Este trabajo es producto de
la lectura del capítulo II ("Reglas relacionadas con la observación de los hechos sociales") de Las reglas
del método sociológico (1895) de Emile Durkheim (1858-1917). De ningún modo
constituye una revisión exhaustiva de los temas tratados en dicho capítulo. Se
trata, sobre todo, de una lectura centrada en los fundamentos epistemológicos
de la sociología de Durkheim.
Utilizo la siguiente
edición:
Durkheim, Emile. (1976) [1°
edición: 1895]. Las reglas del método
sociológico. Buenos Aires: La Pléyade. Traducción de Aníbal Leal.
A mi juicio, los puntos
fundamentales del capítulo son los siguientes:
1] La ubicación en el plano
de la teoría social y en el plano político de la sociología durkheimiana.
2] La crítica de la
denominada sociología ideológica.
3] El concepto de prenociones.
4] La cuestión del sensualismo como respuesta al problema
de la construcción de una sociología objetiva.
5] Objetividad y política en
la sociología durkheimiana.
A continuación, paso a
trabajar cada uno de ellos:
1] Posición de la sociología
de Durkheim en la teoría social y en la política de su época.
En el plano político,
Durkheim se ubica claramente como intelectual
orgánico (en el sentido que Gramsci le da a la expresión) de la burguesía
francesa, la cual se hallaba enfrentada tanto a amenazas por derecha
(monárquicos) como por izquierda (socialismo). Su construcción de la sociología
“científica” intenta legitimar una forma peculiar de intervención política.
En cuanto a la teoría
social, Durkheim se posiciona frente a las que él denomina “sociologías
ideológicas” (básicamente, las de Comte y Spencer, págs. 44-46), pero también
frente a la economía política (págs. 48-50).
En el capítulo II no
menciona explícitamente a los socialistas, pero hay una referencia implícita en
pág. 42:
“En
lugar de tratar de comprender los hechos adquiridos y realizados, se propone
inmediatamente realizar otros nuevos, más adecuados a los fines perseguidos por
los hombres.” (pág. 42).
Es importante destacar que
Durkheim considera que todas estas posiciones son “ideológicas”, en el sentido
de que parten de las “ideas” que poseen sus autores acerca de la realidad, y no
de los hechos. En otras palabras, Durkheim plantea una contraposición entre
ideología y objetividad.
2] La crítica de la
“sociología ideológica”
En rigor, cabe apuntar que
Durkheim no sólo tilda de “ideológicas” sólo a las sociologías de Comte y de
Spencer, sino que también extiende este calificativo al plano de la moral y de
la economía, considerando que se trata de la posición imperante (págs. 47-48).
Es importante tener en
cuenta, para la comprensión del sentido que le da Durkheim al concepto, que la ideología es concebida, ante todo, como
una cuestión epistemológica, es decir, como el producto de poner a las ideas en
el lugar de las cosas. (pág. 95). No hay ninguna referencia a la producción
social de la ideología. Todo queda reducido a un problema individual (del
sociólogo o del economista) o, en su defecto, a un problema gnoseológico. El
punto de vista adoptado por Durkheim constituye un terreno adecuado para
refutar a las sociologías de Comte y Spencer sin tener que caer en un estudio
del proceso de producción y reproducción social. De hecho, la solución que
aporta Durkheim al callejón sin salida de las prenociones es una solución
basada en una decisión individual del investigador social. (1).
Para refutar adecuadamente
la noción durkheimiana de la ideología es necesario partir de una concepción
que ubique a la ideología como una parte del proceso de apropiación intelectual
y material de la realidad por los seres humanos. Desde esta perspectiva, la
ideología es una relación social y no una manifestación individual. Para
realizar esto es imprescindible elaborar una concepción de la totalidad. Durkheim abordó este
problema mediante el par conceptual organismo-función. No es este el lugar para
desarrollar dicha cuestión, pero corresponde mencionarla pues permite empezar a
comprender las diferencias con la noción de totalidad en Marx.
