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domingo, 28 de junio de 2026

FICHA DE LECTURA: BOURDIEU Y SAINT-MARTIN. (1998). LAS CATEGORÍAS DEL JUICIO PROFESORAL



École Normale Supérieure, París (Francia)


Ariel Mayo

(ISP J. V. González / UNSAM)

Pierre Bourdieu (1930-2002) fue uno de los mejores exponentes de la escuela francesa de sociología, en la continuidad de un camino iniciado por Montesquieu (1689-1755), Comte (1798-1857) y Durkheim (1858-1917). Esta continuidad se da también en el terreno particular de la sociología de la educación. Un ejemplo de esto es el artículo comentado aquí, co-escrito entre Bourdieu y Monique de Saint-Martin (n. 1940). Me corrijo, más que comentario se trata de una ficha de lectura.

Los autores procuran mostrar que el debate entre etnólogos y sociólogos en torno a las clasificaciones y los sistemas de clasificación olvida que estos instrumentos de conocimiento cumplen otras funciones. El conocimiento práctico pone en juego, por referencia a funciones prácticas, sistemas de clasificación (taxonomías), cuya función principal es reorganizar la percepción y la apreciación y estructuras de la práctica. (p. 4)

La base empírica del trabajo la constituye el conjunto de 154 fichas individuales de alumnas de un sexto año de bachillerato superior de París, elaboradas durante cuatro años consecutivos por un profesor de filosofía. Fueron confeccionadas durante la década de 1960. Incluyen: a) los datos de nacimiento, profesión y la dirección de los padres, así como el establecimiento donde cursó los estudios secundarios; b) las notas (5 o 6 por alumno) asignadas a los trabajos escritos e intervenciones orales, acompañadas de apreciaciones justificativas. Además, la base empírica del apartado dedicado al juicio de los pares (pp. 11-13) está conformada por las notas necrológicas publicadas en el Anuario de la Sociedad de Ex-Alumnos de la Escuela Normal Superior, años 1962, 1963, 1964 y 1965. Se trabajó con 34 ex-alumnos cuyo origen social estaba consignado en dichas notas.

Referencia bibliográfica:

Bourdieu, P. y Saint-Martin, M. (1998). Las categorías del juicio profesoral. Propuesta educativa, 19, pp.  4-18. Traducción de Emilio Tenti Fanfani.

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Vayamos al grano.

El conocimiento práctico produce taxonomías prácticas, “instrumentos de conocimiento y de comunicación, que son la condición del establecimiento del sentido y del consenso sobre el sentido” (p. 4). Estas taxonomías ejercen su eficacia estructurante “en la medida en que ellas mismas están estructuradas” (p. 4). 

Los autores insertan aquí una observación metodológica: es erróneo encarar el estudio de dichas taxonomías por medio de un análisis interno (estructural), que “las aleja artificialmente de su condiciones de producción y utilización” y, por ende, “impide la comprensión de su función social” (p. 4). 

La afirmación precedente se confirma cuando se aborda el estudio de las clasificaciones que los profesores producen cotidianamente, “tanto en sus juicios sobre sus alumnos y sus colegas actuales, como en su producción específica (manuales, tesis y trabajos doctos) y en toda su práctica". (p. 4) Ese estudio muestra las funciones sociales del sistema de clasificación “profundamente oculto” que está en la base de “todas estas clasificaciones escolares y de las clasificaciones sociales que determinan o legitiman” (p. 4)

La jurisprudencia profesoral (pp. 4-6)

El análisis de la base empírica permite mostrar como las taxonomías “revelan las formas rituales de los considerandos del juicio profesoral (≪las apreciaciones≫) y de las que se puede suponer que estructuran el juicio profesoral, a la vez que lo expresan” (p. 4). 

Las operaciones de clasificación constituyen operaciones de cooptación y son 

“el lugar en el que se pueden comprender mejor los principios organizadores del sistema de enseñanza en su conjunto, es decir, no solamente los procedimientos de selección de que son producto, entre otras cosas, las propiedades del cuerpo profesoral, sino también la verdadera jerarquía de las propiedades a reproducir, por ende, las ≪elecciones≫ fundamentales del sistema reproducido.” (p. 5)

Se pueden observar las formas escolares de clasificación en su funcionamiento. Estas formas son transmitidas “en y mediante la práctica fuera de toda intención puramente pedagógica” (p. 5)

“Estas formas de pensamiento, de expresión y de apreciación, deben su lógica específica al hecho de que, al ser producidas y reproducidas por el sistema escolar representan el producto de la transformación que la lógica específica del campo universitario impone a las formas que organizan el pensamiento y la expresión de la clase dominante” (p. 6).

