Vistas de página en total

domingo, 8 de enero de 2012

CAPITALISMO QUE ME HICISTE MAL Y SIN EMBARGO TE QUIERO: LOS INTELECTUALES KIRCHNERISTAS Y EL PAPEL DEL ESTADO


"Así como los cristianos son iguales en el cielo y desiguales en la tierra, 
los individuos que componen un pueblo son ahora iguales en el cielo de su mundo político,
desiguales en la existencia terrena de la sociedad."
Karl Marx (1818-1883).

Alejandro Robba es un economista argentino identificado con la polìtica del gobierno de Cristina Fernández. En el día de hoy el diario TIEMPO ARGENTINO publicó una columna en la que dicho economista hace algunas interesantes consideraciones sobre el papel que, en su opinión, debe jugar el Estado en "un gobierno nacional, popular y democrático". (1)

Luego de defender las medidas de política económica adoptadas recientemente por el gobierno nacional (entre ellas menciona las acciones para desalentar corridas especulativas contra el peso, la nueva política de subsidios, la Ley de Tierras, el nuevo Estatuto del Peón Rural y la declaración de interés público de la producción de papel prensa), Robba sostiene que todas ellas se basan en "la idea de que el Estado no es neutral, que es quien debe nivelar la cancha a favor de los sectores que menos posibilidades les da el «mercado» siempre ávido de profundizar las asimetrías y no de igualarlas. Es la política conduciendo la economía, que de eso se trata." Puesto que el argumento es característico de la posición "kirchnerista"  (y del progresismo en general) en el debate acerca del rol de Estado es conveniente hacer algunas observaciones a las afirmaciones de Robba.

En primer lugar, corresponde decir que el Estado nunca ha sido "neutral". En el capitalismo, el Estado tiene la obligación de defender las ganancias de los empresarios, pues éstas son el motor del proceso económico (luego volveremos sobre esta cuestión). En este sentido, la afirmación de Robba es innecesaria y genera confusión. Adam Smith (1723-1790), considerado el padre del liberalismo económico, escribió en su obra La riqueza de las naciones que "el gobierno civil, en cuanto instituido para asegurar la propiedad, se estableció realmente para defender al rico del pobre, o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna" (2). Pasando del terreno de la teoría económica al de la política económica, los políticos y economistas neoliberales que comandaron el ministerio de Economía a partir del golpe de Estado de 1976 tuvieron absolutamente claro que el Estado era una palanca formidable para disciplinar a la clase trabajadora y a los demás sectores populares. Es conveniente recordar esto porque se ha vuelto un lugar común del pensamiento progresista (en el que abrevan muchos intelectuales "kirchneristas") afirmar que el neoliberalismo promovió (y promueve) un debilitamiento en el rol del Estado en la economía, olvidando que el neoliberalismo es responsable de una intervención estatal a gran escala para suprimir la capacidad de resistencia de la clase trabajadora.

En segundo lugar, Robba sostiene que el Estado elige para qué equipo jugar, esto es, que decide ponerse la camiseta de los "sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". Bien mirado, esto contradice la afirmación anterior sobre la "neutralidad". Si el Estado puede elegir, es producto de que está por encima de los intereses de los equipos que juegan el partido. En otras palabras, el Estado puede jugar el partido para uno de los equipos porque no es hincha de ninguno de ellos. Traducido a un lenguaje un poco más teórico. El Estado (por lo menos el "nacional, popular y democrático" defendido por Robba) es autónomo respecto a los intereses de quienes dominan el mercado por tener la propiedad de los medios de producción. 

En tercer lugar, Robba alude a una desigual distribución de las posibilidades de los distintos sectores, distribución que es responsabilidad del "mercado". Dado que el lenguaje de los intelectuales progresistas suele ser renuente a llamar al pan pan y al vino vino, la frase de Robba no deja de ser significativa, pues lleva implícito el reconocimiento de que el «mercado» es fuente de desigualdad. ¿Cómo genera "desigualdad" el "mercado"? Nuestro autor avanza un poco más, pues sostiene en la misma columna que la política del gobierno tiende a evitar que "los ganadores no sean los que pueden valerse por sus propios medios (poder, concentración, tamaño, posición dominante, etc.)". En otras palabras, el «mercado» supone una distribución desigual de las oportunidades, la cual se basa, a su vez, en una distribución desigual del "poder económico". Ahora bien, esto es propio de una economía capitalista, cuyo fundamento último es la propiedad privada de los medios de producción en manos de un sector de la población. La desigualdad es, por tanto, la base del capitalismo. Robba escribe: "siglos de capitalismo han comprobado que el mercado y la idea neoliberal de la libre competencia tienden a la concentración y a la desigualdad social". La frase suena lapidaria, pero hay que notar que en la misma no se alude a la propiedad privada de los medios de producción (¡qué es justamente la base de la desigualdad en el capitalismo!) y que en ella se sostiene que el capitalismo "tiende a la desigualdad", cuando que la realidad histórica muestra que el capitalismo supone la cristalización de la desigualdad. Decir que el capitalismo "tiende a la desigualdad" supone defender la idea de que esa tendencia puede ser corregida... por nuestro "gobierno nacional, popular y democrático". Como se verá más abajo, en la columna de Robba no se discuten de ningún modo los pilares de la dominación capitalista.

