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sábado, 17 de octubre de 2026

LOS ORÍGENES DEL BRASIL MODERNO: FICHA SOBRE UN ARTÍCULO DE WALDO ANSALDI

 

Getúlio Vargas


Ariel Mayo (ISP. Dr. J. V. González / UNSAM)


El profesor Waldo Ansaldi es un historiador que sabe transitar con inteligencia un terreno en el que se entrelazan la ciencia histórica, la sociología y la ciencia política. Esta ficha de lectura está dedicada a un artículo de Ansaldi, dedicado a un período crucial de la historia de Brasil. 

Noticia biográfica: 

Waldo Ansaldi (n. 1943), historiador argentino. Licenciado en Historia (UN de Córdoba, 1973) y Doctor en Historia (UN de Córdoba, 1984). Profesor de Historia Latinoamericana en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA (1984-2012). Director de la Carrera de Sociología de la UBA (1992-1994). Investigador del CONICET (1989-2012).

Referencia bibliográfica: 

Ansaldi, W. (2002). Ni rojo ni verde: verde e amarelo. Brasil en los años 1930. En Tierra en llamas: América Latina en los años 1930. (pp. 13-37). La Plata, Argentina: Ediciones al Margen.

Luego de este preámbulo, pasemos al texto propiamente dicho.


El período de la historia de Brasil comprendido entre 1889 y 1930 es conocido como la República Velha [República Vieja]. Se trató de un régimen político caracterizado por la dominación oligárquica, con un equilibrio entre el poder central y los poderes locales. Ese equilibrio derivó en una estructura en la que el papel central lo tuvieron los gobernadores estaduales y los coroneles (caudillos locales). No fue una estructura estática, pues con el transcurso del tiempo el poder central fue ganando terreno sobre los segundos.

La República Velha se sustentó en la Política dos gobernadores, un mecanismo de gobierno basado en alianzas y compromisos que permitían que el presidente fortaleciera el poder central y controlara el Poder Legislativo; en contrapartida, el presidente no se metía en las situaciones estaduales. El poder central intervenía en los estados cuando había grupos oligárquicos reacios a aceptar esta política.

La Política dos gobernadores operaba mediante la denominada Política do café com leite [Política del café con leche], consagrada en el Pacto de Ouro Fino (1913), un acuerdo entre los grupos oligárquicos de São Paulo (productores cafetaleros) y Minas Gerais (productores cafetaleros y ganaderos). Este acuerdo resolvió la sucesión presidencial alternando hombres de uno u otro origen, procurando aislar a los políticos de Rio Grande do Sul  [1].

La República Velha entró en crisis en 1930, cuando el presidente Washington Luís (1869-1957), paulista, cuyo mandato se había iniciado en 1926, incumplió el acuerdo y nombró como su sucesor a Júlio Prestes (1882-1946), también de São Paulo.

La decisión de Washington Luís provocó la oposición de Minas Gerais, Río Grande do Sul y Paraíba - los partidos Republicanos de esos estados- más Partido Democrático de São Paulo. Todos estas organizaciones conformaron la Aliança Liberal, a la que se sumaron los azucareros del noreste y grupos medios urbanos. El programa de la Aliança incluía las reivindicaciones de las clases dominantes de las regiones no cafetaleras, las aspiraciones de la clase media urbana y algunas demandas de los trabajadores. También  incluía la defensa de las libertades individuales, la amnistía de los tenientes, la verdad electoral [eliminación del fraude]. El candidato de la Aliança era un político riograndense, Getúlio Vargas (1882-1954), gobernador de Río Grande do Sul (1928-1930). 

La crisis política se agudizó por la confluencia de dos rebeliones: la oligárquica y la militar [2]. Los grupos oligárquicos no cafetaleros demandaban mayor participación en la dominación política; el profesor Ansaldi los denomina oligarcas aperturistas. 

