente moderna] arranca con Hobbes y alcanza su pleno desarrollo en la filosofía anglosajona. En un sentido amplio, el utilitarismo, el liberalismo, la economía clásica y el individualismo metodológico, son los herederos de dicha corriente.

La referencia a la SOCIEDAD CIVIL [tesis IX y X] debe ser entendida de la siguiente manera: en el modo de producción capitalista, la escisión individuo/sociedad se expresa, entre otras formas, a través de la escisión entre la SOCIEDAD CIVIL y la SOCIEDAD POLÍTICA. En la primera, el individuo actúa en forma egoísta y lucha contra sus semejantes para satisfacer sus deseos; en la segunda, el individuo se convierte en ciudadano y debe preocuparse por el interés general. En resumen, el egoísmo vs. el altruísmo. El mundo real vs. la ficción política. El “lobo del hombre” vs. “todos los hombres son hermanos”. El materialismo, con su exigencia de realismo en el análisis, no duda en presentar a la sociedad civil como la expresión de las tendencias inherentes a la naturaleza humana.3

¿Qué es el IDEALISMO?
Es una concepción de la práctica y del conocimiento que privilegia el rol del sujeto. Es lo opuesto [y la otra cara] del viejo materialismo. El carácter abstracto de la relación está dado porque sólo el sujeto está actuando [el caso extremo es el solipsismo]. Marx se refiere al IDEALISMO en la tesis I diciendo que representa el lado ACTIVO de la relación [por oposición al viejo materialismo que capta la cosa] y que no conoce “la actividad real, sensorial”. En el resto de las tesis, no vuelve a usar el término idealismo.
¿Por qué esta diferencia en el tratamiento respecto al materialismo?
Ante todo, porque el texto está pensado como una crítica de la filosofía de Feuerbach, que se plantaba frente al idealismo alemán, como una salida materialista. Además, la crítica del idealismo alemán está concentrada en otros textos del período, sobresaliendo entre ellos la ya citada Ideología Alemana. Ahora bien, en un sentido más profundo, la crítica de Marx va dirigida contra toda la vieja filosofía [ver tesis XI] y no contra el materialismo o el idealismo en particular. El argumento contra el carácter abstracto del materialismo se aplica perfectamente al idealismo.
Marx se plantea no tomar los puntos fuertes de uno u otro al estilo de los filósofos eclécticos, sino que quiere superar la filosofía en tanto forma de producción intelectual propia de las sociedades de clase. La superación de la filosofía, en términos de Marx, forma parte de un proceso más vasto, el de la REVOLUCIÓN PROLETARIA, que suprimirá los antagonismos de clase [puesto que el proletariado no tiene nada que perder, excepto sus cadenas] y cerrará la etapa de la prehistoria humana. Este es el sentido de la famosa tesis XI.

Volviendo al IDEALISMO. En las formaciones económicas precapitalistas fue la ideología preferida de las clases dominantes. (Aquí el caso paradigmático es el de Platón). La escisión trabajo intelectual [y capacidad para gobernar] vs. trabajo manual alcanzó niveles dramáticos en dichas sociedades. El idealismo en tanto “lado activo” se manifestó como mera actividad intelectual, que experimentaba horror por lo empírico. Actividad vaciada de todo contenido concreto y, por ende, unilateral, abstracta en el peor sentido de la palabra. En el modo de producción capitalista, el idealismo asumió nuevos rasgos, derivados de la nueva posición de las clases dominantes frente al proceso de trabajo. En términos de Balibar en su obra La filosofía de Marx (Buenos Aires, Nueva Visión, 2000, pp.30-31) el idealismo apareció también como filosofía de la subjetividad. En el modo de producción capitalista surgió el INDIVIDUO, y el idealismo legitimó el rol creador de éste. Ver el idealismo alemán, coronado por la obra de Hegel. Sin embargo, y este es un punto interesante a desarrollar, el modo de producción capitalista, con su cosificación de las relaciones sociales, se siente incómodo con el idealismo. Prefiere la impersonalidad. De ahí la hegemonía de las corrientes derivadas del materialismo [ver pág. 2].