3] Las prenociones.
Para criticar a las
sociologías “ideológicas”, Durkheim elaboró su teoría de las prenociones.
(2). El pasaje clave es:
“Como
el detalle de la vida social desborda por todos lados a la conciencia, no tiene
de aquélla una percepción suficientemente perfilada para sentir su realidad.
Como no hay en nosotros vínculos bastante sólidos ni suficientemente próximos
(..) si se nos escapa el detalle y las formas concretas y particulares, por lo
menos nos representamos los aspectos más generales de la existencia colectiva
de manera aproximada, y precisamente estas representaciones esquemáticas y
sumarias constituyen las prenociones que empleamos para los usos corrientes de
la vida.” (pág. 43).
En el pasaje citado se
encuentran tanto los puntos fuertes como las limitaciones de la epistemología
durkheimiana. Las prenociones no constituyen una aberración o un error
individual, sino que expresan la solución más común al problema del
conocimiento de lo social (problema que, por cierto, es de índole práctica).
Para sobrevivir y desenvolvernos en la sociedad, son necesarias ideas que den
cuenta del funcionamiento de la misma y de la posición que ocupamos en la
misma. Estas ideas, “producto de experiencias repetidas” (pág. 44), son las
prenociones. De este modo, las prenociones, en tanto fuente de error
epistemológico (es decir, creer que son la realidad, no ideas sobre esa
realidad), emanan de las condiciones de existencia de los seres humanos. Pero
Durkheim no da el paso siguiente y no se interroga acerca de las causas que
hacen que nuestra existencia social se caracterice por la inexistencia de
vínculos “sólidos y próximos”. La cuestión se reduce a un problema
epistemológico, y su solución depende de la adopción del mismo “estado mental”
de los científicos naturales (págs. 51-52). La referencia a la psicología
(págs. 52-53) es significativa, pues la adopción del principio “tratar los
hechos sociales como si fueran cosas” es presentada como el resultado de un
proceso exclusivamente intelectual.
Está claro que no es
correcto tratar la historia de cualquier disciplina científica ignorando el
contexto social en que se desarrolla la misma. Y esto no porque sea de buen
tono decir algo acerca del marco social, sino porque es ese marco el que l las
vuelve inteligibles las teorías sociales. Durkheim, en todo este capítulo,
presenta la evolución de la teoría social (sociología, moral, economía
política, psicología) como un proceso interno, sujeto a una problemática
meramente epistemológica o intelectual, con el agravante de una concepción
individualista del científico, según la cual las innovaciones en las ciencias
son el resultado de los cambios de actitud de los individuos. Hay que insistir
que esto último se vuelve comprensible si se tienen en cuenta las limitaciones
de una concepción organicista-funcionalista de la totalidad.
Ahora bien, dado lo expuesto
hasta aquí, queda claro que la teoría de las prenociones no puede fundar una
ciencia de la sociología, cuya objetividad sea la de la física (en su versión
newtoniana). Las prenociones derivan de las condiciones de existencia de los
individuos. En el límite podrían existir tantas prenociones como individuos hay
en la sociedad.
¿Qué hacer?
4] La teoría sensualista y
la construcción de una “sociología científica”.
A partir de la mitad del
capítulo II (págs. 54-64), Durkheim pasa a hacer una crítica de la
epistemología basada en las prenociones. En definitiva, si se quiere ganar la objetividad (entendida como el
conocimiento de las cosas tal como son, sin ninguna deformación o mediación
motivada por preferencias o valores subjetivos – individuales-). Así, Durkheim sostiene que “es necesario desechar sistemáticamente todas
las prenociones” (pág. 54).
Ahora bien, puesto que las
mediaciones aparecen entre el sujeto que conoce y los objetos conocidos (empleo
aquí el viejo vocabulario empirista), desechar las prenociones implica liquidar
las mediaciones. ¿Qué queda entonces? El reconocimiento de que la relación
sujeto-objeto es directa, y que los sentidos conocen directamente los objetos.