La construcción del diagrama (pp. 6-7)

1° paso. Se clasificó a las alumnas de uno de los años investigados según el capital cultural que heredaron de sus familias (o según su distancia del sistema de enseñanza, tomando como criterios la profesión y su residencia - si viven en París o en las provincias-). La clasificación comienza con las alumnas procedentes de las clases medias y sigue luego con las alumnas que tienen origen en las clases superiores; dentro de estas últimas, se parte de las fracciones más desprovistas de capital cultural (industriales y ejecutivos) a las más ricas (profesores de la universidad), mientras que las profesiones liberales quedan en una posición intermedia.

2° paso. Cada línea del diagrama representa el universo de los juicios que el maestro puede hacer acerca de una alumna.

3° paso. Se colocó en el extremo derecho del diagrama el promedio del conjunto de las notas obtenidas durante todo el año por la alumna.

Primera lectura del diagrama (pp. 7-8)

Se observa a primera vista que los calificativos más favorables aparecen con más frecuencia a medida que el origen social de las alumnas es más elevado. Al mismo tiempo, el promedio de las calificaciones asciende a medida que se sube en la jerarquía social (a medida que suben los juicios elogiosos).

Las alumnas procedentes de las clases medias (la mitad del grupo analizado) reciben los juicios más negativos. Esto muestra cómo se compone la imagen burguesa del pequeño burgués: “pobre, estrecha, mediocre, correcta nada más, inhábil, torpe, confusa, etc.” (p. 7)

Las alumnas procedentes de las fracciones menos ricas culturalmente de la clase dominante no reciben los juicios más injuriosos; cuando reciben designaciones peyorativas, éstas se encuentran sujetas a restricciones.

Las alumnas que provienen de las fracciones más ricas de la clase dominante escapan casi totalmente a los juicios más negativos; se les atribuyen, muy frecuentemente, “las cualidades más rebuscadas” (p. 7)

A notas iguales o equivalentes, las apreciaciones son más severas y más brutalmente expresadas cuando más bajo es el origen social de las alumnas. Así, los considerandos del juicio “parecen más fuertemente ligados al origen social que la calificación por medio de la que se expresan” (p. 7)

El juicio profesoral se basa en un conjunto de criterios difusos (nunca explicitados) que le son ofrecidos por los trabajos y ejercicios escolares o por la persona física de su autor. La escritura, la presentación de los trabajos, el estilo y la cultura general, se juzgan por criterios que hacen referencia a posiciones sociales. El conocimiento de la filosofía (las obras y los conceptos de los filósofos) cuenta menos en el juicio profesoral que los criterios externos, tales como el acento, la elocución y la dicción, los modales y el porte, todos ellos marcas más seguras del origen social y geográfico. El cuerpo es tratado socialmente (la ropa, el adorno, el cosmético, los modales y el porte).

“El ≪hexis≫ corporal constituye el soporte principal de un juicio de clase que se ignora como tal: todo sucede como si la intuición concreta de las propiedades del cuerpo, captadas y designadas como propiedades de la persona, estuvieran en el principio de una comprensión y de una apreciación global de las cualidades intelectuales y morales.” (p. 8)

El hexis [concepto fundamental en la filosofía de Aristóteles que se traduce como disposición, estado estable, hábito adquirido o "forma de ser". No es una simple acción pasajera, sino un hábito arraigado que determina el carácter y cómo un individuo reacciona ante situaciones, siendo clave en su ética] corporal “suministra el sistema de indicios a través de los cuales es reconocido-desconocido un origen de clases” (p. 8)

Segunda lectura. La máquina ideológica (pp. 8-10)

El diagrama funciona como una máquina que recibe productos socialmente clasificados y proporciona productos escolarmente clasificados. Pero lo esencial de la operación que realiza esta máquina es asegurar “una correspondencia muy estrecha entre la clasificación de entrada y la clasificación de salida sin nunca conocer ni reconocer (oficialmente) los principios y los criterios de la clasificación social” (p. 8)

El sistema de clasificación oficial se objetiva bajo la forma de un sistema de adjetivos y cumple una función doble y contradictoria: “permite realizar una operación de clasificación social a la vez que la oculta; sirve al mismo de tiempo de relevo y de pantalla entre la clasificación de entrada, que es abiertamente social, y la clasificación de salida, que desea ser exclusivamente escolar. En suma, funciona según la lógica de la denegación: hace lo que hace en las formas tendientes a mostrar que no lo hace” (p. 8).