2] La PRÁCTICA como superación de la dicotomía materialismo – idealismo.
En la forma en que Marx concibe la PRÁCTICA, el objeto y el sujeto (presentes en el materialismo y en el idealismo) no existen como tales [en la forma abstracta en que veían el proceso el idealismo y el materialismo], sino que se constituyen y se reproducen a sí mismos en el momento de la práctica. El sujeto y el objeto sólo pueden aislarse con fines analíticos; en la práctica, están unidos en forma inseparable.

El enfoque de Marx representa la superación de la vieja forma de plantear la cuestión de la producción en general (y del conocimiento en particular), forma que era funcional a los intereses de las clases dominantes en las formaciones económicas precapitalistas y en el propio modo de producción capitalista. Lleva a asumir en toda su extensión la centralidad de la producción [=producción de cosas, relaciones sociales e ideas] en la constitución de la sociedad y de los individuos, y no en la forma vergonzante en que lo hace, por ejemplo, la economía. Implica una ruptura copernicana con las viejas formas de teoría social. Implica reescribir el método dialéctico, superando la versión idealista hegeliana del mismo.
En el texto, Marx se refiere a la PRÁCTICA en la tesis I [actividad humana = “actividad objetiva”; “actividad revolucionaria”, “actividad crítico práctica”; tesis II, relaciona la cuestión de la VERDAD con la práctica]; tesis III [la transformación de la sociedad y de los individuos como PRÁCTICA REVOLUCIONARIA]; tesis V [lo sensorial como “actividad sensorial – humana práctica”]. Sin embargo, para comprender mejor la fuerza de la ruptura planteada por Marx, hay que referirse especialmente al texto de las tesis VIII y XI.

En la tesis VIII afirma que “toda vida social es esencialmente práctica”. La práctica está dirigida a la producción y reproducción de los individuos. Para ello, es necesario producir y reproducir cosas [bienes y servicios en una terminología más del tipo de la economía académica], relaciones sociales e ideas [ideología]. Es en este sentido que puede afirmarse que la práctica [la producción] constituye la sociedad. La sociedad, los individuos, las ideas, no existen en forma aislada, existen en la práctica. De ahí se comprende la afirmación de Marx en el segundo párrafo de esta tesis. El “misticismo” de la teoría expresa el punto de partida unilateral de la vieja filosofía.
En la tesis XI [tan famosa y tan poco aplicada por los intelectuales de izquierda – ¡y tan puesta en práctica por los empresarios capitalistas! -] Marx plantea en términos lapidarios su ruptura con la vieja filosofía. Sin embargo, detrás de su carácter terminante se esconden algunos problemas.
Veamos dos de ellos:
a) la interpretación que hacían los filósofos no consistía en una mera contemplación desinteresada del mundo, sino en una forma específica de práctica intelectual tendiente, en general, a legitimar las relaciones sociales existentes [o, en el caso de la Ilustración, nuevas relaciones de clase]. La antítesis de Marx entre INTERPRETACIÓN – TRANSFORMACIÓN debe ser entendida en estos términos: PRÁCTICA TENDIENTE A LA REPRODUCCIÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES EXISTENTES vs. PRÁCTICA REVOLUCIONARIA;
b) la TRANSFORMACIÓN a la que se alude al final de la tesis no debe confundirse con otros modos de transformar el mundo. El modo de producción capitalista ha mostrado – y sigue mostrando – una enorme capacidad para transformar el mundo a su imagen y semejanza. Como es obvio, Marx no está abogando aquí por la transformación capitalista del mundo. Se está refiriendo, por el contrario, a la TRANSFORMACIÓN REVOLUCIONARIA [ver tesis III y IV], la cual
eliminará las clases sociales y, por ende, los fundamentos de la vieja filosofía. En definitiva, para superar las viejas formas de práctica intelectual es necesario transformar las prácticas [relaciones sociales de producción] que les dieron origen.
En la tesis X, Marx denomina a la nueva concepción MATERIALISMO MODERNO. Esta denominación no debe malinterpretarse. No es un materialismo centrado en la materia, como es el caso del materialismo anterior, sino que se trata de una concepción que privilegia el papel de la práctica (Cfr. Balibar, 2000:30).

