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martes, 3 de febrero de 2026

UN MOMENTO DE JÚBILO: EL PRÓLOGO A LA EDICIÓN DE 1890 DEL MANIFIESTO COMUNISTA

 

Movilización por el 1° de Mayo


Ariel Mayo (ISP Dr. Joaquín V. González / UNSAM)

En 1889 se constituyó la Segunda Internacional, organización que agrupaba a partidos socialistas y organizaciones obreras de Europa y América. A diferencia de su antecesora, la Primera Internacional (1864-1876), la Segunda Internacional tenía mayoría de organizaciones partidarias. En el  período posterior a la disolución de la Primera Internacional, la expansión de las relaciones capitalistas fue acompañada por un incremento sustancial del número de trabajadores asalariados. A pesar de la represión y de las persecuciones estatales, muchos militantes socialistas compartían la certeza de que el futuro era socialista y no capitalista. La principal razón que apoyaba esa certeza era, precisamente, el incremento de las organizaciones obreras y socialistas. Los partidos y los sindicatos crecían y los gobiernos se veían obligados, más tarde o más temprano, a reconocerlos, a aceptar su participación en las contiendas electorales, a extender el derecho del sufragio y aprobar leyes a favor de los trabajadores. El espíritu del optimismo, tantas veces engañoso, flotaba en el ambiente. En ese marco se fundó la Segunda Internacional y en la ciudad de Londres, un militante de casi 70 años de edad, Friedrich Engels, redactaba el prólogo a una nueva edición alemana del MC.

En sí, el prólogo a la edición alemana de 1890, fechado en Londres el 1° de mayo de 1890, sigue casi al pie de la letra el prólogo anterior, redactado por Engels para la edición inglesa de 1888. No contiene, por tanto, nada novedoso (por lo menos para los lectores del prólogo de 1888). Lo más significativo del texto es el entusiasmo de Engels, ese viejo (según los parámetros de la época) casi septuagenario, ante el crecimiento notable del socialismo marxista, que se había vuelto hegemónico en las filas del movimiento socialista (por cierto, no es este el lugar para analizar cuán profundo era el arraigo de la teoría marxista de la sociedad en los partidos socialistas). Ese entusiasmo se advierte en dos cuestiones: su descripción de la multiplicación de las ediciones del MC; su frase final, en tono casi de tango, dedicada a su amigo muerto: “¡Ojalá estuviera Marx todavía a mi lado para ver esto con sus propios ojos!” (p. 118).

La estructura del prólogo es sencilla y puede dividirse en tres partes: a) la historia de las ediciones del  MC desde la edición alemana de 1883 (pp. 114-115); b) la explicación del uso del término comunista en vez de socialista (pp. 110-111); c) la explicitación del núcleo teórico del MC.

Abreviaturas:

MC= Manifiesto del partido comunista

Noticia para bibliófilos desesperados:

Engels, F. (2000). Prólogo a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista. En K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista (pp. 114-118). Madrid, España: Biblioteca Nueva. Traducción de Jacobo Muñoz.


Engels escribe: “El Manifiesto ha tenido una vida propia.” (p. 115) Aquí no hay nada nuevo bajo el Sol, pues es lo que suele suceder con los libros, que se independizan de sus autores. Sin embargo, la frase de Engels sugiere la mezcla de asombro y entusiasmo ante la difusión de una obra que comenzó siendo casi ignorada en sus orígenes: “En el momento de su aparición fue saludado con entusiasmo por la vanguardia, poco numerosa aún por entonces, del socialismo científico (como lo prueban las traducciones citadas en el primer prólogo), pero pronto quedó relegado a un plano secundario en virtud de la reacción que se inició con la derrota de los obreros de París en junio de 1848, para ser finalmente proscrito «de derecho» a consecuencia de la condena de los comunistas de Colonia, en noviembre de 1852.” (p. 115)

En el período de las revoluciones de 1848, el MC ocupó un lugar muy marginal en las elaboraciones teóricas de los revolucionarios. En cambio, hacia 1887 “el socialismo continental no era ya prácticamente otra cosa que la teoría que se proclama en el Manifiesto.” (p. 117).

Engels sigue aquí los lineamientos del ya mencionado prólogo de 1888 en lo que hace a la historia del MC. Hay dos aspectos relevantes: en primer término, la afirmación de que la versión marxista del socialismo se había vuelto dominante a mediados de la década de 1880 y que esa hegemonía fue el producto del carácter científico de la teoría de Marx. En segundo lugar, el deleite casi infantil con el que Engels enumera las ediciones del MC.

También retoma el argumento al prólogo a la edición inglesa de 1888 en lo que hace a la cuestión de la adopción del término comunista en vez de socialista: “cuando fue escrito no hubiéramos podido llamarlo un manifiesto socialista. En 1847 se entendía como socialistas, por una parte, a los partidarios de los diversos sistemas utópicos: los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que se han visto reducidos ya unos y otros a meras sectas en paulatina extinción; por otra, a los más variados charlatanes sociales que prometían eliminar las lacras sociales con toda suerte de panaceas que no ofrecían el menor peligro para el capital ni para las ganancias. En ambos casos se trataba de gentes situadas fuera del movimiento obrero y que buscaban más bien apoyo entre las clases «ilustradas». La parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de transformaciones meramente políticas y postulaba la necesidad de una transformación total de la sociedad, se llamaba entonces comunista. Se trataba aún de una forma rudimentaria, tosca, puramente instintiva de comunismo; pero acertó en el punto cardinal y fue lo suficientemente fuerte dentro de la clase obrera como para engendrar el comunismo utópico” (p. 110)

Engels cierra el prólogo con la alusión a la celebración del 1° de mayo:

“Actualmente, mientras escribo estas líneas, el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas movilizadas por vez primera, movilizadas como un ejército, bajo una bandera y por un objetivo inmediato: la jornada laboral normal de ocho horas, proclamada ya por el Congreso de la Internacional de Ginebra de 1866 y, nuevamente, por el Congreso de Trabajadores de París de 1889, y que debe ser legalmente determinada. Y el espectáculo del día de hoy abrirá a los capitalistas y terratenientes de todos los países los ojos sobre el hecho de que actualmente los proletarios de todos los países están efectivamente unidos.” (p. 118)

“Actualmente, mientras escribo estas líneas, el proletariado europeo y americano pasa revista a sus fuerzas movilizadas por vez primera, movilizadas como un ejército, bajo una bandera y por un objetivo inmediato: la jornada laboral normal de ocho horas, proclamada ya por el Congreso de la Internacional de Ginebra de 1866 y, nuevamente, por el Congreso de Trabajadores de París de 1889, y que debe ser legalmente determinada. Y el espectáculo del día de hoy abrirá a los capitalistas y terratenientes de todos los países los ojos sobre el hecho de que actualmente los proletarios de todos los países están efectivamente unidos.” (p. 118)

En 1848 la primera edición del MC fue testigo de la “primavera de los pueblos”. En 1890 el MC contempló la primera celebración internacional del 1° de Mayo. Más allá del devenir posterior del movimiento socialista y de las ilusiones perdidas, no cabe duda de que Engels pudo vivir, al final del camino, un momento que daba sentido a su vida. No es poca cosa, por cierto.

Balvanera, martes 3 de febrero de 2026

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