A la crisis económica se sumó la crisis económica. Cayó el volumen de las exportaciones y el precio de las materias primas. Los cafetaleros socializaron las pérdidas; en cambio, los burgueses no cafetaleros (cuya producción iba dirigida hacia el mercado interno) pidieron correcciones en la economía.

La crisis de 1930 fue precedida por los levantamientos tenentistas (1922 y 1924-1926). Los tenientes no hablaban en nombre del ejército sino de los intereses nacionales. Las demandas de los tenientes eran: voto secreto, limitación de las atribuciones del Poder Ejecutivo, equilibrio entre los tres poderes, centralización del Estado, corrección de los excesos de la descentralización federativa.

A todo lo expuesto hay que sumarle los efectos sociales de la industrialización y la urbanización (desde la época de la Primera Guerra Mundial). Esos procesos derivaron en demandas de participación en las decisiones políticas. 

La confluencia de todos estos procesos provocó: 

a] Crisis de la dominación oligárquica y crisis de la democracia liberal.

b] Condiciones para la aparición política de las masas y la emergencia del populismo

Ello fue posible dadas tanto la debilidad de los grupos sociales que constituían la dominación como el carácter peculiar del proceso de urbanización e industrialización en sociedades latinoamericanas. 

No hay que olvidar, por supuesto, el fuerte impacto de la crisis económica del centro capitalista, iniciada en 1929, y que afectó al conjunto de la economía brasileña, tanto a la agricultura como a la industria (hubo 124 grandes huelgas entre enero de 1931 y junio de 1932).

De regreso al plano político, el 1/03/1930 se produjo el triunfo electoral de la fórmula presidencial encabezada por Júlio Prestes. Ya se había dado la conformación del grupo de jóvenes gaúchos, advertidos de que sus posibilidades electorales están limitadas. Los sucesos se aceleraron: en octubre de 1930 el Ejército llevó adelante el golpe de Estado que depuso al presidente. El 3/11/1930 Getúlio Vargas asumió como jefe de gobierno provisorio. El 11/11 suspendió la Constitución y estableció la intervención de todos los estados (excepto Minas Gerais): “el golpe de 1930 es más que la destitución de un presidente: es el fin de un régimen político” (p. 18). El golpe de 1930 marcó la irrupción del elemento urbano en la política brasileña.

El profesor Ansaldi plantea que las décadas de 1920 y 1930 estuvieron marcadas en gran parte de Europa y América Latina por un “clima ideológico autoritario y antiliberal” (p. 18). Crecieron las derechas antiliberales (de signo nacionalista y/o católico), cuyos objetivos eran orden, disciplina, jerarquía y obediencia, y que consideraban que la situación de desorden social había sido provocada por la adopción del ideario liberal, agravada por las corrientes inmigratorias europeas, que trajeron ideas disolventes (liberales, masones, judíos, anarquistas, socialistas y comunistas).

El universo ideológico de las derechas nacionalistas y antiliberales brasileñas no era homogéneo. Había tres polos: católico, fascista, cientificista [3]. A pesar de sus diferencias, los tres polos coincidían en el anticomunismo.

Getúlio Vargas, quien llegó al poder luego del golpe de Estado, fue la figura central de la política brasileña en el período 1930-1954. 

Luego del golpe de 1930 coexistieron tres tendencias autoritarias: a) la de los tenentes, relevante en el comienzo del proceso. En lo político, esta tendencia era autoritaria, corporativa, elitista. En lo económico-social abogaba por el establecimiento de derechos-garantías para los trabajadores, la construcción de plantas siderúrgicas y el incremento de la extracción de petróleo, en el marco de una estrategia de defensa militar del país, el aumento de la función estatal reguladora de la economía, la defensa de la pequeña propiedad, el ataque a los privilegios de los cafetaleros. Los tenentes colisionaron con las oligarquías disidentes (este fue el eje de la lucha política en 1930-1934), pues eran partidarios de la centralización política-administrativa del Estado y enemigos de las autonomías estaduales; b) integralismo; c) Estado Novo.