La ruptura radical de Marx con las viejas formas de filosofía en general, y de teoría social en particular, no puede concebirse como un fenómeno puramente intelectual, sino que debe conectarse con el desarrollo de la lucha de clases en el modo de producción capitalista [concretamente, el ascenso del movimiento obrero en Europa en la década de 1840]. La existencia del PROLETARIADO, en tanto clase despojada de todo en el modo de producción capitalista (es decir, una clase que no tiene ningún interés en el mantenimiento del orden existente), es la condición necesaria para poder pensar y llevar a la práctica la superación del capitalismo por el comunismo. ¿Por qué? Porque la práctica del proletariado es una práctica opuesta radicalmente a la práctica de la burguesía. De ahí la diferencia esencial entre el marxismo y el socialismo utópico, concepción que por su incomprensión de la práctica de la sociedad capitalista, está ligada a los marcos teóricos de la vieja filosofía.

En la tesis III, Marx critica la “teoría materialista” del cambio de las circunstancias y la educación. Para el viejo materialismo hay una dicotomía circunstancias – educación, expresión del carácter abstracto de esta concepción. Marx utiliza su nueva concepción para superar el punto de vista unilateral: las circunstancias son cambiadas por los hombres y el educador debe ser educado. Sólo la PRÁCTICA REVOLUCIONARIA [la del proletariado] puede resolver esta situación. Nótese cómo Marx recupera el papel activo del sujeto - superando el enfoque idealista - echando por tierra las teorías sobre la capacidad emancipadora de la educación. En términos generales, Marx plantea que la única salida al modo de producción capitalista es la práctica revolucionaria [que
es una práctica colectiva]. Cualquier forma de salida individual no pone en cuestión las prácticas que constituyen el modo de producción capitalista, por el contrario, constituyen otras tantas formas de ALIENACIÓN.

En la tesis IV aborda la cuestión del fenómeno religioso. La autoenajenación religiosa no puede ser superada simplemente por la comprensión de los mecanismos que operan en ella. Es en este sentido que puede afirmarse que el CONOCIMIENTO no nos hace libres. Para emanciparse es necesario eliminar prácticamente los fundamentos materiales que generan la alienación religiosa
[las prácticas que reproducen la alienación religiosa]. El pasaje fundamental es el siguiente [refiriéndose al “fundamento terrenal” de la autoenajenación religiosa]: “... es necesario tanto comprenderlo [a dicho fundamento] en su propia contradicción como revolucionarlo prácticamente”. Frente a Feuerbach, quien sostiene que la religión puede ser eliminada mediante el conocimiento por los hombres de su verdadera “esencia”, Marx plantea la unidad de teoría y
práctica, unidad en la cual estén ambas [en tanto proceso]. Pero, y es importante destacarlo, no se trata sólo de esto, sino que la unidad teoría – práctica obliga a redefinir tanto a la teoría como a la práctica. Así, por ejemplo, Feuerbach define la teoría como conocimiento de la ESENCIA [humana]. De ahí el carácter contemplativo que asume el conocimiento, etc. Para Marx, la esencia
como tal [=sustancia inmutable] no existe. El conocimiento de la religión debe ser, entonces, conocimiento de las contradicciones sociales, las cuales existen en la práctica. De ahí que haya dedicado su vida al estudio del modo de producción capitalista.

Por último, el énfasis en la práctica no debe hacernos olvidar que la teoría es un momento necesario de la revolución de las condiciones existentes [de hecho, se trata de una condición más]. Caso contrario, corremos el riesgo de transformarnos en esos “revolucionarios” que braman contra el capitalismo de las máquinas de vapor, aún cuando vivan en el siglo XXI.

4] La cuestión de la verdad [y de la objetividad] de la teoría. 5
El criterio de VERDAD adoptado por Marx está en relación directa con su concepción de la práctica, tal como la hemos desarrollado en los puntos 2] y 3] de estos comentarios. En el texto, aparece expuesto en la tesis II [a la que habría que agregar toda la segunda oración de la tesis VIII].
Para la filosofía tradicional [y ella incluye, por supuesto, a la teoría del conocimiento], la verdad era algo que podía alcanzarse o, mejor dicho, un criterio que permitía clasificar las afirmaciones en verdaderas o falsas. Ese criterio era objetivo, en el sentido de que existía con independencia de las opiniones de los individuos. La VERDAD era, si se permite la analogía, una IDEA PLATÓNICA, esto es, tenía una entidad real. La afirmación de Marx en la tesis II [“es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento”] tiene que ser aclarada:

1) la VERDAD no existe como una meta ideal que deba ser alcanzada por la práctica;
2) la teoría en sí misma no puede ofrecer ninguna verdad, ningún tipo de conocimiento absoluto;
3) la VERDAD sólo existe en su construcción, en la práctica, como proceso.
Pensarla de otra manera equivale a encararla de forma abstracta. Ahora bien, dado que la VERDAD sólo existe en la práctica, y que la práctica no tiene un resultado establecido de antemano [no es teleológica, porque ello implicaría que la verdad habita al final de la historia], no es posible justificar afirmaciones tales como “el futuro pertenece al proletariado”; “el advenimiento
del socialismo es inevitable”. No existe una verdad absoluta a la que podamos aferrarnos, sólo tenemos la verdad que podamos construir. Esta tesis contiene las bases teóricas para una refutación del “marxismo” mecanicista [o de variantes como el stalinismo]. La tesis VIII nos da una indicación importante. La teoría, separada de la práctica, abstracta, se convierte en “misticismo”. No es otra cosa que una variedad de la ALIENACIÓN, que es la forma específica de relación del productor con su producto en el modo de producción capitalista [vacilo en extender esta afirmación a las formaciones económicas precapitalistas]. El “misticismo” resulta funcional a los intereses de las clases dominantes, porque distrae a los intelectuales y evita que éstos puedan cuestionar su dominación. Expresa una “práctica alienada”. La salida es, para Marx, la práctica revolucionaria.

5] La cuestión de la esencia humana.

El tema es abordado en la tesis VI. El primer párrafo es crucial y puede dividirse en dos afirmaciones fundamentales, dejando de lado la alusión a Feuerbach en la primera oración:

a) la negación de la concepción filosófica de la naturaleza humana;
b) la definición positiva de la naturaleza como el “conjunto de las relaciones
sociales”.

Veamos cada una de estas proposiciones por separado.

a] Marx niega que la naturaleza humana sea “algo abstracto e inmanente a cada individuo”. La filosofía social y política, dada su incapacidad para concebir la práctica como proceso constituyente de la sociedad, se veía obligada a formular la hipótesis de una naturaleza humana ahistórica e inmutable como factor que explicaba las características de la sociedad y de las conductas humanas.
Al respecto, hay que destacar dos cuestiones:
1) el recurso a la naturaleza humana fue adoptado tanto por filósofos de la totalidad [holistas, como dirían los anglosajones] como por los individualistas. Bastan los casos de Aristóteles [el hombre es un ser social por naturaleza] y Hobbes [el hombre es malo y egoísta por naturales] para
ejemplificar ambas posiciones. Más allá de las diferencias entre ambas posturas, que deben ser abordadas en otro lugar, esta coincidencia obedece a que todos ellos se sitúan en sociedades divididas en clases con intereses antagónicos [y que todos ellos eran intelectuales orgánicos de las clases dominantes];
2) la naturaleza humana, definida del modo señalado, constituye un mecanismo ideológico dirigido a naturalizar las relaciones sociales imperantes. Esto es sencillo y contundente: si la naturaleza humana es una e inmutable a lo largo de la historia, cualquier conducta o acción que vaya en contra de la misma aparece como antinatural y anti-racional. La racionalidad [con todo su poder legitimador] queda del lado de quienes definen la naturaleza humana. Esto muestra que las Ciencias Sociales no son neutrales, que el mero hecho de atribuirse la racionalidad [cientificidad]
constituye una operación con fuertes implicaciones ideológicas. [Esto nos lleva directamente a la cuestión de la verdad, tratada en el punto 6 de estas notas]. La apelación a la naturaleza humana jugó un papel importante en el surgimiento de las Ciencias Sociales burguesas. A través de Hobbes, Locke, etc., influyó en el desarrollo de la Economía Política clásica [ver Adam Smith y la “propensión a comerciar”]. Por tanto, la crítica que hace Marx a Feuerbach en este tópico debe entenderse como formando parte del aparato conceptual con el que primero inició sus estudios económicos.
En los párrafos tercero y cuarto de la tesis, Marx achaca a Feuerbach:
1) prescindir del proceso histórico. Y aquí hay que prestar atención. Dejar de lado la historia conlleva a que Feuerbach presuponga un “individuo abstracto, AISLADO”. Es el mismo procedimiento adoptado por los contractualistas y por la Economía Política clásica;
2) la naturaleza humana aparece como “género”, como algo que une de modo “NATURAL” a los individuos. Dado que Feuerbach no llega a las relaciones sociales, tiene que generar un sucedáneo para las mismas. Lo mismo sucede con los economistas. En resumen, tenemos aquí algunos elementos para establecer la relación entre naturaleza humana, ahistoricidad, individualismo, contractualismo y Economía Política clásica.

b] ¿Qué significa que la naturaleza humana es el “conjunto de las relaciones sociales?