En cuarto lugar, es importante tener en cuenta la forma en que Robba alude a los sectores hacia los cuales se inclina el Estado. Se trata, según sus palabras, de "los sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". La frase tiene su importancia. El autor no menta a los trabajadores o a los sectores populares o a los más humildes; escribe, "los sectores que menos posibilidades les da el «mercado»". Tomada literalmente, la frase permite incluir a los pequeños empresarios, a los medianos empresarios y aún a los capitalistas "amigos" que puedan resultar desfavorecidos en la competencia internacional. En criollo, todos somos argentinos y entre nosotros tenemos que ayudarnos; el Estado tiene que asegurar las ganancias de los empresarios y que los trabajadores tengan trabajo. Si la posición de empresarios y trabajadores está marcada por una profunda desigualdad es cosa que no tiene mayor importancia y queda para las elucubraciones abstractas de la "paleoizquierda". 

En quinto lugar, Robba afirma que la clave de la política "kirchnerista" radica en que "es la política conduciendo la economía". Esto es considerado como un logro en sí mismo y ya forma parte de los lugares comunes del progresismo nacional e internacional. Ahora bien, antes de salir a festejar a las calles conviene reflexionar un poco. Como ya indicamos, el capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Éstos son monopolizados por la clase capitalista, que hace que el proceso de trabajo gire en torno a la producción de plusvalor (si bien es no es del todo correcto, podemos hablar de ganancia para que se comprenda mejor el argumento). Quienes carecen de medios producción se ven obligados a contratarse como asalariados para obtener el dinero que compra las mercancías que precisan para vivir. Como los trabajadores son libres en términos jurídicos, los empresarios no precisan del látigo o del trabuco para obligar a los trabajadores a trabajar. La mejor prueba de ello es observar cómo se apiñan en las "horas-pico" en los cómodos medios de transporte para poder llegar a sus trabajos. Esto modifica radicalmente las condiciones de la dominación política. Si en las sociedades anteriores al capitalismo la clase dominante necesitaba controlar directamente el poder político, en el capitalismo impera la separación entre el interés público y el interés privado. Dicha separación es posible porque el control de los medios de producción permite que los capitalistas dominen las palancas de la economía. Todo el debate en torno al Estado tiene como punto de partida esta condición, habitualmente ignorada por los progresistas. Si esto es así, la frase de Robba sobre "el gobierno de la economía por la política" tiene que ser corregida. Decir que la política gobierna a la economía (o que la economía gobierna a la política) significa reconocer uno de los mecanismos fundamentales de la dominación capitalista. Puesto que los capitalistas controlan las palancas del proceso productivo, es de su interés defender la tesis de que la economía es el ámbito de lo privado, el  ámbito de lo "no político". De este modo se aseguran de que nadie piense que la propiedad privada es una institución política y de que las relaciones entre empresarios y trabajadores son relaciones políticas. Robba (y todos los intelectuales que suscriben frases por el estilo) reconocen implícitamente la dominación del capital, al que se le concede un ámbito que es "natural" (no existe otra economía posible que no sea la de "mercado"). La tarea del gobierno debe ser, por tanto, evitar la profundización de las "tendencias a la desigualdad". De ningún modo se trata de cuestionar la desigualdad misma, que es el capitalismo. Es por ello que Robba propone respetar el capitalismo, estando la acción del Estado (de su "gobierno" sobre la economía) limitada a corregir las tendencias a la "desigualdad, pero sin mencionar la "desigualdad" fundamental entre capital y trabajo.

Robba sintetiza el contenido de su columna con la frase "el Estado Nacional (...) es quien conduce (como en todo país soberano) el proceso de desarrollo económico, único camino para recortar aún más la brecha con los países de ingresos altos".  Este es "el rol que debe cumplir un Estado para que la sociedad sea cada vez más democrática e igualitaria". Frases agradables al oído, pero un tanto discordantes, pues Robba tendría que probar que el desarrollo capitalista (de ningún modo los intelectuales progresistas piensan en alguna otra forma de organización de la producción - ¡Ave María purísima, sin pecado concebida!) es compatible con la democracia y la igualdad. Tarea que a esta altura de la historia se parece a las viejas discusiones sobre el sexo de los ángeles.

Mataderos, domingo 8 de enero de 2012

NOTAS:


(2) Smith, Adam. (1958). Investigaciones sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La cita se encuentra en la página 633.

lunes, 2 de enero de 2012

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (25): LAMENNAIS



Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página. Lamennais (1782-1854)

39. Lamennais (1782-1854).

Cole aclara que Hugues-Felicité-Robert de Lamennais "no era socialista" (I: 191). [De hecho, por lo que se desprende de su biografía, era un intelectual del catolicismo, más allá de que sus posiciones se hayan lejos del rechazo en bloque de la modernidad propuesto por la jerarquía eclesiástica en el siglo XIX]. En sus obras atacó a owenistas, fourieristas, icarianos, sansimonianos. (I: 191).