He aquí la teoría sensualista en
todo su esplendor: “para ser objetiva, la ciencia debe partir no de los
conceptos elaborados sin la sensación, sino de esta última” (pág. 64). Es
decir, la objetividad surge del hecho de que la materia prima de la ciencia
social son los datos aportados por los sentidos, no las ideas que tenemos
acerca de la realidad social. Esto no significa, por cierto, que la mera
acumulación de datos implique que estemos frente a una sociología científica.
El científico está obligado, si quiere ser objetivo (en el planteo
durkheimiano, ser objetivo equivale a ser científico), a eliminar la
subjetividad de los datos brindados por las sensaciones. Otra vez, la búsqueda
de la objetividad se convierte en un círculo, en el que la objetividad se gana
a costa de dosis mayores de subjetividad.
La teoría sensualista
propuesta en el capítulo II es una variante del viejo empirismo. Coincide con éste en que los sentidos nos conectan
directamente con los objetos conocidos, sin que sea precisa la intervención de
ningún mediador. No obstante, Durkheim reconoce que el empirismo no es
garantía, per se, de objetividad. De
ahí su prédica para que el investigador deje de lado los componentes subjetivos
de la sensación. Es claro que resulta absurdo pensar que en las últimas décadas
del siglo XIX era posible seguir siendo empirista en los mismos términos que en
el siglo XVII. Sin embargo, en las págs. 64-67, Durkheim se acerca a la
posición del siglo XVII. Los reparos que pone, en forma de exhortaciones a los
sociólogos, no pueden ocultar que Durkheim se negaba a ser consecuente en este
punto, pues: o bien, a) los sentidos son fuente de información objetiva acerca
del mundo social (y, por tanto, el investigador pasa a ocupar un rol meramente
pasivo, siendo una especie de receptor y acumulador de datos), o bien b) los
sentidos son tan subjetivos como las prenociones y, por ende, no pueden ser
utilizados como garantes de una imparcialidad absoluta. En mi opinión, aceptar
la opción b habría implicado para Durkheim el regreso a la teoría de las
prenociones, y ésta tenía puntos de contacto con la teoría de la ideología
propuesta por el marxismo.
Además, cabe mencionar otra
cuestión. El viejo empirismo surgió en el campo de las ciencias naturales.
Durkheim no dice una palabra para justificar su empleo en el terreno de las
ciencias sociales. (3). No tiene en cuenta la existencia de una especificidad
de lo social frente a las ciencias de la naturaleza.
5] Objetividad y política en
la sociología durkheimiana.
La búsqueda durkheimiana de
una teoría epistemológica que garantice la objetividad de la sociología
científica cobra sentido si se la ubica en el proyecto político de Durkheim.
La cientificidad de la
sociología obraba como elemento legitimador de la intervención en el campo de
la política. Desde el punto de vista de un intelectual orgánico de la burguesía
francesa era necesario construir una ciencia de la sociedad que transformara la
lucha de clases en un problema de adecuación normas-funciones, y no en un
conflicto en torno a la propiedad privada de los medios de producción. Si esta
posición se apoyaba en la teoría de las prenociones, el argumento durkheimiano
quedaba reducido, desde el punto de vista de la legitimidad, a una tesis
ideológica, basada en la experiencia particular de determinados individuos.
Las vacilaciones y saltos de
la epistemología durkheimiana son una expresión acabada de la imposibilidad de
fundar una sociología “unificada” en el marco de una sociedad dividida en
clases sociales con intereses antagónicos.
Villa del Parque,
jueves 24 de enero de 2013
NOTAS:
(1) El adoptar la misma
“actitud mental del científico natural”, el famoso “tratar los hechos sociales
como si fueran cosas”.
(2) Durkheim tomó el
concepto de la noción de idola del
filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626). (págs. 42-43).
(3) Tampoco dice nada
respecto al empleo de analogías físicas y biológicas en la sociología.
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