Este es el resultado lógico de la aplicación de la PRÁCTICA. En base a su punto de partida, Marx se ve obligado a rechazar la concepción de la naturaleza humana propia de la filosofía, porque establece una relación abstracta, en la que existen dos polos, y uno de ellos explica el sentido de la relación. Para esto, ver el gráfico siguiente:
Para Marx, los dos polos de la relación sólo existen para los fines analíticos. La naturaleza humana sólo se constituye a través de las relaciones sociales, las cuales son necesariamente históricas [no pertenecen a todos los tiempos, sino a un lugar y un tiempo determinados]. De esto se desprende un corolario fundamental: los fenómenos sociales deben ser estudiados como relaciones, no como cosas o sustancias [para usar la terminología filosófica]. Así, por ejemplo,
Marx va a definir al capital como una relación social.

6] El criterio de verdad.
El tema es planteado en la tesis II. En la última oración del mismo, Marx expone la concepción de la vieja filosofía, para la cual la VERDAD era una cuestión que podía resolverse en forma abstracta, separada de la práctica. Marx se refiere explícitamente a la escolástica, pero su afirmación es aplicable a casi toda la filosofía clásica y medieval. Es interesante notar que este divorcio de la práctica sentaba las bases para la creencia en alcanzar el conocimiento absoluto [Cfr. la teoría de las ideas de Platón]. Esto debe relacionarse con la exterioridad de las clases dominantes respecto al proceso de producción. La filosofía derivada de las relaciones capitalistas modificó radicalmente el problema del criterio de verdad.

Para Marx, el criterio de verdad no puede ser otro que el de la práctica. Pero, inmediatamente aquí se plantea un problema. En toda sociedad de clases, hay por lo menos dos prácticas diferentes:

1) la de la clase propietaria;
2) la de la clase no propietaria.

Si esto es así, y Marx está en un todo de acuerdo, ¿cómo decidir cuál práctica sirve para fundar el criterio de verdad? Dos son las respuestas posibles: a) todas las prácticas son iguales y, por tanto, todas sirven igualmente como criterios de verdad. Esto nos lleva directamente al relativismo; b) se decide elegir una práctica para fundar sobre ella el criterio de verdad, descartando las demás.

Marx sigue este último camino y afirma que la práctica revolucionaria del proletariado constituye el criterio de verdad buscado. En las Tesis, Marx no brinda elementos para justificar esta afirmación. Al respecto, consultar la Introducción a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Ahora bien, el texto de la tesis es demasiado escueto, pero se desprende otro corolario importante. Si la práctica es el criterio de verdad, me parece que queda claro que no es posible alcanzar el conocimiento absoluto, puesto que toda práctica es siempre perfectible [y es, además, una construcción, un proceso]. No existe, por tanto, la historia=teleología.