En 1931 se produjo el acercamiento de los oligarcas aperturistas y de los disidentes. Se conformaron Frentes Únicos (São Paulo, Minas Gerais, Río Grande do Sul). Vargas decretó un nuevo código electoral (24/02/1932) y fijó fecha de elecciones para elegir miembros de la Asamblea Constituyente. Esto significó una cesión a la presión de los oligarcas aperturistas.

El 9/07/1932 se produjo el levantamiento de São Paulo, liderado por el Partido Democrático y con importante participación de la clase media de la ciudad. Se inició una guerra civil que se prolongó durante tres meses y que terminó con la derrota militar de los paulistas. Se dio la paradoja de que el aplastamiento del levantamiento significó el apogeo del poderío tenentista y el triunfo político de los sublevados. Se mantuvo la campaña constitucionalista, que tuvo por resultado la realización de elecciones constituyentes el 3/05/1933. Se verificó un amplio triunfo de los partidos oligárquicos; los tenentes tuvieron la representación minoritaria. A fines de 1933, los tenentes perdieron el control de los estados de São Paulo y Minas Gerais.

Las elecciones de 1933 marcaron el predominio de las fuerzas estaduales- federales sobre las nacionales - centralistas: ello significó el triunfo de la continuidad sobre el cambio. Se dio la persistencia de prácticas típicas de la república oligárquica. Sin embargo, también se produjeron cambios: el reconocimiento de la necesidad de la intervención estatal en los planos económico, social e incluso político. Vargas reforzó su poder; se inclinó hacia la derecha y prescindió de los tenentes. Así, en julio de 1934 Getúlio fue elegido presidente por la Asamblea Constituyente. 

La Constitución de 1934 estableció la división tripartita de poderes, con un Ejecutivo unipersonal. Fuerte tendencia centralizadora. Contenía un capítulo dedicado al orden económico y social: nacionalización de las riquezas del suelo y subsuelo; participación en la implementación de industrias estratégicas para la seguridad nacional y el desarrollo del país; reconocimiento de la competencia del Estado para regular el mercado de trabajo y consagrar los derechos sociales. La Constitución mostró inclinación por las posiciones liberales democráticas de los grupos tradicionales antes que por las reformistas autoritarias de los tenentes.

Entre 1934-1937 se verificaron posiciones encontradas sobre la orientación de la sociedad brasileña. En el marco de una proliferación de partidos estaduales, sólo dos alianzas cobraron dimensión nacional: la AIB (Ação Integralista Brasileira), fundada en 1932, de orientación fascista; y la ALN (Aliança Nacional Libertadora), creada en 1935 y de orientación comunista. Ambas procuraban captar a los militantes del tenentismo en disolución.

La ALN fue un movimiento de masas urbanas, conformado por sectores de clase media y obreros. Se estructuró sobre la base del ala legalista del Partido Comunista (fundado en 1922) y el liderazgo de Luís Carlos Prestes (1898-1990). Conformó un frente de clases sociales, militares de izquierda tenentes, grupos socialistas y algunos grandes sindicatos (ferroviarios, marineros), pero careció de apoyo campesino. En julio de 1935, Vargas arremetió contra la ALN (clausura de locales, encarcelamiento de dirigentes). En Noviembre de 1935 se llevó a cabo la insurrección en los cuarteles militares de Natal y Recife, preparada por los comunistas. Vargas la reprimió con éxito y obtuvo poderes especiales. La represión condujo a la desarticulación de las organizaciones de izquierda. 

El 10/11/1937 se produjo un nuevo golpe de Estado. Vargas se mantiene en el poder. Entre marzo y mayo de 1938 eliminó del escenario a los integralistas.

El golpe de 1937 marcó el inicio del Estado Novo, que representó la solución a la crisis de dominación oligárquica. Dio comienzo a la construcción de un Estado moderno, nacional. Esta tarea fue realizada desde la cúpula estatal.