Defendió el
sufragio universal, al que consideró "un primer paso indispensable hacia la emancipación económica y social. Llegó a creer firmemente que el pueblo, teniendo voto, podría obtener de sus representates las leyes que necesitaba para remedio de sus desdichas, y de acuerdo con esto su petición constante era la democracia política completa." (I: 191). Rechazó que el Estado fuera el responsable de la creación de la nueva sociedad." (I: 191). Ponía el acento en la asociación, "tanto para la ejecución colectiva de tareas comunes como, aún más, para contratos colectivos, los cuales creía que podían utilizarse para obligar a y que los salarios se elevasen hasta un nivel satisfactorio y para vencer el poder monopolizador del capital." (I: 192).Conjugó la defensa de los sindicatos obreros y las demandas políticas de la extrema izquierda francesa de las décadas de 1830 y 1840, con el rechazo de los medios violentos para obtener estos fines. "Pensaba que a los hombres había que convencerlos, antes de que se pudiese esperar que actuasen o, incluso, que aceptasen los actos benéficos de los demás; y, creyendo en la libertad individual como objeto último de los hombres, sospechaba que todo proyecto que implicara el ejercicio de la autoridad ocultaba el deseo de poder, que sería ejercido sobre el pueblo y no por el pueblo." (I: 192). [Es el dilema de todo de todo reformador social. Trata de lograr la revolución, el reemplazo del orden capitalista, por medio de la persuasión, del convencimiento de la mayoría de la población. Se comporta como un liberal (respeto a la individualidad) y un demócrata (respeto a la voluntad de la mayoría y rechazó las imposiciones por parte de las minorías esclarecidas) consecuentes. Pero esto termina por engendrar inconsecuencias frente a la principios sustentados. ¿Por qué? En una sociedad capitalista la clase dominante cuenta con dos mecanismos para "convencer" a las clases trabajadoras. Uno, el más visible, consiste en la propiedad privada de los medios de producción de ideas (en las sociedades modernas, los medios de comunicación de masas). El otro, velado, es el conjunto de las condiciones que generan la coerción económica, esto es, la creación de una compulsión a trabajar y a obedecer la lógica capitalista, internalizada en los individuos. Estos mecanismos operan constantemente (sólo se debilitan parcialmente en períodos de crisis) y cierran el paso a cualquier tarea individual de propaganda anticapitalista. Los esforzados varones que procuran convencer al "público" de la conveniencia de otras relaciones sociales termina por "actuar" para minorías (a las que, justemente, no es necesario convencer). De todos modos, la advertencia de Lamennais contra el ejercicio de la autoridad sigue siendo válida. El problema consiste en que la revolución es obligadamente autoritaria.]

Fue un crítico del
socialismo de las décadas de 1830 y 1840. (I: 196-197). Algunas de esas críticas dan en el blanco: "La mayor parte de las sectas (...) cometen el error de volver la espalda a la política, y en lugar de trabajar a favor de la soberanía popular basada en el sufragio universal, se concentran en proyectos para regular la propiedad." (I: 197). [El ataque no es válido, por supuesto, para los cartistas. Hay que decir a Lamennais concibe la política de manera unilateral, esto es, como una operación de persuasión y convencimiento. No llega a una concepción de clase del Estado.] "...la propiedad es indispensable para la libertad humana, y debe estar difundida y no concentrada. (...) La concentración de la propiedad en manos del Estado significa, por consiguiente, la tiranía del Estado sobre la familia y el individuo. El verdadero problema no consiste en abolir el proletariado, sino en hallar la manera de establecer un sistema en el cual 'toda persona sea propietaria'. El comunismo no conducirá a la libertad y la hermandad, sino al 'restablecimiento de las castas', las castas gobernantes dominando sobre un pueblo esclavidado." (I: 197). [Dejemos de lado la cháchara sobre la propiedad (propone, en definitiva, la propiedad privada mercantil, que conduce al capitalismo). La observación acerca del comunismo es importante. La lucha de clases no termina con el triunfo de los trabajadores y la conquista del Estado. En un sentido, es sólo el comienzo. A partir de ahí se trata de construir un poder que garantice la libertad, el pleno despliegue de las potencialidades humanas. Ese poder tiene que sustentarse en la libre acción de los trabajadores, en la organización política autónoma de éstos. Si los trabajadores son incapaces de organizarse más allá de la misma toma del poder, serán derrotados por la fuerzas de la vieja sociedad, que poseen mucha mayor experiencia en la organización de la dominación. De hecho, la historia de la Revolución Rusa muestra como la derrota de la organización de los trabajadores conduce inevitablemente a una restauración de los mecanismos de dominación clasistas.]

La importancia del poder político: "Las clases desposeídas, teniendo poder política y el derecho de asociación, podrán adquirir propiedad por sí mismas y reducir la propiedad actual de los ricos a una cuestión sin importancia. El trabajador, libre para contratar con su patrono de igual a igual, se negará a aceptar condiciones explotadoras. Podrá insistir en su derecho a una educación gratuita y para todos, y a aprender las artes y las ciencias que sea capaz de dominar. El rico perderá su monopolio de acceso al saber y a las técnicas superiores de producción; los trabajadores llegarán a ser dueños de sí mismos y capaces, mediante la asociación, de reunir el capital que necesiten. Todo esto no podrá suceder en un día, pero una vez que el poder político haya pasado a las manos del pueblo, lo demás vendrá por sí mismo a su debido tiempo como consecuencia natural." (I: 198-199). [Lamennais se queda en la esfera de la circulación, de ahí el énfasis en los derechos y libertades. Deja de lado el ámbito de la producción, en donde las propiedad privada de los medios de producción constituye la institución más sólida de la sociedad capitalista.]