domingo, 26 de abril de 2009

UNA MUESTRA DE RELATIVISMO TEÓRICO

Ruth Sautu es una sociólogo argentina, con una destacada trayectoria como investigadora y como docente en el área de la Metodología de la Investigación. En 2003 publicó Todo es Teoría: Objetivos y métodos de investigación (Buenos Aires: Lumière), obra que tiene entre sus méritos el enfatizar el papel jugado por la teoría en el proceso de investigación.
De la obra citada quiero destacar el siguiente pasaje, porque refleja una concepción que tiene que ser discutida a fondo: "Para alguien como nosotros, que creemos que todo es teoría, incluso que las metodologías son teorías que postulan reglas de procedimiento para producir conocimiento válido (válido en términos del contexto en que fue producido), resulta difícil pensar que unas teorías son mejores que otras en sí mismas." (p. 34)
La proposición citada carece de mayor sentido si se la toma literalmente. Una teoría en sí misma es una construcción vacía, que no merece ser discutida. Las teorías se construyen no por satisfacer un deleite lógico, sino para hacer frente a los problemas sociales, que siempre son concretos. Así, por ejemplo, la teoría durkheimniana del pasaje de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica en la sociedad moderna carece de sentido si se la presenta en el vacío (en sí misma). Sólo cobra valor en la medida en que se la utiliza para analizar la transformación de las sociedades precapitalistas en sociedades capitalistas (en esto consiste, en definitiva, el proceso de construcción de la "modernidad"). De modo que Sautu plantea mal la cuestión desde el principio. Pero, y esto es lo más importante, la autora sostiene que las teorías son igualmente válidas. Esta afirmación es falsa, y deriva del clima intelectual de la posmodernidad, en el que todas las cosas dan lo mismo.
La cuestión tiene que ser planteada de una manera bien diferente. Ante todo, hay que tener en cuenta que las teorías diferentes expresan en el plano conceptual las luchas y antagonismos que se verifican en la sociedad, es decir, que su origen escapa al plano estrictamente académico y/o científico, y se entronca con la cuestión más general de las distintas ideologías que compiten entre sí en la sociedad capitalista. Paradójicamente, la afirmación de Sautu tiende (en contra de las intenciones manifestadas por la autora a lo largo de toda la obra citada) a relativizar el rol de la teoría. Y el "relativismo teórico" constituye una de las principales manifestaciones de la miseria de la sociología en estos tiempos.

domingo, 12 de abril de 2009

DURKHEIM Y MARX (I)