La taxonomía que expresa y estructura la percepción escolar “es una forma neutralizada e irreconocible” de la taxonomía dominante. La casi totalidad de los adjetivos designan cualidades de la persona. El profesor se comporta como un crítico literario o artístico; utiliza calificativos que juegan el papel de interjecciones, que no comunican casi ninguna información fuera de un estado de ánimo (el del profesor). Sin embargo, estos calificativos son suficientes para quien posee en estado práctico los sistemas de clasificación inscriptos en el lenguaje ordinario. 

La taxonomía escolar es ideología en estado práctico. Produce efectos lógicos que son forzosamente efectos políticos: consagra “como excelentes las cualidades detectadas por aquéllos que son socialmente dominantes” (p. 8).

La homología entre las estructuras del sistema de enseñanza (por ejemplo, la jerarquía del sistema de disciplinas) y las estructuras mentales de los agentes (las taxonomías profesorales) constituye “la base de la función de consagración del orden social que cumple el sistema de enseñanza. En efecto, es por medio de este sistema de clasificación que el sistema escolar establece la correspondencia entre las propiedades sociales de los agentes y de las posiciones escolares, jerarquizadas ellas mismas según el orden de enseñanza (primaria, secundaria, superior), el establecimiento o la sección (grandes escuelas y facultades, secciones ≪nobles≫ y secciones ≪inferiores≫) y, para los profesores, según el grado y la localización del establecimiento (París, provincia). Esta asignación de los agentes en posiciones escolares jerarquizadas constituye, a su vez, otra mediación mas entre las clases sociales y las clases escolares.” (p. 9)

Este mecanismo funciona, precisamente, si la homología mencionada en el párrafo anterior permanece oculta y si la taxonomía utiliza las oposiciones más neutras de la taxonomía dominante.

El profesor puede permitirse los juicios más contundentes (el uso de los adjetivos más duros, el castigo simbólico a los estudiantes) porque está investido de la “neutralidad escolar”, que permite esta “extraordinaria denegación colectiva” (p. 9)

El sistema escolar es un sistema cuya estructura está dividida y organizada según las mismas clasificaciones que tiene como función producir (facultades y grandes escuelas, disciplinas, secciones, etc.) (p. 9). Pero este sistema de clasificación nunca está explícitamente codificado. Es una forma neutralizada del sistema de clasificación dominante.

El sistema de enseñanza es “un sistema de clasificación objetivado en instituciones cuyas divisiones reproducen bajo una forma irreconocible la división social del trabajo” (p. 9) Es “una máquina para transformar clasificaciones sociales en clasificaciones escolares, como clasificaciones sociales reconocidas-ignoradas.” (p. 9)

Los agentes encargados de la clasificación [los docentes] “hacen bien lo que tienen que hacer (objetivamente), porque creen hacer otra cosa de lo que hacen; porque hacen algo distinto de lo que creen hacer; porque creen en lo que creen hacer. Mistificadores mistificados, ellas son las primeras víctimas de las operaciones que efectúan.” (p. 9) El sistema opera así un desvío del sentido de sus prácticas [las de los agentes], obteniendo así lo que por todo el oro del mundo no harían.

La transmutación de la verdad social en verdad escolar es una operación de alquimia social que “confiere a las palabras su eficacia simbólica, su poder de actuar en forma duradera sobre las prácticas.” (p. 10) Así, el juicio escolar obtiene reconocimiento por medio del desconocimiento [de que es un juicio social].

Ahora bien, para comprender los efectos del juicio escolar (y deshacerse de los discursos sobre el poder del discurso) “es necesario (...) llevar el lenguaje a las condiciones de su producción y de su utilización y, so pena de aceptar el equivalente en el orden social de lo que es el poder mágico, buscar fuera de las palabras, en los mecanismos que las producen y producen a las gentes que los emiten y los reciben, el principio de un poder que cierta forma de usar las palabras permite movilizar. El uso conforme del lenguaje conforme no es más que una de las condiciones de eficacia del poder simbólico y una condición que no opera más que bajo ciertas condiciones. Sólo se predica a los conversos.” (p. 10)

La injuria ritual (p. 10)

Los profesores piensan que la “franqueza brutal” es el trato que corresponde entre individuos de la élite. Por eso lo aplican a sus alumnos. Las injurias e invectivas que le lanzan a sus alumnas de élite en nombre de su inadecuación a su idea de la élite, no se dirigen a todo el curso sino a una parte de éste [las alumnas pertenecientes a las clases que se encuentran debajo de la clase dominante], “forman parte de los rituales destinados a inculcar representaciones elitistas.” (p. 10)