"Constituye un eslabón importante entre Saint-Simon, que tenía la idea de una evolución histórica, pero no del conflicto entre capitalistas y trabajadores, y Marx, que fue más allá de Lamennais, uniendo las dos ideas en la concepción materialista de la historia. Pero, por supuesto, en Lamennais la concepción de la historia era idealista, y la lucha de clases, tal como la concebía, habría de ser emprendida con Dios como inspirador de la cruzada proletaria." (I: 201).


Buenos Aires, lunes 2 de enero de 2012

miércoles, 28 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (24): FLORA TRISTÁN, ORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES Y EMANCIPACIÓN DE LA MUJER

Esta nota es la continuación de: http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/12/historia-del-movimiento-socialista-23.html

El índice de esta serie de notas se encuentra disponible en:http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/06/historia-del-movimiento-socialista.html

Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

38. Flora TRISTÁN (1803-1844) (1)

Según Cole, es la única mujer que "tiene claramente derecho a ocupar un lugar, aunque sea secundario" en la historia del pensamiento socialista del siglo XIX es Flora Célestine Thérese TRISTÁN. (I: 186). Tuvo una vida difícil. Percibió las injusticias que sufrían los trabajadores y las mujeres. Estuvo en Londres en 1839 y fue testigo de la miseria de los obreros ingleses y de las primeras luchas del cartismo (I: 189). En su libro Promenada dans Londres (1840, Londres y Paris) describió sus impresiones en la que era en ese momento la principal metrópolis del capitalismo. (I: 187). Tristán llegó a convencerse de que "tenía la misión de trabajar en favor de la emancipación a la vez de su sexo y de la clase trabajadora" (I: 187) (2).

Tristán tuvo poco contacto con los obreros franceses. En cambio, tomó conocimiento de las experiencias organizativas de los artesanos franceses: las poesías del carpintero Agricole PERDRIGUIER le permitieron saber de las Compagnonnages (Clubes de artesanos franceses). En 1830 fue fundada la Société des Travailleurs du Tour de France, que nucleaba a los clubes de artesanos que mantenían las hosterías para albergar compañeros en las distintas ciudades de Francia. (I: 187-188).

A partir de la experiencia mencionada en el párrafo anterior, Tristán concibió la idea de una organización que nucleara a los obreros de todo el mundo. Su libro Union ouvrière (1843) contiene el primer proyecto de una internacional de trabajadores (I: 188). Tristán proponía que todos los trabajadores del mundo aportaran cada uno una pequeña cantidad anual para un fondo destinado a la emancipación de la clase obrera. El dinero se utilizaría para establecer en todas las ciudades palacios para los obreros (escuelas, hospitales, asilos para ancianos e inválidos, centros de cultura para la clase obrera). (I: 188).

[En la propuesta de Tristán falta la organización política de la clase obrera. La emancipación se concibe en términos educativos y culturales; parece que se tratara de constituir una segunda ciudad, la obrera, en la ciudad capitalista. El abandono de la lucha contra el Estado capitalista vuelve impracticable esta propuesta (más allá de su impracticabilidad técnica - ¿quién administraría dicho fondo "universal" -). Sin embargo, la percepción del carácter internacional de la clase obrera, es decir, de la explotación capitalista, es un mérito enorme.]

Cole transcribe el resumen que hizo Tristán de sus propuestas (I: 188-189). Resulta significativo que no proponga la creación de un partido político y sí de un "defensor" elegido por los sindicatos obreros y pagado por ellos "a fin de que quede bien establecido que esta clase tiene su derecho de existencia, y que las demás clases aceptan este derecho" (I: 188; Cole cita aquí directamente el texto de Tristán). [La clase obrera no necesita validar su derecho a la existencia; el modo de producción capitalista exige la presencia de la clase trabajadora independientemente de los deseos de unos y otros. También es llamativo el empleo de una institución cuasi jurídica (el Defensor). En general, Tristán plantea la cuestión de la explotación capitalista en términos jurídicos, no políticos. El problema es que la apelación jurídica al defensor deja intacta (mejor dicho, fortalece) la estructura estatal. El Estado, órgano de dominación del conjunto de la clase capitalista, adquiere un carácter neutral si se adopta esta manera de abordar el tema.]

Respecto a la mujer, el resumen mencionado contiene: a) reconocimiento del derecho al trabajo para todos, hombres y mujeres; b) reconocimiento de la obligación de dar a las mujeres del pueblo educación moral, intelectual y técnica; c) "reconocer, en principio, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres como único medio de establecer la unidad humana." (I: 189; Cole cita directamente a Tristán). (3).

Tristán viajó por toda Francia para difundir su plan entre los clubes y asociaciones obreras. Murió de fiebre tifoidea en Burdeos (1844). (I: 190).

Buenos Aires, miércoles 28 de diciembre de 2011

NOTAS:

(1) Cole da una biografía de la vida de Flora Tristán en su libro (I: 186-190). Sus obras principales: Pérégrinations d'une paria (1838); Méphis (1838, novela); Promenade dans Londres (1840); Union ouvrière (1843).

(2) El tema de la emancipación de la mujer era un lugar vacante en el pensamiento socialista, con la excepción de Fourier.