La Sociología Clásica es el término que sirve para designar un vasto cuerpo teórico producido entre c.1880 y c.1920. Entre sus máximos exponentes se encuentran autores tan disímiles como Emile Durkheim (1858-1917) y Max Weber (1864-1920). Los temas fundamentales de este corpus son: la naturaleza del lazo social, la especificidad del capitalismo occidental (¿Por qué surgió en Occidente y no en China?, ¿Qué factores permitieron el desarrollo del mismo?) y la búsqueda de caminos que permitan eliminar y/o mitigar la lucha de clases y el conflicto social. La producción de todos los sociólogos que son agrupados en esta corriente está marcada por la crisis, una profunda crisis que sacudió al capitalismo tanto en el plano ideológico como en el económico-político y que tuvo sus expresiones más altas en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y en la Revolución Rusa de 1917.
A diferencia de otras ciencias sociales, la Sociología es la ciencia de la crisis por antonomasia. En términos más llanos, la buena sociología se produce en períodos de crisis, cuando los poderes y los valores establecidos se hallan luchando por sobrevivir frente al embate de otras fuerzas sociales. En esos momentos, los sociólogos intentan echar una mirada al conjunto de la sociedad, abandonando sus investigaciones micro o sus micro investigaciones (da lo mismo). Dado, además, que la sociología no es una ciencia revolucionaria, las investigaciones de los sociólogos arrojan luz sobre la manera en que los intelectuales orgánicos de la burguesía (lectores de las jóvenes generaciones: así llamábamos en tiempos pretéritos a la clase dominante en la sociedad capitalista, es decir, aquél conjunto de individuos que controlaba los medios de producción) conciben las bases de la dominación capitalista sobre la sociedad. En este sentido, y dada la magnitud de la crisis que les tocó experimentar, los sociólogos clásicos merecen con toda justicia el adjetivo que califica a su sociología, pues sus producciones se caracterizan por un enfoque de la totalidad social que se perdió en las décadas posteriores.
Para comprender en toda su magnitud la importancia de este cuerpo teórico es necesario tener presente que el mismo se construyó en una confrontación con el marxismo, que estaba expandiéndose en los medios obreros y entre algunos intelectuales europeos de fines del siglo XIX. El marxismo, una teoría social edificada sobre bases totalmente diferentes a las de la sociología y las demás ciencias sociales, representaba un desafío formidable tanto en el plano teórico como en el político. Durkheim y Weber llevaron adelante sendos intentos, con suerte dispar, de refutación del marxismo. En alguna otra entrada de este blog haremos referencia a la crítica del marxismo realizada por estos autores. Ahora quiero detenerme en un punto importante para la constitución de la sociología, esto es, la influencia que ejerció en la teoría sociológica de Durkheim la obligación de enfrentar al marxismo.
La división del trabajo social (1893) es el título de la tesis de doctorado de Emile Durkheim, y representa una de las obras fundamentales de la sociología de todos los tiempos. No corresponde aquí hacer el elogio de la misma (ya volveremos muchas veces sobre su contenido). En ella Durkheim se pregunta por la naturaleza de los vínculos que ligan a los individuos entre sí, y denomina a este lazo solidaridad. Según Durkheim, existen dos grandes formas sociales (claro que en el texto identifica muchas variantes de las mismas), caracterizadas por dos tipos diferentes de relaciones sociales, la solidaridad mecánica y la solidaridad orgánica. En términos muy generales, cabe decir que la primera remite a las sociedades precapitalistas, en tanto que la segunda hace referencia a la sociedad moderna, cuyo eje es la producción de mercancías. No es este el lugar para analizar las debilidades del análisis durkheimniano. Sí, en cambio, considero oportuno hacer notar una fuerte semejanza entre el análisis efectuado por Durkheim del contenido de las relaciones sociales en el capitalismo, y el llevado a cabo por Karl Marx (1818-1883) en el capítulo 1 del Libro I de El Capital. Ambos trabajan, desde marcos teóricos e intereses políticos bien distintos, la cuestión de la cosificación de las relaciones sociales en el modo de producción capitalista.
¿A qué llamamos cosificación de las relaciones sociales?
En la producción mercantil, (esto es, en la forma de producción cuya característica fundamental consiste en que individuos recíprocamente indiferentes que son propietarios de medios de producción llevan sus mercancías al mercado para venderlas allí y obtener así los productos necesarios para satisfacer sus necesidades), las personas se relacionan entre sí a través de las cosas. En otras palabras, no voy al mercado porque me interesen las virtudes personales del vendendor de encendedores o de biblias; concurro a ese lugar (ojo, se trata de un lugar social, no físico) para obtener las mercancías que preciso para dar satisfacción a mis necesidades. Por supuesto, debe ir munido de una cosa que satisfaga necesidades de otros, pues de otro modo el intercambio mercantil es imposible. El dinero, operando como mediador en las operaciones de compra y venta, se transforma en el verdadero nexo entre las personas. Ahora bien, a mayor extensión de las relaciones mercantiles, se produce un aumento de la cosificación de las relaciones sociales y una disminución de los contactos "verdaderamente humanos". Como el capitalismo es la variante más exacerbada de la producción mercantil, se entiende el porqué se afirma que la sociedad capitalista tiende a la cosificación de todas las relaciones sociales.
Karl Marx efectuó un análisis clásico de la cosificación en el punto 4 del capítulo 1 del Libro I de El Capital (1867). Allí Marx expresa su opinión sobre el contenido científico de la economía política clásica (Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, etc.) y sostiene, respecto a los conceptos elaborados por los economistas burgueses, que "se trata de formas de pensar socialmente válidas, y por lo tanto objetivas, para las relaciones de producción que caracterizan ese modo de producción social históricamente determinado: la producción de mercancías. Todo el misticismo del mundo de las mercancías, toda la magia y la fantasmagoría que nimban los productos del trabajo fundados en la producción de mercancías, se esfuma de inmediato cuando emprendemos camino hacia otras formas de producción". (Marx, Karl, El Capital, México D. F., Siglo XXI, 1996, t. I, vol. I, pág. 93). El pasaje es significativo porque Marx no considera a la economía política como un engaño sistemático para adormecer al conjunto de la sociedad, por el contrario, afirma que las categorías de los economistas expresan lo que ocurre en la sociedad capitalista, claro que de una manera naturalizada, es decir, partiendo del supuesto de que las relaciones mercantiles expresan una forma de ser, una esencia, propia de los seres humanos. En rigor, los economistas no mienten, sino que se dejan llevar por la cosificación, que parece dotar a las cosas de propiedades humanas.
Marx caracterizó a la cosificación del siguiente modo: "Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores." (Marx, Karl, op. cit., pág. 88). En otras palabras, la producción mercantil transforma en los seres humanos en simples soportes de las cosas, que son las que verdaderamente parecen entrar en relación. Las consecuencias teóricas de este descubrimiento de Marx son enormemente valiosas, y muchos autores han abrevado en el punto 4 (Fetichismo de la mercancía) del capítulo I.
(Continuará)