Nueva Constitución, elaborada por Francisco Campos (1891-1968), que estableció la supremacía de la organización sobre la participación. Poder Ejecutivo centralizado y Legislatura convertida en Consejo Administrativo (el Congreso no fue convocado jamás). 

Desde una perspectiva general, el proceso político brasileño estuvo marcado desde 1930 por la contradicción: “democracia política sin democracia social frente a democracia social sin democracia política” (p. 32). 

El profesor Ansaldi da esta caracterización del período 1930-1937: 

“Los años 1930-1937 son de lucha por la dominación y/o la hegemonía política. Durante ella, la fracturada clase dominante no logra articular una solución concertada, consensuada, ni permite que una fracción logre desbordar a las otras (tal como la burguesía cafetalera lo hace a lo largo de la República Vieja). Ninguna de las clases subalternas, a su vez, genera un espíritu de escisión con la fuerza y viabilidad suficientes como para constituir un sistema hegemónico alternativo. En ese contexto, no extraña que el Estado concluya fortaleciéndose, elevándose por encima de las clases y finalmente convirtiéndose en garante de la dominación, pese a afectar sus intereses inmediatos (más no los estratégicos) de éstas.” (pp. 31-32)

El Estado adquirió un notable grado de autonomía. El Ejército pasó a desempeñar un papel estratégico: influyó en el crecimiento industrial y en la centralización política.

El Estado Novo marcó la apertura de la etapa de industrialización por sustitución de importaciones, que no fue acompañada por transformaciones estructurales agrarias. 

El Estado Novo fue una revolución pasiva dependiente: “El proceso de transformación es conducido por un Estado que sustituye y dirige a las clases y grupos sociales” (p. 32). En este período se desarrolló la urbanización y se dio paso a una división del trabajo más compleja. En la base había una organización política corporativa, concebida como una democracia de nuevo tipo, centrada en el principio de justicia social. Rechazo al liberalismo político (división de poderes, existencia de partidos políticos). Un único partido, el del Estado.

Tanto la dominación oligárquica (1889-1936) como el Estado Novo (1937-1945) tuvieron una característica común: la Reducción de la diversidad a la unidad, sin admitir la disidencia.

El Estado Novo tuvo corta vida. Hacia 1942-1943 se producen demandas de participación política, en el marco de una oposición  dividida en tres sectores: a) liberales; b) antiguos núcleos oligárquicos regionales; c) comunistas. La situación se volvió inmanejable y el 25/10/1945 Vargas renunció a la presidencia.

A modo de síntesis:

La República Velha (1889-1930) se caracterizó por una sociedad estructuralmente agraria. Sus elementos disruptivos aparecen en el espacio social urbano, donde emergieron nuevos sujetos sociales (clase media, burgueses, trabajadores industriales y de servicios, pequeñoburgueses). En el medio urbano aparecieron las demandas de participación política. Hubo un divorcio entre los que reclamaban democracia política (clases medias, algunos sectores burgueses) y quienes exigían democracia social (trabajadores, tenentes, comunistas). 

Vargas anuló a los rojos (comunistas) y a los verdes (integralistas), a los que terminó unificando en la noción de “enemigos del pueblo brasileño”. Asumió una posición equidistante de los bloques que se disputaban el poder del mundo. 

En el fondo, “la crisis de la dominación oligárquica procura ser superada por una política populista que - de Vargas a Joao Goulart - tampoco encuentra el camino para la construcción de un sistema hegemónico.” (p. 36).

La imposibilidad de conformar un sistema hegemónico llevó a la caída de Vargas en 1945 y al inicio de otra historia. Pero ello excede el contenido de esta ficha de lectura.


Mataderos, sábado 17 de octubre de 2026


NOTAS: 

[1] Los gaúchos, terceros en discordia, procuraron aprovechar las diferencias entre los políticos paulistas y los de Minas Gerais.

[2] La insatisfacción militar se debía a motivos corporativos.

[3] Identificado con el positivismo (analiza la realidad como fenómeno evolutivo regulado por leyes naturales).

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