(3) No le interesaba el derecho al voto, pues consideraba que la igualdad en el derecho al trabajo y la educación servirían para elevar la situación de las mujeres. (I: 190).

domingo, 25 de diciembre de 2011

LA CONCEPCIÓN MARXISTA DEL PROCESO HISTÓRICO: LA CUESTIÓN DE LA COMUNA RURAL RUSA




En el mundo académico y sus aledaños es casi un lugar común aludir al mentado determinismo económico de la teoría social de Karl Marx (1818-1883). Según esta opinión, Marx elaboró una teoría de la sociedad en la que el factor económico es el elemento que determina los cambios de todas las demás instancias sociales. Aplicada a la historia, esta supuesta concepción de Marx se traduce en el dominio de la teleología en el proceso histórico. En otras palabras, Marx habría postulado que toda la historia humana tiene como fin inevitable el comunismo, y que los acontecimientos históricos no son otra cosa que eslabones necesarios en el camino hacia la forma más elevada de organización social.

Como suele ocurrir en estos casos, la afirmación del pretendido determinismo económico de la teoría de Marx es aceptada sin mayor discusión, entre otras cosas porque buena parte del mundo académico huye tanto de las lecturas de primera mano de los clásicos como de los autores incómodos (que muchas veces son esos mismos clásicos). En el mejor de los casos, aquellos que todavía no se hallan contaminados del todo por las mañas universitarias recurren al prólogo de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política (1) para sostener la tesis del carácter determinista económico de la teoría de Marx.

En el prólogo de 1859 puede leerse el siguiente pasaje: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresistas de la formación económica de la sociedad.” (2). Esto es interpretado como una defensa del carácter lineal del proceso histórico, el cual recorrería siempre las mismas etapas en el mismo orden. Una consecuencia práctica de esta concepción consiste en la imposibilidad de que un país pueda saltar las etapas del proceso histórico, pasando directamente del feudalismo al socialismo, sin atravesar el estadio capitalista. De modo que los partidos socialistas en los países subdesarrollados estaban obligados a apoyar el fortalecimiento de las relaciones capitalistas, y sólo después de que éstas hubieran alcanzado un estadio desarrollado podía pasarse a la lucha por el socialismo. Esta concepción supone, por tanto, que los socialistas están obligados a adoptar una posición pasiva frente a la historia.

Sin embargo, la afirmación de que Marx defiende una posición determinista y teleológica acerca del proceso histórico resulta inaceptable a partir de la lectura de sus escritos. En esta nota no voy a detenerme en un examen del sentido del pasaje citado del prólogo, sino que expondré el planteo de Marx frente a la situación de la comuna rural rusa (mir) en el último tercio del siglo XIX, pues constituye una verdadera piedra de toque para comprender la forma en que concebía al desarrollo histórico. El examen de la posición de Marx frente al papel de la comunidad campesina en Rusia permite cuestionar también la interpretación del sentido común académico. Marx plantea el carácter esencialmente político de toda reflexión teórico, aspecto ignorado en el imaginario académico. Como veremos, la discusión en torno al carácter y a las posibilidades de desarrollo de la comunidad campesina en Rusia tiene sentido en función de la revolución en Rusia en particular y en Europa en general.

Ante todo, un poco de historia. Vera Zasúlich (1849-1919) era una revolucionaria rusa que militaba en las filas del populismo (3) y que se encontraba exiliada en Suiza. A principios de la década de 1880 un debate sacudía las filas del movimiento revolucionario ruso. Los populistas sostenían que Rusia podía pasar directamente al socialismo sin tener que experimentar una etapa capitalista gracias a la existencia de la comunidad campesina, que constituía la base para el establecimiento de una forma social más avanzada que el capitalismo. En cambio, varios lectores rusos de El capital postulaban que Rusia tenía que pasar obligatoriamente por una etapa capitalista antes de poder pensar en luchar por la instauración del socialismo. En este contexto, Zasúlich se dirigió por carta a Marx para pedirle su opinión sobre las posibilidades revolucionarias de la comunidad campesina.

En la carta de Zasúlich, fechada en Ginebra el 16 de febrero de 1881, la cuestión se plantea en estos términos:

“Ésta es cuestión de vida o muerte (…) principalmente para nuestro partido socialista. Sea como quiera, de usted depende en esta cuestión incluso el destino personal de nuestros socialistas revolucionarios. Una de dos: o bien esta comuna rural, libre de las exigencias desmesuradas del fisco, de los pagos a los señores de la administración arbitraria, es capaz de desarrollarse por la vía socialista, o sea de organizar poco a poco su producción y su distribución de los productos sobre las bases colectivistas, en cuyo caso el socialismo revolucionario debe sacrificar todas sus fuerzas a la manumisión de la comuna y a su desarrollo.

O si, por el contrario, la comuna está destinada a perecer no queda al socialista, como tal, sino ponerse a hacer cálculos, más o menos mal fundados, para averiguar dentro de cuántos decenios pasará la tierra del campesino ruso de las manos de éste a las de la burguesía y dentro de cuántos siglos, quizá, tendrá el capitalismo en Rusia un desarrollo semejante al de Europa occidental. Entonces deberán hacer su propaganda tan sólo entre los trabajadores de las ciudades, quienes continuamente se verán anegados en la masa de los campesinos que, a consecuencia de la disolución de la comuna, se encontrarán en la calle, en las grandes ciudades, buscando un salario.