Extractos del “disparatorio” (pp. 10-11)

La dialéctica escolar del desconocimiento y del reconocimiento se manifiesta especialmente en las asignaturas dedicadas a la cultura literaria o filosófica en su forma escolar, porque en ellas el sistema de categorías de percepción y de pensamiento que organizan el juicio escolar están de acuerdo con la estructura de contenidos que el sistema escolar está encargado de transmitir. Por ejemplo, las clases de filosofía (bajo el nombre de moral o de psicología) constituyen “una variante universitaria del discurso dominante en el mundo social” (p. 11)

El juicio de los pares y la moral universitaria (pp. 11-13)

Un par de observaciones importantes: “productos clasificados, los profesores no dejan de clasificarse a sí mismos” (p. 13); “toda socialización exitosa tiende a obtener de los agentes que se hagan cómplices de su destino” (p. 13)

El campo de las trayectorias posibles (pp. 13-14)

Las clases que producen las taxonomías escolares están unidas por relaciones que nunca son de pura lógica, debido a que “los sistemas de clasificación de que son producto tienden a reproducir la estructura de las relaciones objetivas del universo social del que ellos mismos son producto” (p. 14)

La jerarquía de las virtudes profesorales, tal como se observa en las notas necrológicas, corresponde estrechamente a la jerarquía de las carreras posibles, a la jerarquía de las instituciones de enseñanza. En otras palabras, “todo sucede como si, en el interior de este universo de cualidades jerarquizadas que el cuerpo profesoral reconoce como suyas al reconocerlas en los mejores de sus miembros, cada agente se encontrara objetivamente situado por la calidad de sus virtudes” (p. 14) [Un universo meritocrático.]

El universo profesoral se cierra sobre sí mismo. Los autores mencionan la encuesta que realizaron en 1964 sobre las estrategias matrimoniales de seis generaciones de normalistas (1918-1953) [que estudiaron en la Escuela Normal Superior, Francia]. El 59% de los normalistas casados lo hicieron con una docente.

Las notas necrológicas utilizan, para efectuar el último juicio del grupo sobre uno de sus miembros, los principios de clasificación que determinaron su inclusión en el mismo.

Extractos de notas necrológicas (pp. 14-15)

Taxonomías y ritos de paso (pp. 15)

Del rito del examen de oposición al juicio último del grupo (pp. 15-16)

El mismo sistema de clasificación sigue funcionando durante toda la carrera escolar, carrera en la que todo el mundo clasifica y todos son clasificados; los mejores clasificados se convierten en los mejores clasificadores de los que entran en la carrera.

El ascetismo aristócrata (pp. 16-17)

Todo normalista participa de este universo de virtudes intelectuales y morales en la que se reconoce la élite del cuerpo docente. Esto sirve de fundamento a su pretensión de constituir una élite a la vez intelectual y moral. Así, “se expresa toda la posición de este cuerpo en la estructura de las relaciones de clase. Ocupando una posición temporalmente dominante (...) en una fracción dominada de la clase dominante, los profesores constituyen una clase de alta pequeña burguesía dedicada al aristocratismo de la moral y de la inteligencia.” (p. 16)

Los profesores se encuentran a media altura en las dos jerarquías en que se divide la clase dominante: a) la jerarquía del poder económico; b) la jerarquía de la autoridad y del prestigio intelectual. Frente a ello se encuentran los burgueses (fracción dominante) y los “artistas” (fracción temporalmente dominada de la clase dominante). Son demasiado “burgueses” a los ojos de los escritores y artistas; son demasiado “intelectuales” a los ojos de los burgueses. Encuentran la compensación de su “doble semi-fracaso” (no son ni burgueses ni artistas) en una resignación aristocrática y en las satisfacciones de la vida doméstica. 

El principio de su estilo de vida es el ascetismo aristocrático, que ofrece un último recurso para la estima de sí mismo cuando desaparecen todos los demás principios de legitimación” (p. 16). Los profesores se encuentran más cerca de la alta función pública que los intelectuales y los artistas. 

Los esquemas profesores de percepción y apreciación funcionan como esquemas generadores que estructuran toda la práctica, sobre todo la producción de los productos culturales propiamente universitarios (cursos, manuales, tesis de doctorado, etc.). Se trata de una empresa de producción cultural para “las necesidades de la reproducción” (p. 17)

Mataderos, domingo 28 de junio de 2026


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