En los últimos tiempos hemos solido oír que la comuna rural es una forma arcaica que la historia, el socialismo científico, en una palabra, todo cuanto hay de indiscutible, condenan a perecer. Las gentes que predican esto se llaman discípulos por excelencia de usted: «marxistas». El más ´poderoso de sus argumentos suele ser: «Lo dice Marx». (…)

Comprenderá entonces, ciudadano, hasta qué punto nos interesa su opinión al respecto y el gran servicio que nos prestaría exponiendo sus ideas acerca del posible destino de nuestra comunidad rural y de la teoría de la necesidad histórica para todos los países del mundo de pasar por todas las fases de la producción capitalista.” (4)

Marx se hallaba profundamente interesado en la evolución de la economía rural de Rusia. Luego de la publicación del Libro Primero de El capital (1867) se había concentrado en el estudio de la agricultura rusa, pues consideraba imprescindible realizar esta tarea para poder completar los libros siguientes de El capital. En su opinión, la evolución de la agricultura rusa cumpliría el mismo papel en la exposición que el papel jugado por la historia del desarrollo de la industria inglesa en el Libro Primero. Además, Marx y Engels seguían las acciones del movimiento revolucionario ruso en la década de 1870. La consulta de Zasúlich se ligaba, por tanto, con un tema de gran importancia para Marx y Engels.

Marx, cuya capacidad de trabajo se encontraba mellada por el agotamiento y la enfermedad, dedicó gran atención al requerimiento de Zasúlich. De hecho, preparó varios borradores antes de escribir el texto definitivo de su respuesta a la revolucionaria rusa. (5).

En su respuesta, Marx se preocupa por disipar la idea de que en El capital se encuentra una teoría lineal y teleológica del proceso histórico. A continuación transcribo los pasajes más significativos:

“Analizando la génesis de la producción capitalista digo:

En el fondo del sistema capitalista está, pues, la separación radical entre productor y medios de producción…la base de toda esta evolución es la expropiación de los campesinos. Todavía no se ha realizado de una manera radical más que en Inglaterra…Pero todos los demás países de Europa occidental van por el mismo camino. (El capital, edición francesa, p. 316).

La «fatalidad histórica» de este movimiento está, pues, expresamente restringida a los países de Europa occidental. El porqué de esta restricción está indicado en este pasaje del capítulo XXXII:

La propiedad privada, fundada en el trabajo personal…va a ser suplantada por la propiedad privada capitalista, fundada en la explotación del trabajo de otros, en el sistema asalariado. (loc. cit., p. 340).

En este movimiento occidental se trata, pues, de la transformación de una forma de propiedad privada en otra forma de propiedad privada. Entre los campesinos rusos, por el contrario, habría que transformar su propiedad común en propiedad privada.

El análisis presentado en El capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia, mas para que funcionar como tal será preciso eliminar primeramente las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación asegurarle las condiciones normales para un desarrollo espontáneo.” (6).

Marx se preocupa por aclarar que en El capital se esbozan las líneas generales de una forma específica de transición del feudalismo al capitalismo, es decir, la variante experimentada en Europa occidental. De ningún modo se trata de postular la validez universal de dicha forma de transición. En todo caso, Marx indica que el carácter de la transición depende de las formas sociales preexistentes al capitalismo. En los borradores de la carta a Zasúlich se encuentra un desarrollo más preciso de esta idea:

“Desde el punto de vista histórico, el único argumento serio aducido en favor de la fatal disolución de la comuna de los campesinos rusos es éste:

Remontándonos mucho, por todas partes hallamos en Europa occidental la propiedad común de un tipo más o menos arcaico; de todas partes ha desaparecido con el progreso social. ¿Por qué no habría de ocurrir lo mismo, exclusivamente, en Rusia?
Respondo: porque en Rusia, gracias a una excepcional combinación de circunstancias, la comuna rural, establecida todavía en escala nacional, puede irse desprendiendo de sus caracteres primitivos y desarrollarse directamente como elemento de la producción colectiva en escala nacional. Es precisamente gracias a la contemporaneidad de la producción capitalista como puede apropiarse de todas sus adquisiciones positivas y sin pasar por sus peripecias (terribles) espantosas. Rusia no vive aislada del mundo moderno; y tampoco es presa de un conquistador extranjero como en las Indias orientales.

Si los rusos que gustan del sistema capitalista negaran la posibilidad teórica de semejante evolución, yo les plantearía esta cuestión: Para explotar las máquinas, los navíos de vapor, los ferrocarriles, etc., ¿se vio obligada Rusia a hacer como el Occidente, a pasar por un largo período de incubación de la industria mecánica? Que me expliquen además cómo han hecho para introducir en su país en un abrir y cerrar de ojos todo el mecanismo de los intercambios (bancos, sociedades de crédito, etc.) cuya elaboración costó siglos a Occidente.

(…) Otra circunstancia favorable a la conservación de la comuna rusa (por la vía del desarrollo) es que no sólo es contemporánea de la producción capitalista (en los países occidentales) sin que ha sobrevivido además a la época en que el sistema social se presentaba todavía intacto y que en cambio lo halla, en Europa occidental como en Estados Unidos, en lucha tanto contra la ciencia como contras las masas populares, y con las fuerzas productivas que engendra (…) Lo halla, en una palabra, en una crisis que sólo terminará con su eliminación, con la vuelta de las sociedades modernas al tipo «arcaico» de la propiedad común…” (7)

Como puede verse, la concepción marxista del proceso histórico es mucho más compleja que la postulada por sus intérpretes académicos. En la extensa cita que precede a este párrafo pueden destacarse un par de aspectos, los cuales tendrán que ser desarrollados en futuras notas. En primer lugar, Marx esboza los lineamientos básicos de una teoría del desarrollo desigual y combinado del capitalismo. El modo de producción capitalista se caracteriza por la coexistencia de relaciones sociales propias de otros modos de producción y que han sido incorporadas al capitalismo cuando se produjo la expansión de éste. Por lo tanto, el análisis del capitalismo deberá tener en cuenta, de manera obligada, los elementos pertenecientes a otros modos de producción y la forma en que los mismos se reconfiguran al insertarse en las relaciones sociales capitalistas. Pero, además, la persistencia de relaciones sociales propias de otras formas de sociedad acarrea también una reconfiguración del capitalismo, cuyo desarrollo adopta una forma peculiar debido a la combinación de relaciones sociales diversas. Es precisamente por esto que no puede hablarse de un desarrollo lineal ni del capitalismo en particular ni del proceso histórico en general. Sin perder de vista su carácter capitalista genérico, el capitalismo ruso posee una configuración particular, que incluye a la comuna rural y su desarrollo se ve condicionado por la persistencia de ésta.

En segundo lugar, y en estrecha relación con el punto anterior, la posibilidad de que la comunidad rural sea una base para el socialismo en Rusia es una cuestión que no se resuelve en el plano teórico (“la inexorabilidad del triunfo de las relaciones capitalistas”), sino que se dirime en el plano de la lucha de clases, entendiendo, por otra parte, que éstas se dan tanto en el plano nacional (la sociedad rusa) como en el plano internacional (el movimiento obrero en Europa occidental). En este sentido, son significativas las observaciones respecto a la contemporaneidad de la comuna rural y del socialismo occidental. Según Marx, la existencia de un proyecto socialista en Europa occidental, que supone la propuesta de un programa social alternativo al capitalista, potencia y transforma el significado mismo de la comunidad rural, que deja de ser una supervivencia “arcaica” y pasa a ser vista como una palanca para la instauración de formas socialistas de propiedad en el campo. Dicho en otros términos, Marx adhiere a una concepción dialéctica y no lineal del tiempo histórico, según la cual cada momento del proceso supone la existencia de diversas alternativas de desarrollo, siendo la elección de alguna de ellas una función de la capacidad de las distintas fuerzas sociales en conflicto. El tiempo histórico está, por tanto, pautado por la lucha de clases, asumiendo, claro está, que esa lucha de clases no es pura voluntad sino que se da en un marco en el que las opciones disponible son siempre limitadas y que esa limitación es el resultado del desarrollo de las fuerzas productivas.


Buenos Aires, domingo 25 de diciembre de 2011

NOTAS:
(1) Este prólogo fue escrito por Marx en Londres en enero de 1859 para la 1° edición de la Contribución a la crítica de la economía política. Dicha obra fue concebida como la primera parte de El capital, según se desprende de lo dicho por Marx en el prólogo: “Consideraré el sistema de la economía burguesa en la siguiente secuencia: el capital, la propiedad de la tierra, el trabajo asalariado; el estado, el comercio exterior, el mercado mundial. Bajo los tres primeros investigaré las condiciones económicas de vida de las tres grandes clases en las que se divide la sociedad burguesa moderna; la relación entre los otros tres rubros salta a la vista. La primera sección del primer libro, que trata del capital, consta de los siguientes capítulos: 1] la mercancía; 2] el dinero o la circulación simple; 3] el capital en general. Los dos primeros capítulos constituyen el contenido del presente fascículo.” (p. 3). En este marco, el prólogo fue concebido por Marx como una presentación sumamente resumida de su teoría de la sociedad, cuyo objetivo principal era situar correctamente sus estudios económicos dentro del contexto general de sus investigaciones. Hay que recordar que Marx era, para esta época, casi un desconocido en el mundo intelectual, a excepción de los grupos de alemanes exiliados en Inglaterra. La cita del prólogo ha sido tomada de: Marx, Karl. (2000). Contribución a la crítica de la economía política. México: Siglo XXI. (pp. 1-7)
(2) Marx (2000: 5)
(3) El populismo ruso sostenía que el pueblo (básicamente los campesinos) era el sujeto capaz de regenerar a la sociedad rusa, pues en él se encarnaban las mejores virtudes de ésta. Sin entrar a discutir aquí las profundas diferencias al interior del populismo, puede decirse que los populistas tenían en común la defensa de la comunidad campesina, a la que consideraban como la portadora de los gérmenes de una organización social más avanzada que el capitalismo occidental, individualista y egoísta. De ahí la polémica con algunos de los lectores de El capital en Rusia, quienes sostenían que la comunidad rural estaba destinada a desaparecer, pues esto era una ley del proceso histórico.
(4) El texto completo de la carta de Zasúlich a Marx está publicado en: Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1980). Escritos sobre Rusia: II. El porvenir de la comuna rural rusa. México D. F.: Pasado y Presente. (pp. 29-30).
(5) Los borradores de Marx están publicados en Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1980). Escritos sobre Rusia: II. El porvenir de la comuna rural rusa. México D. F.: Pasado y Presente. (pp. 31-59). La respuesta de Marx a Zasúlich, fechada en Londres el 8 de marzo de 1881, también se encuentra en dicha obra (pp. 60-61).
(6) Marx y Engels (1980: 60-61)
(7) Marx y Engels (1980: 32-33)




viernes, 23 de diciembre de 2011

HISTORIA DEL MOVIMIENTO SOCIALISTA (23): CONSTANTIN PECQUEUR (1801-1887)

Esta nota es la continuación de:http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/06/historia-del-movimiento-socialista.html

El índice de esta serie de notas se encuentra disponible en: http://miseriadelasociologia.blogspot.com/2011/06/historia-del-movimiento-socialista.html

Aclaración previa. Todas las citas provienen, salvo indicación en contrario, de: Cole, G. H. D. (1980). Historia del pensamiento socialista. I: Los precursores, 1789-1850. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. La traducción es de Rubén Landa. En números romanos indico el número de volumen, y en arábigos la página.

37. Constantin PECQUEUR (1801-1887) (1)

Fue uno de los primeros teóricos socialistas en formular un programa colectivista. Estuvo influido por los sansimonianos y por la filosofía social de bases cristianas. Conocedor de la economía clásica, “Pecqueur se daba cuenta también de que la Revolución Industrial significaba un rápido desarrollo de las empresas en gran escala, lo que suponía el uso de máquinas costosas, y que los obreros no estaban en situación de adquirirlas mediante métodos voluntarios de ayuda propia. Por esto pensó en el Estado, para que se encargase de toda la producción, siendo el dueño y gerente de la industria, de tal modo que sus obreros se convertirían en empleados del Estado.” (I: 182). [La primera parte de esta cita es indiscutible y constituye un argumento muy fuerte contra las tentativas de instaurar un socialismo de base artesanal o de desarrollar un sistema de cooperativas de producción sobre la base de las contribuciones de los trabajadores. El socialismo es imposible sin la ciencia y la tecnología modernas (una verdad de Perogrullo), y éstas sólo pueden ser apropiadas materialmente por los obreros mediante la Revolución. Pecqueur, sin querer, pone el eje en el problema político de la conquista del Estado. El Estado actual aparece como capitalista colectivo, esto es, representa los intereses generales de la clase capitalista (que, para estar bien representados, deben incluir a las clases subalternas – es decir, domesticarlas, incluirlas dentro de la lógica del modo de producción capitalista -). Sólo puede aceptar asumir el control de la producción a favor de los trabajadores si, previamente, la clase obrera ha desplazado a la burguesía. En otras palabras, se requiere la revolución. Ahora bien, la clase obrera puede construir el socialismo si se organiza autónomamente, si toma efectivamente en sus manos la dirección del proceso productivo. Desde el punto de vista de la construcción del socialismo, el Estado juega el papel de condición negativa. Hay que conquistarlo para poder quebrar la dominación de los capitalistas, pero no puede desempeñar el rol de palanca, de director de la producción, sin poner en entredicho el socialismo. El rol positivo tiene que ser jugado por los trabajadores. Volviendo a Pecqueur, no debe olvidarse que el sansimonismo fue expresión de la clase empresarial en ascenso.]

“Describe la sociedad burguesa contemporánea y su evolución relacionándola con el proceso de avance tecnológico; hace resaltar el factor de la acumulación de capital y su administración en relación con el crecimiento del proletariado moderno; y mostró como este desarrollo ha originado una nueva estructura de clases, lo cual va acompañado de conciencia de clase y del fenómeno de la lucha entre la burguesía y el proletariado.” (I: 183). [La estructura de clases se funda en el proceso productivo. La lucha de clases se sustenta allí. Este es el hecho político fundamental.]

La matriz cristiana del pensamiento de Pecqueur se manifiesta en su concepción de los medios para instaurar la nueva organización social; rechaza la lucha de clases y prefiere recurrir a la ética, basada en la justicia y en los principios cristianos.” (I: 183). [En la sociedad capitalista, los trabajadores luchan por sus intereses, no por principios. Pensar que en una sociedad centrada en la producción mercantil las masas pueden adoptar pautas de conducta “virginales” es una utopía de la peor especie.]

“Pecqueur se apartó de la escuela sansimoniana, sobre todo a causa de su creencia en la democracia. Rechazó la idea sansimoniana de una sociedad industrial administrada y dirigida por ingenieros, e insistía en que los técnicos debían manejar los instrumentos de producción bajo un control democrático.” (I: 184).

Respecto a la teoría del valor-trabajo: consideró que era aplicable a los intercambios económicos de una sociedad socialista, pero no para la sociedad c).apitalista. (I: 184)

En 1848 Louis Blanc (1811-1882) lo llamó a colaborar en los trabajos de la Comisión del Luxemburgo. Junto a su seguidor Francois Vidal (1814-1872), participó en la redacción de los informes. (I: 182). Luego de la derrota de la Revolución de 1848 su influencia decayó rápidamente; se mantuvo apartado tanto de los marxistas como de los proudhonistas. (I: 184-185).

Buenos Aires, viernes 23 de diciembre de 2011

NOTAS:

(1) Sus obras principales: Economie sociale (1839); Traité des améliorationes matérielles (1839); Théorie nouvelle d’économie sociale et politique (1842); De la Paix, de son principle et de sa realisation (1842). (I: 328).